Junto al mar

Una de las zonas costeras de Palma que más me gustan es el paseo situado junto al mar en es Coll den Rabassa, muy cerca ya de es Carnatge. Años atrás, cuando era mucho más joven, solía recorrerlo con una cierta frecuencia, sobre todo al anochecer, y cuando pienso en esa época de mi vida, sé que ese es uno de los recuerdos más hermosos que guardo y que seguramente guardaré nunca, porque creo que pocas cosas puede haber en nuestras vidas más agradables y valiosas que poder pasear y poder meditar en libertad, ya sea solo o quizás a veces también en compañía. “Era el mejor de los tiempos y el peor; la edad de la sabiduría y la de la locura; la época de la fe y la época de la incredulidad; la estación de la luz y la de las tinieblas; era la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación; todo se nos ofrecía como nuestro y no teníamos absolutamente nada”. Así empieza la extraordinaria novela Historia de dos ciudades, del maestro Charles Dickens, y aunque la época de que habla es la Inglaterra y la Francia de finales del siglo XVIII, poco antes del inicio de la Revolución Francesa, pienso que esa afirmación inicial podría valer casi para cualquier persona, cualquier nación o cualquier época, incluida quizás también la época de nuestra primera juventud y la que estamos viviendo también ahora. De vez en cuando, he vuelto a pasear de nuevo por es Coll den Rabassa, cerca de es Carnatge, al anochecer, igual que hacía antes, y me sigue gustando hacerlo como lo hacía años atrás, contemplando las hermosas casas y fincas situadas en primera línea y pensando en cómo será quizás la vida de quienes las habitan, observando otras zonas de la ciudad igualmente muy bien iluminadas de noche, mirando tal vez un barco que surca el mar o un avión que surca el cielo, y sentándome de vez en cuando en algún banco para descansar -ahora un poco más que antes-, o charlando con algún amigo y recordando otras épocas de nuestras respectivas vidas que ya nunca volverán, aquellas en que también convivían la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación, atemperadas una y otra, quizás, por el otoño de la dulzura y de la melancolía, que es la estación en la que también ahora sigo viviendo durante casi todo el año, durante casi todos los meses, semanas, horas, instantes, momentos y días.

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06 2010

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  1. loli #
    1

    Pep al igual que a ti me gusta mucho pasear por allí al atardecer,disfrutar de esa vista maravillosa de la costa, contemplar las luces reflejadas en el mar mientras esa brisa fresca me invita a seguir paseando.Tenemos la suerte que las distancias no son largas y podemos escoger diferentes puntos de la isla que son estupendos.Un saludo amigo,hasta pronto.