El día perfecto

Una de las conversaciones cotidianas más habituales de los lunes, y a veces también de algún martes, suele ser la de preguntar a la persona con la que estamos hablando que qué tal le ha ido el fin de semana, centrando nuestro interés normalmente en la jornada del domingo. En estos casos, nada nos suele gustar más que poder oír de nuestro interlocutor o interlocutora esta frase llena de dicha o de satisfacción: “Oh, ayer fue un día realmente perfecto”. El siguiente paso por nuestra parte suele ser entonces el de preguntar la causa o las causas concretas que motivaron que ese día haya merecido la altísima e insuperable calificación de “perfecto”. Y la verdad es que las respuestas que podemos escuchar a partir de ese momento pueden llegar a ser muy variadas, y en algunos casos incluso realmente sorprendentes. Cuando alguien nos dice que disfrutó de un día “perfecto”, puede querer decirnos, por ejemplo, que ganó su maravilloso equipo de fútbol, o que perdió el que es considerado como su eterno y desagradable rival, o también que hizo sol, o que llovió suavemente, o que nuestro contertulio disfrutó de un día de mar o de montaña, o que prácticamente no salió de su habitación, o que pudo estar por fin a solas con la persona que ama, o que pasó toda la jornada en absoluta y radical soledad. Un día “perfecto” puede ser también aquel en el que un familiar o una persona amiga no sintió ningún tipo de molestia física o de dolor, ni tampoco de angustia o de tristeza, o un día en el que pudo dormir bien, o en el que practicó sus aficiones preferidas, o en el que no hizo -literalmente- absolutamente nada. Y aunque lo habitual es que la mayor parte de estas cosas puedan ocurrirnos un sábado o un domingo, también puede haber días “perfectos” entre semana, aunque normalmente suelan ser un poco menos habituales. Un día “perfecto” entre el lunes y el viernes puede ser, por ejemplo, un día en que nuestro jefe se encuentra de vacaciones, o en el que nuestro querido presidente José Luis Rodríguez Zapatero no ha metido de nuevo la pata en algo, o un día en el que hemos constatado por fin un ingreso en nuestra libreta de ahorros o en nuestra cuenta corriente, o en el que nos hemos sentido de nuevo con ilusión, o con esperanza, o con ganas de hacer cosas. El día “perfecto” puede ser también en algunos casos un posible o hipotético día futuro, un día querido o soñado, un día en el que intuimos que algo cambiará profundamente en nuestras vidas a nivel personal, laboral o económico, un día que quizás, para algunas personas, nunca fue posible, o, tal vez, aún no ha llegado.

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06 2010

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  1. liliana #
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    O también el día aquel en que te reencontré con tus duendes,Josep maria Aguiló…Estos duendes que siempre han sido mis amuletos y que un día descubrí de tu mano en una columna del diario…a los que me iba cada día a leer ,café de por medio.Te busqué por la red.Encontré tus libros y el librero de aqui me miró con cara rara cuando le encargué 3.demás está decir que en esta Menorca tienes una fanática.Los duendes,haciendo de las suyas,un día te evaporaron del diario…pero su travesura no duró mucho.Y buscando,buscando,te reencontré aquel día perfecto.
    La perfección,a veces,también pasa por el placer de leerte…Gracias!