De París a Maó

Las incontenibles lágrimas de Rafa Nadal después de ganar ayer su quinto título de Roland Garros creo que ejemplifican, mejor que cualquier posible explicación o análisis que pudiéramos hacer, lo extremadamente duro que sin duda ha sido el último año para el gran tenista mallorquín. Por ello, yo creo que si con cada triunfo suyo todos nos hemos alegrado siempre, estoy seguro de que ayer nuestra alegría fue aún mucho mayor cuando vimos que el difícil reto que Rafa Nadal se había puesto a sí mismo al empezar una nueva edición de Roland Garros -llegar este año a la final y ganarla-, había sido superado finalmente con un éxito absoluto. Esa gran alegría personal que experimentamos quienes hemos nacido en Mallorca o trabajamos y residimos en ella, se complementó con la que horas más tarde sentimos como isleños cuando el ViveMenorca consumó su regreso a la ACB, después de un último año también realmente muy complejo y difícil para el club de baloncesto menorquín. París era ayer una fiesta, como lo era también Maó. Por unas horas, conseguimos dejar un poco atrás la actual dura realidad política, económica y social de nuestro país, últimamente muy poco propensa o propicia a las buenas noticias, excepto, curiosamente, en el cada vez más competitivo y al mismo tiempo igualado mundo del deporte. Como siempre me alegro de las victorias o de los ascensos de nuestros representantes, la verdad es que me alegré también mucho hace dos semanas cuando vi cómo el Atlètic Balears ascendía de una forma justa y yo diría que casi heroica a Segunda B, a pesar de que mi equipo de toda la vida es el Real Mallorca, que este año hizo también, como todos sabemos, una temporada realmente fantástica, con el colofón de nuestra próxima participación en la UEFA Europa League. A pocos días de que empiece el Mundial de Fútbol en Sudáfrica, es aún una incógnita saber cuál puede ser el papel que hará nuestra selección en este gran acontecimiento deportivo, a pesar de que este año parece que soñamos más que nunca con la posibilidad de poder llegar a la final y ganarla. Ojalá la selección española nos dé también una alegría, ojalá acabemos esta vez con la fatalidad y la mala suerte de todos los mundiales anteriores. Ojalá sea así, pero si finalmente no lo fuera, yo creo que este año ya habrá valido la pena deportivamente, al menos, como mínimo, por lo que respecta al mes de junio, gracias al ascenso del ViveMenorca y al nuevo título de Rafa Nadal en Roland Garros. O como diría el maestro Juan Pedro Quiñonero en ABC, parafraseando a Humphrey Bogart y a Ingrid Bergman en la mítica Casablanca, siempre nos quedará París.

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07

06 2010

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