Bauzá y Antich en ‘La dimensión desconocida’

Al inicio de la primera temporada de la mítica serie de televisión norteamericana La dimensión desconocida, creada por el gran Rod Serling, una voz en off nos decía siempre: “Al igual que el crepúsculo que existe entre la luz y la sombra, hay en la mente una zona desconocida en la cual todo es posible. Todo es posible en el reinado de la mente, todo es posible en… la dimensión desconocida”. Más adelante, la introducción a cada capítulo cambiaría, y pasaría a ser ésta: “Estamos viajando hacia una dimensión distinta a la del mundo de la visión y del sonido, el reino sorprendente de la imaginación donde todo es posible… la dimensión desconocida”. Además, la serie empezaría a contar desde entonces con esa inconfundible melodía que ha quedado ya para siempre guardada en la memoria de varias generaciones de televidentes –Tinonino, tinonino, tinonino…-, y que a mí me gusta volver a tararear muy suavemente cuando he escuchado o he visto algo que efectivamente parece salirse de los límites de la razón o de la realidad para entrar directamente en el terreno de lo oculto o de lo misterioso. Así me ocurrió por dos veces esta misma semana, primero, cuando escuché a nuestro querido presidente del Govern, el socialista Francesc Antich, pidiendo a nuestro querido presidente del PP balear, José Ramón Bauzá, que entre “de una vez” en el Parlament para liderar “de verdad” su partido. Y segundo, cuando Bauzá le replicó días después lo siguiente: “Es normal que el señor Antich no me vea, porque mientras yo estoy pensando en el futuro, él es el pasado”. Antich no ve a Bauzá, Bauzá no ve a Antich, uno sería el futuro, el otro sería el pasado… ¿Qué ocurre entonces con el presente?, ¿no hay nadie en él?, ¿quién nos gobierna entonces y quién lidera la oposición?, ¿y qué ocurre con los ciudadanos que podemos ver u oír a Antich y a Bauzá al mismo tiempo?, ¿somos entonces como el niño de El sexto sentido o más bien como los protagonistas de Los otros? Comprenderán que lleve ya varios días sin poder dormir, aunque desde hace ya varios meses no dormía tampoco muy bien, porque en estos últimos años han pasado tantas cosas en nuestra Comunidad, que creo que darían para varios capítulos, o incluso tal vez para una temporada entera, de La dimensión desconocida. Una caja de Cola-Cao enterrada en un jardín y llena de dinero, un velódromo en cuyo exterior aparece a varias decenas de metros un ascensor que no comunica con nada, una reforma de un piso que vale casi más que la compra de un palacio entero, una persona que gastaba cientos de miles de euros porque no sabía decir que “no”, un pacto de gobierno que se rompía, se recomponía y se volvía a romper, la continua aparición de partidos nacionalistas y de partidos de izquierdas cuando en otros lugares no salen o desaparecen, la multiplicación casi sin límite de altos cargos y su reducción en el mismo sentido en menos de una legislatura, sobres que van y vienen llenos de dinero, votos que son vendidos y comprados al mismo tiempo… Ay, ojalá todo esto fuera en realidad sólo fruto de nuestra mente o de nuestra imaginación, y, en cambio, Antich y Bauzá pudieran verse ya en el presente, aunque fuese sólo en el único lugar en donde todo es siempre posible, incluido también lo bueno, la dimensión desconocida.

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06 2010

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