A los que aman

A veces, escuchando o leyendo con atención las opiniones de determinados analistas, columnistas, políticos o compañeros de profesión especialmente virulentos e intolerantes, pienso, con un cierto miedo, que lo que pretenden con sus palabras es buscar el apoyo y el aplauso incondicional de quienes son un poco como ellos mismos, lo que significa que sus palabras van dirigidas esencialmente a quienes prefieren también insultar, gritar u ofender antes que razonar, a quienes nunca dudan, a quienes se dejan llevar siempre por sus prejuicios, a quienes no escuchan, a quienes odian, en la creencia o en el deseo de que puedan ser muchísimos en número, acaso la mayoría, aunque, por fortuna, creo sinceramente que en nuestro país aún no lo son… y que no llegarán a serlo nunca. Para poder escapar un poco de todo ese ruido mediático, el arte suele ser normalmente un muy buen refugio, porque, salvo algunas pequeñas excepciones, la música, la literatura o el cine parecen ir siempre en una dirección opuesta, en la de la razón, el sentimiento, la serenidad, la dicha, la vida o los misteriosos misterios del corazón. ¿Un ejemplo? Ayer al mediodía estaba un poco tristón -más tristón de lo habitual en mí quiero decir- y de repente me alegré y me sentí de verdad muy bien cuando escuché una nueva canción de Juan Luis Guerra y 4.40, Mi bendición, que corresponde a su recién editado nuevo disco. “Tenerte, besarte, andar de la mano contigo./ Mi cielo, mirarte, decirte un te quiero al oído./ Yo te lo digo, qué bendición”, nos repite una y otra vez el estribillo de esta preciosa canción de amor, que para nosotros creo que puede ser considerada también como una pequeña bendición, pues tiene el poder, mientras la escuchamos, de llegar a colmarnos de ilusión, de sueños y de felicidad, yo diría que como mínimo con un poquito de ayuda de la providencia, aunque otras personas puedan pensar muy razonablemente que no. Cuando escuchamos canciones como Mi bendición u otras igualmente muy hermosas, es casi imposible no llegar a pensar en algún momento, discreta y serenamente: “¡Hay siempre tanta belleza en el mundo! ¡Puede llegar a haber siempre tanta vida y tanto amor!”. Las canciones de Juan Luis Guerra y las de tantos otros grandes artistas van dirigidas, al igual que las mejores obras literarias y las mejores películas, a quienes aún son capaces de emocionarse, a los que sienten cómo late o cómo vuelve a latir de repente su corazón, a los que aman todas las cosas que de verdad vale la pena amar, a los que aman así, porque sí, sin más.

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06 2010

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