Archivo de junio, 2010

¡Viva España! -con perdón-

Llevábamos tantos meses sumidos en una especie de desánimo muy profundo y colectivo, que la victoria de ayer de España frente a Portugal fue como una especie de bálsamo para nuestro últimamente algo maltrecho espíritu, yo diría que incluso lo fue para aquellas personas a las que no les gusta especialmente el fútbol. Nuestra crisis económica, nuestra deuda o nuestro déficit parecen hoy un poco menos crisis, un poco menos deuda y un poco menos déficit que ayer, y seguramente un poco más que mañana, o, mejor dicho, que el próximo sábado, en que nos jugamos con Paraguay nuestro pase a las semifinales del Mundial de Sudáfrica. Ese cambio anímico a mejor se lo debemos sin ninguna duda a un nuevo, genial y decisivo gol de Villa, y al brillante juego desplegado por todos los jugadores de nuestra selección ante un rival sin duda dificilísimo, más difícil casi que las condiciones impuestas por el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea a nuestra algo maltrecha economía. Tras el triunfo de ayer, me alegré de manera especial por Vicente del Bosque, que llevaba dos semanas soportando con gran estoicismo y elegancia todo tipo de críticas, muchas de ellas para mí completamente injustas. Del Bosque es no sólo una buena persona, como ha demostrado ya en numerosas ocasiones, sino también un muy buen entrenador, con el que el Real Madrid, por ejemplo, conquistó sus dos últimas Champions League. Antes del inicio del encuentro ante la selección lusa, le vi un poco más serio y preocupado de lo habitual en él, con el ojo derecho algo enrojecido, seguramente por la gran tensión vivida en los días previos a ese decisivo partido. Pero al final, por fortuna, sonrió, con esa sonrisa un poco como de hombre tímido y a la vez también un poco pillo que le es tan característica cuando está contento o de buen humor. Los jugadores de nuestra selección -muchos de ellos catalanes, por cierto- están consiguiendo que volvamos a tener fe e ilusión en nuestras posibilidades, yo diría que incluso también algo más allá del fútbol, o que los balcones de nuestras ciudades se vayan llenando poco a poco de banderas de España sin que nadie se avergüence o se sienta mal por ello, o que en muchas barriadas haya un niño pequeño feliz emulando en cada partido a ‘Manolo, el del bombo’ y gritando muy contento “España, to, to,to, España, to, to, to” sin que sus padres le hagan callar o los vecinos avisen a la Policía Local. Esa es también a veces la magia y el poder del fútbol, capaz de ilusionar de nuevo a un país entero gracias a la magia y al buen hacer de su selección, en este caso, de nuestra maravillosa y plural y conjuntada y “tiqui-tacatera” selección.

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06 2010

Con la Constitución

Las reacciones políticas tras conocerse el fallo del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Catalunya me parecieron, salvo alguna excepción, tan exageradas y tan fuera de lugar, que pensé que sólo se explican -aunque en ningún caso se justifican- por la inminencia de las próximas elecciones autonómicas en Catalunya y por el hecho, creo sinceramente que cada vez más constatable, de que el nivel de la mayor parte de nuestra actual clase política se encuentra, por desgracia, absolutamente bajo mínimos, punto este último en el que yo diría que existe una cierta coincidencia con el nivel actual de buena parte de la profesión periodística. Creo que sería bueno recordar ahora que en el referéndum sobre el nuevo Estatut, celebrado en 2006, la participación ciudadana no llegó al 50 por cien, así que quizás ese asunto no era entonces y tal vez tampoco lo sea ahora la máxima preocupación de los catalanes, que estoy casi seguro de que en su mayoría deben de sentir en estos momentos como más acuciantes otras cuestiones, como la actual situación de profunda crisis económica o la elevadísima tasa de desempleo. Al escuchar ayer tanto la valoración del presidente de la Generalitat, José Montilla, como las de CiU, ERC, Iniciativa per Catalunya y el PSOE, no pude sino pensar “¡Qué exageración!” y al mismo tiempo también resoplar -“¡Ufff!”-, que, por lo demás, es lo mismo que suelo hacer también cuando oigo las insensateces -llamarlas declaraciones sería en este caso demasiado benévolo- con las que casi cada día nos castigan buena parte de los dirigentes del PSOE y del PP, y del resto de partidos, ya sea en España, en Catalunya, en Balears o en Palma, palabras todas ellas tristemente amplificadas luego por los medios de comunicación y por muchos comentarios anónimos en las ediciones digitales. Parece como si hubiera una especie de terrorífica competición para ver quién dice la frase más extrema, la que puede socavar con mayor profundidad nuestra convivencia, la que contiene más odio y más intolerancia, la que puede provocar más daño y causar más dolor, no sólo al adversario político, sino también a buena parte de la ciudadanía. Lo decía muy bien el maestro Antonio Muñoz Molina en una reciente entrevista publicada en ABC: “A mí me ha obsesionado el modo en que las palabras, en los periódicos, en los mítines, en los discursos, intoxican, y uno ve cómo, con excepciones muy honrosas, la gente se dedica a echar leña al fuego. Se busca la discordia en vez de la concordia”. Las afirmaciones maximalistas de los líderes políticos del tipo “nosotros lo hacemos o lo haríamos todo bien, y los otros lo hacen o lo harían todo mal” no sólo ofenden hasta el límite nuestra inteligencia, sino que empobrecen una y otra vez, constantemente, nuestra democracia, porque la crítica y la discrepancia se pretenden sustituir cada vez más por la falta de respeto y la descalificación. A veces me pregunto si esto ocurrirá sólo en España, pues si fuera finalmente así, no cabe sino pensar que tenemos muchísima mala suerte. Aun así, hasta ahora había creído y sigo creyendo aún que, aun siendo mejorable -como todo en esta vida-, sólo la Constitución nos garantiza a quienes creemos de verdad en la democracia una convivencia en paz y en libertad.

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06 2010

Junto al mar

Una de las zonas costeras de Palma que más me gustan es el paseo situado junto al mar en es Coll den Rabassa, muy cerca ya de es Carnatge. Años atrás, cuando era mucho más joven, solía recorrerlo con una cierta frecuencia, sobre todo al anochecer, y cuando pienso en esa época de mi vida, sé que ese es uno de los recuerdos más hermosos que guardo y que seguramente guardaré nunca, porque creo que pocas cosas puede haber en nuestras vidas más agradables y valiosas que poder pasear y poder meditar en libertad, ya sea solo o quizás a veces también en compañía. “Era el mejor de los tiempos y el peor; la edad de la sabiduría y la de la locura; la época de la fe y la época de la incredulidad; la estación de la luz y la de las tinieblas; era la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación; todo se nos ofrecía como nuestro y no teníamos absolutamente nada”. Así empieza la extraordinaria novela Historia de dos ciudades, del maestro Charles Dickens, y aunque la época de que habla es la Inglaterra y la Francia de finales del siglo XVIII, poco antes del inicio de la Revolución Francesa, pienso que esa afirmación inicial podría valer casi para cualquier persona, cualquier nación o cualquier época, incluida quizás también la época de nuestra primera juventud y la que estamos viviendo también ahora. De vez en cuando, he vuelto a pasear de nuevo por es Coll den Rabassa, cerca de es Carnatge, al anochecer, igual que hacía antes, y me sigue gustando hacerlo como lo hacía años atrás, contemplando las hermosas casas y fincas situadas en primera línea y pensando en cómo será quizás la vida de quienes las habitan, observando otras zonas de la ciudad igualmente muy bien iluminadas de noche, mirando tal vez un barco que surca el mar o un avión que surca el cielo, y sentándome de vez en cuando en algún banco para descansar -ahora un poco más que antes-, o charlando con algún amigo y recordando otras épocas de nuestras respectivas vidas que ya nunca volverán, aquellas en que también convivían la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación, atemperadas una y otra, quizás, por el otoño de la dulzura y de la melancolía, que es la estación en la que también ahora sigo viviendo durante casi todo el año, durante casi todos los meses, semanas, horas, instantes, momentos y días.

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06 2010

El “share” de los artículos digitales

Seguramente, llegará un día en que, en general, se leerán más las columnas o los artículos de opinión publicados en las ediciones digitales que no los publicados en las ediciones de papel, en el caso de que los lectores de un diario concreto puedan elegir entre uno y otro formato, claro. El mundo de los medios de comunicación se encuentra desde hace varios años en un proceso de cambio continuo debido a los constantes avances tecnológicos, y creo que en estos momentos resulta difícil poder saber a ciencia cierta cuál puede ser el futuro de los periódicos publicados en el tradicional formato de papel. En la actualidad, los “parientes pobres” de todo ese proceso son los blogs. Las consideradas como grandes firmas de cada diario o de cada revista aparecen siempre en las ediciones que podemos comprar en el kiosco, más allá de que puedan aparecer también o no en las ediciones digitales, mientras que en los blogs sólo suelen aparecer, salvo excepciones, las firmas en las que por ahora no se confía tanto o aquellas otras que, por diversas razones, un medio considera que no tienen aún la entidad suficiente para poder salir también en papel. Acaso el comentario más revelador en este sentido que han recibido los ‘duendes’ digitales fue el de un compañero de profesión que escribió lo siguiente: “Como periodista me avergüenza leer tu blog. Menos mal que en UH no te dejan escribir tanta barbaridad”. Eran los tiempos en que yo me oponía con gran vehemencia a una posible moción de censura en Cort y en que sin duda utilicé algunas expresiones desafortunadas o realicé algunas valoraciones seguramente algo injustas hacia varias personas concretas, por las que ahora me disculpo. En cualquier caso, para ese compañero de profesión sólo tendría entidad periodística, por tanto, lo que aparece publicado exclusiva o previamente en la edición de papel de un periódico o de una revista que no tenga sólo una existencia digital, como sin ninguna duda debe de suceder en su caso, por la gran jactancia con que estaba escrito todo su comentario, desde la primera línea hasta la última. Es cierto que el “share” -por llamarlo de algún modo- de la mayor parte de artículos digitales es mucho menor aún que el de los artículos publicados en las ediciones en papel, y en este sentido estoy seguro de que los nuevos ‘duendes de la ciudad’ tienen ahora muchísimos menos lectores que cuando se editaban en las páginas de ‘Ciutat’ o en la página número 4 de Última Hora, por lo que no puedo sino agradecer de corazón el apoyo incondicional de quienes los leen ahora, prácticamente todos ellos seguidores provenientes de su primera etapa en papel. Su confianza y su afecto hacia mí, su manera de ser -que intuyo muy próxima a la mía, es decir, sentimental y melancólica- y su posible labor de proselitismo hacia esta columna, son el mejor premio que puedo recibir y recibo. Por eso, no cambiaría por nada del mundo a estos lectores míos actuales, con independencia de mi bajo “share” en algunos días poco inspirados o críticos.

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06 2010

Lo nuestro es sufrir

Reconozcámoslo, como españoles, lo nuestro es sufrir. Ha sido así desde siempre, o al menos desde que existen los campeonatos del Mundo de fútbol, y así seguirá siendo previsiblemente en el presente y en el futuro. Por sufrir, sufrimos incluso hace dos años, cuando a pesar de jugar como los ángeles -los ángeles deben de jugar también al “tiqui-taca”- y de acabar ganando la final de la Eurocopa ante Alemania, a punto estuvimos de caer ante Italia en cuartos de final. Qué le vamos a hacer. Lo nuestro es sufrir. Sufrimos cuando perdemos, sufrimos cuando empatamos, sufrimos cuando ganamos justito, justito, sufrimos cuando llegamos a la prórroga o a los penaltis, sobre todo a los penaltis, sufrimos cuando caemos eliminados, sufrimos cuando pasamos a la siguiente fase, solemos sufrir a veces incluso también cuando vamos ganando con claridad y de repente todo se nos complica con un gol del rival, como nos pasó ayer ante la muy correosa selección de Chile cuando acortó distancias nada más iniciado el segundo tiempo. Lo nuestro es sufrir. Con Javier Clemente, con José Antonio Camacho, con Luis Aragonés o con Vicente del Bosque como entrenadores de la selección española, o con muchos de los jugadores del pasado o del presente, como a su vez me temo que sufren también ahora algunos de ellos, por ejemplo Íker Casillas por Sara Carbonero, y viceversa, o Gerard Piqué porque no hay partido en el que al pobre no le tengan que dar puntos, o Fernando Torres porque aún no ha conseguido de momento marcar ningún gol. Lo nuestro es sufrir. Por eso, más allá del fútbol, nos gustan los melodramas, y los culebrones, y las novelas románticas, y los programas del corazón, y las cosas que se cuentan en los patios de vecindad, y los boleros, y las baladas, y los tangos, y las rancheras, y los villancicos con las letras más tristes que en el mundo sea posible escuchar. Lo nuestro es sufrir, y por eso tenemos ahora a José Luis Rodríguez Zapatero de presidente, como antes tuvimos a José María Aznar. Sufrimos normalmente ya casi cada día, sólo con ver la actual situación política general o la especial profundidad de nuestra crisis económica. Como españoles, desengañémonos, lo nuestro es sufrir. Casi siempre sólo sufrir. Quizás por ello casi siempre estamos preparados para perder, pero casi nunca lo estamos para ganar, lo mismo en un mundial de fútbol que en la Lotería Primitiva o en nuestra propia vida personal.

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06 2010

Pleno en el pleno

De las 156 propuestas de resolución presentadas y votadas finalmente en la segunda jornada del ‘Debate sobre el estado de la ciudad’ del Ajuntament de Palma, fueron aprobadas en total… las 156 propuestas, y de ellas, dos terceras partes además por unanimidad. Un resultado así, que yo creo que nunca se llegó a dar ni siquiera en los congresos más tranquilos del antiguo Partido Comunista de Bulgaria, demostraría, a mi juicio -y mucho mejor que cualquier posible análisis que se pueda hacer-, hasta qué punto se encuentra el consistorio palmesano en una situación de profunda crisis institucional, yo diría que además casi desde el principio del actual mandato, aunque mucho más acentuada desde el pasado mes de febrero, con la ruptura del tripartito. A dicha crisis habrían contribuido en mayor o menor medida las cuatro formaciones que cuentan con representación municipal en este mandato, el PSOE, el PP, el Bloc y UM, aunque en el caso del partido nacionalista yo diría que su “contribución” ha sido constante, tanto cuando estaba en el equipo de gobierno como cuando ahora ha pasado a estar en la oposición. El portavoz del PSOE en Cort, José Hila, afirmó que el de ayer había sido “el pleno del consenso”, pero sinceramente yo no lo veo así, y pienso, en cambio, que en realidad habría sucedido ayer casi más bien lo contrario. Si entendemos que en política buscar el consenso es intentar llegar a acuerdos entre gobierno y oposición, sean del color que sean, en aquellos asuntos considerados como esenciales, pensando en el bien de la ciudadanía en su conjunto y más allá de los escaños con que pueda contar cada partido, creo que podríamos estar de acuerdo en que lo que ayer pasó en el pleno no fue exactamente eso, del mismo modo que creo que podríamos coincidir también en que si hay algo de lo que hoy carece nuestro consistorio, con unas pocas y admirables excepciones en cada partido, es de personas que crean de verdad en el diálogo y en el respeto. No puede existir de verdad consenso cuando continuamente se está intentando machacar al adversario político día tras día, y, luego, por razones de aritmética o de conveniencia política, se llega en los plenos a muchos acuerdos in extremis entre el equipo de gobierno y la oposición, o viceversa, a pesar de no creer en el fondo en ellos. No puede existir de verdad consenso cuando en una institución se vive en una situación de crispación casi constante y de descalificaciones personales de muy grueso calibre, a la vez que el descalificador apela a la urgente necesidad de reunirse y de hablar con el descalificado, papeles que además se están intercambiando casi continuamente entre los distintos partidos. Si se me permite un símil futbolístico, coincidiendo con la celebración del Mundial, este mandato está siendo en el Ajuntament de Palma como aquellos partidos de fútbol que pese a alguna buena jugada o a algún destello de elegancia y de calidad, al final sólo se acaban recordando por el juego sucio, las entradas criminales, los golpes bajos, los goles en fuera de juego, las lesiones o las expulsiones habidas en cada equipo, con independencia de quién fuese el que inició la bronca o el que dio la primera patada. Sólo los hooligans de cada equipo, en forma de simpatizantes incondicionales, entrenadores sancionados que quieren dirigir a sus jugadores desde la grada -o incluso desde fuera del estadio- y periodistas sin ética ni principios, pueden llegar a defender lo absolutamente indefendible de ese comportamiento, mientras los buenos aficionados, es decir, la mayoría de ciudadanos, miran el reloj ansiosos, esperando que acabe de una vez ese partido y que se renueven luego ambos equipos, que en este caso será ya, para nuestra suerte, el próximo mes de mayo.

25

06 2010

Castelldefels

La muerte, la muerte trágica e inesperada, acaba dejando siempre en un segundo plano cualquier otra cosa que no sea la evidencia misma de que, una vez más, esa muerte se ha hecho dolorosamente presente en nuestras vidas, como ocurrió ayer por la noche en la estación de Castelldefels, con doce víctimas mortales y varias personas heridas al ser arrolladas por un tren mientras cruzaban las vías por un lugar indebido. Todas ellas, junto con varias decenas de personas más, se dirigían hacia la playa de la localidad para disfrutar de la noche de San Juan, al igual que estaban haciendo ya o que iban a hacer miles de otras personas en otras ciudades costeras de nuestro país, unidas todas ellas por el mismo propósito, el de intentar vivir, con pequeñas velas encendidas y junto al mar, una noche que siempre ha sido considerada como especial y mágica, una noche que ayer, sin embargo, se tiñó de luto de la forma más inesperada y trágica posible en Castelldefels. Todos aquellos asuntos que tan importantes nos parecían quizás sólo unos instantes antes de recibir las primeras noticias de este suceso, muy posiblemente dejaron de tener importancia en ese mismo instante, o quizás pasaron a tener la importancia real que deberían de tener siempre, seguramente mucho menor y más relativa de la que a menudo solemos darle. De repente, pasaron a un segundo plano las eternas disputas políticas en nuestro país, en nuestra autonomía o en nuestra ciudad, o algunos de nuestros propios problemas personales o cotidianos, o los posibles disgustos o malentendidos existentes tal vez ahora entre amigos, o parejas, o familias por cuestiones que muy probablemente podrían ser consideradas como menores o secundarias si hiciéramos de verdad un análisis racional y objetivo. La mayoría de personas fallecidas en el siniestro de ayer en Castelldefels eran muy jóvenes. Habían llegado a la estación en un tren de cercanías y no resulta difícil imaginar que muchas de ellas debían de estar bromeando, charlando o pensando no sólo en la noche de San Juan, sino también en la llegada del verano y en sus planes más inmediatos de futuro, un futuro que la muerte se llevó de forma trágica ya para siempre consigo. Nunca deberían de haber cruzado a pie por las vías, nunca, pero no sé bien por qué, si por imprudencia o por temeridad, finalmente lo hicieron. No hubo noche de San Juan en Castelldefels, no hubo noche misteriosa y mágica, porque la vida fue derrotada, de forma trágica, inesperada y cruel, por la muerte.

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06 2010

La gata bajo la lluvia

Uno de los recuerdos más dulces y hermosos que guardo de mi padre, de nombre Juan y de apellidos Aguiló Forteza, es el de verle escuchando algunas tardes las rancheras que Rocío Dúrcal popularizó a finales de los años setenta, compuestas la mayoría de ellas por Juan Gabriel, con grandes canciones como Me gustas mucho, No lastimes más, Me nace del corazón o Fue tan poco tu cariño. Esos años fueron especialmente difíciles para nuestra familia y en especial para mi padre, que fallecería prematuramente, en 1982, con apenas 50 años de edad, y tras haber sufrido de verdad mucho. Siempre he pensado que aquellos atardeceres en los que él solía escuchar sobre todo a la gran Rocío Durcal, fueron de los pocos momentos que seguramente él mismo habría considerado como realmente felices y dichosos en aquella época de su vida. De todas aquellas maravillosas rancheras, la que a mí más me gustaba era La gata bajo la lluvia –de Rafael Pérez Botija-, que es, sin ninguna duda, una de las canciones más tristes y desoladas que he podido escuchar a lo largo de mi vida, tan diferente en el fondo y en la forma de la primera canción que escuché, en mi infancia, de Rocío Dúrcal, Más bonita que ninguna. Tanto me gustaba también esta canción, que mi primera crónica publicada hace diez años en Última Hora la titulé ‘UM, más centrista que ninguna’, como una especie de cariñoso homenaje secreto a esa gran artista española, desaparecida hace ya cuatro años. Ayer por la noche, no sé muy bien por qué, acabé sintonizando un programa de Telecinco, ‘Enemigos íntimos’, que contaba con la presencia de quien fuera su marido, Junior, que habló sobre su mala relación actual con los tres hijos habidos en su matrimonio. A los pocos minutos, decidí cambiar de canal de forma definitiva, pues no me estaba gustando nada lo que estaba viendo y escuchando, sobre todo por parte de los periodistas invitados a dicho programa. Sin duda, Junior está pasando ahora por unos muy malos momentos a nivel personal, y me temo que también sus hijos, y me duele ver que esos problemas estrictamente familiares acaban teniendo una innecesaria repercusión pública. Quizás por ello, prefiero recordar ahora a Junior décadas atrás, cuando fue uno de los más brillantes integrantes del mítico grupo de pop Los Brincos o cuando formó un dúo con Juan Pardo, como me gusta recordar también a mi padre escuchando a Rocío Dúrcal, cantando rancheras, aunque fueran las rancheras más tristes y desoladas del mundo, las que atraviesan nuestra alma, las que son como lágrimas en soledad, en silencio y en penumbra, como sin duda lo era y para mí lo será siempre La gata bajo la lluvia. 

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06 2010

Yo también me he afeitado la barba

Tras varios días de gran incertidumbre, no tuve ninguna duda de que íbamos a ganar el partido contra Honduras cuando supe que horas antes Íker Casillas había decidido afeitarse la barba por completo. Estos gestos, en apariencia tan pequeños, son los que pueden acabar devolviéndonos la confianza en nuestra selección, más allá del debate sobre si debemos de seguir o no con el “tiqui-taca” o sobre si Cesc debería de jugar de titular ya desde el principio. El papel de las pequeñas supersticiones en el mundo del fútbol puede resultar a veces tan esencial y definitivo para el resultado final como lo puedan llegar a ser también un buen o un mal arbitraje o el diseño táctico del partido hecho previamente por el entrenador. Cada jugador suele tener casi siempre su propio ritual, desde el modo en el que salta al terreno de juego hasta la manera en la que celebra sus goles o sus aciertos. Incluso los entrenadores tienen también sus propias estratagemas psicológicas, como por ejemplo dar un golpe en el pecho a todos sus jugadores antes del inicio del partido, utilizar siempre la misma corbata hasta que se pierde un encuentro, o decidirse por el chándal en lugar de por el traje de marca para sentarse en el banquillo. Yo mismo, sin ir más lejos, sigo siempre pequeños y diversos rituales en mi vida cotidiana, aunque el primer terapeuta al que acudí y también todos los siguientes me dijeron que mis rituales estarían motivados, en realidad, por el hecho de padecer desde la adolescencia la enfermedad conocida como trastorno obsesivo compulsivo, más o menos como le ocurría a Jack Nicholson en Mejor imposible. La opción de llevar o no barba no formaba parte hasta ahora de esos rituales míos particulares, porque desde hace varios años, y por problemas de piel, suelo afeitarme únicamente sólo una vez a la semana, así que casi siempre llevo barba, aunque sea sólo de unos pocos días. No obstante, vistos ayer los evidentes buenos resultados de la decisión de Íker Casillas de afeitarse la barba para volver a tener buena suerte, he pensado que a partir de ahora intentaré afeitarme cada dos o tres días, ya que a lo mejor las mil cosas, poco más o menos, que me fueron mal en estos últimos años, profesional, económica, literaria, política y sentimentalmente, me fueron mal por el aspecto de mi cara. Así que justo antes de escribir estos futbolísticos ‘duendes’, y al igual que Íker Casillas, yo también me he afeitado -por lo que pueda ser- la barba.

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06 2010

El mejor día para ir a Urgencias

El pasado viernes leí en la edición digital del diario ABC una noticia muy curiosa e interesante de la Agencia Europa Press referida al ámbito médico y sanitario, en la que se decía que en nuestro país el martes es el mejor día de la semana “para ir a Urgencias”, sobre todo entre las 16.00 y las 20.00 horas, mientras que los viernes serían, en cambio, los “peores” días para acudir a los servicios de urgencias hospitalarios desde el punto de vista “de la seguridad clínica”. Así se desprende, al menos, de un estudio presentado en el XXII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias, celebrado la pasada semana en Pamplona. Según recoge dicho estudio, se ha podido determinar que los fallos y errores que sufren los pacientes oscilan “entre el 9,5 por cien del martes hasta el 19,7 por cien de los viernes”, lo que significa que, al parecer, ni siquiera los martes tenemos la plena seguridad -excepto durante las cuatro prodigiosas horas citadas- de que nos va a ir todo bien si decidimos acercarnos hasta Son Dureta, Son Llàtzer o cualquier otro hospital de España en caso de necesitar ser atendidos rápidamente. Yo creo que si se hiciera un estudio científico de similares características en otros ámbitos laborales de nuestro país, los resultados serían casi iguales o muy parecidos por lo que se refiere a fallos o errores, con los lunes y los viernes como los peores días de la semana, pues sabido es que los lunes estamos poco concentrados porque llegan justo después del fin de semana, y que los viernes estamos igualmente poco concentrados porque llegan justo antes del fin de semana. Descontados los sábados y los domingos, en que curiosamente casi nunca solemos ponernos malos o en que casi nunca solemos trabajar, sólo quedan como posibles días más o menos positivos los martes, los miércoles y los jueves, y es normal que sean los martes cuando nos sintamos mejor y más animados, pues llegan justo después de los lunes y nos permiten vislumbrar ya en el horizonte la llegada de días sin duda mucho mejores. Entre los diversos comentarios dejados por los lectores de ABC al leer la citada noticia sobre dicho estudio, el que más me gustó fue éste: “El mejor día para ir a Urgencias es cuando juega la selección española”. Pues también es verdad, aunque ahora recuerdo que nuestro pase a octavos de final del Mundial nos lo jugaremos, ya es casualidad, en viernes. Confiemos en que dentro de cuatro días no se nos disparen, por una cosa o por otra, ni la tensión arterial, ni el corazón, ni la bilirrubina, ni la ansiedad.

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06 2010