Una vida, un instante

Siempre me gustó la filosofía, desde niño, incluso desde antes de saber qué era en realidad la filosofía y de qué asuntos trataba. Recuerdo paseos dominicales con mi padre junto al mar, en donde con once, doce o trece años, yo le explicaba mis peculiares teorías sobre el origen del mundo y de las cosas, que él escuchaba siempre con gran respeto y atención. En la escuela, algunos compañeros solían repetirme entonces una frase que en los años setenta empezó a ponerse además muy de moda: “No te comas tanto el coco”. Pero por unas razones o por otras, yo casi siempre me estaba comiendo el coco, así que un poco más adelante, cuando tras un parón de varios años tuve la posibilidad de poder volver a estudiar, me matriculé en la universidad para cursar la carrera de Filosofía, lo que posibilitó que me pudiera comer el coco libremente y sin restricciones, junto con el resto de mis compañeros y compañeras, durante seis años, hasta que finalmente conseguí la licenciatura. Y así he seguido luego, alimentándome más o menos pausadamente de mi cerebro, hasta hoy. Los filósofos que más me interesaron y los que más me han interesado siempre son aquellos que en sus obras hablan, de una u otra forma, de la vida, de su esencia, de su sentido y de todo aquello que tiene que ver con los sentimientos. Entre esos filósofos ha ocupado siempre un lugar muy destacado y especial para mí el maestro José Ortega y Gasset, lugar en el que también incluiría a sus diferentes discípulos. Si alguien me preguntase qué es un filósofo, seguramente le diría que es alguien que se hace a sí mismo y que hace también a los demás preguntas normalmente muy interesantes, preguntas que seguramente nos hemos hecho también casi todos al menos alguna vez en la vida, con la esperanza de poder encontrar, si ello fuera posible, alguna respuesta, alguna salida o alguna solución. Una de esas grandes preguntas creo que la formuló el filósofo alemán Gottfried W. Leibniz, “¿por qué hay algo y no más bien nada?”, sin llegar no obstante a una respuesta concluyente o definitiva. Pero ya esa pregunta en sí misma me parece genial, por todas las preguntas implícitas que hay o puede haber a su vez en su interior, ¿por qué hay mundo?, ¿pudo no haberlo?, ¿a qué o a quién se debe que lo haya?, ¿por qué hay cosas?, ¿por qué existimos los seres humanos?, ¿qué sentido tiene todo ello? Una vida, cualquier vida, incluso la más longeva, es apenas un instante en la historia del mundo y del universo, pero si hacemos o intentamos hacer siempre el bien, esos instantes pueden llegar a ser sin duda los más valiosos y más hermosos de esa historia, porque con nuestras decisiones y con nuestras actuaciones podemos dar sentido a lo que, en último término, no sabemos si final y realmente lo tendrá o lo tiene. O como solía decir siempre con gran elegancia uno de los mejores discípulos de Ortega y Gasset, el maestro Julián Marías, “por mí que no quede”.

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05 2010

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  1. Gaspar #
    1

    Benvolgut Josepmaria,

    és, per a mi, un plaer senzill llegir les teves cròniques, columnes d’opinió o blogs. Tant si parles de cinema, de sèries de televisió o de filosofia, transmets sabers profunds que atravessen les supeficialitats i aparences d’un món excessivament centrat en les realitats materials i en valors hedònics de culte a la riquesa, a la bellesa física i al tenir o disposar ans que al ser.

    Gràcies per les teves reflexions, per les teves paraules, per la teva veu…