Todas las víctimas

Desde el momento en que que tuve por vez primera un conocimiento profundo y objetivo de la compleja y dramática situación que se vive en Oriente Medio desde hace décadas, abogué siempre por la coexistencia pacífica de Palestina y de Israel, y también porque ambos países fueran reconocidos como estados libres e independientes en todo el mundo. Al mismo tiempo, condené siempre con la misma intensidad -con la misma intensidad- la más mínima vulneración de los derechos humanos que se pudiera haber producido tanto por una parte como por otra, no sólo en los casos más extremos y dramáticos en que ha habido víctimas mortales, sino también en aquellos otros en que ha habido desde vulneraciones al derecho a la libertad de expresión o de movimiento hasta retenciones o incluso torturas. Por ello mismo, creo que hoy debo condenar y condeno el ataque de la Marina de Israel a la llamada ‘Flotilla de la libertad’, que se dirigía hacia Gaza con ayuda humanitaria, más allá de las acusaciones mutuas que existen en estos momentos sobre quién habría empezado a disparar o sobre la posibilidad de que hubiera armas en el interior de alguno de los barcos del convoy. Personalmente, creo que este ataque debe ser condenado sin paliativos no sólo por las víctimas mortales que ha provocado, sino también porque parece alejar aún un poco más la posibilidad de que algún día pueda llegar la paz a esa castigada y sufriente zona de nuestro planeta. Dicho esto, no puedo sino lamentar y avergonzarme personalmente de algunos comentarios que he leído en las ediciones digitales de los distintos periódicos españoles sobre este trágico suceso, en los que sólo aparece odio, odio y más odio. Odio a los árabes, odio a los judíos, odio hacia quien no comparte la ideología o las palabras de quien ha escrito el comentario. Odio, sólo odio, ese odio tan nuestro, tan español, de intentar aniquilar -en la actualidad de momento sólo con las palabras- a quien no piensa como nosotros, odio tenuemente disfrazado en algunas ocasiones de una -para mí- aparente y falsa indignación. Al leer dichos comentarios, parece como si hubiera una especie de macabra e implícita competición para ver quién dice la brutalidad más grande, sea contra Palestina, sea contra Israel, o sea contra nuestro propio Gobierno, Estados Unidos o la Unión Europea, desde el más absoluto desconocimiento de lo que ha sido y es la historia y la realidad en Oriente Medio. Pero ya se sabe que la ignorancia es atrevida, y en este caso además creo que desquiciada y cruel. Una vez más, no han faltado los brutales comentarios que equiparan a los nazis con Israel, o que atribuyen a los árabes todo tipo de maldades, comentarios por los que uno sólo puede sentir repugnancia y asco, porque suponen una falta de respeto absoluta y miserable no sólo hacia todas las víctimas del nazismo, del Holocausto, sino también hacia todas las víctimas palestinas e israelíes habidas en más de cincuenta años de conflicto. Y es en las víctimas en lo que creo que deberíamos de pensar siempre, en todas las víctimas, en las pasadas y en las presentes, mientras entre todos intentamos hacer lo posible para que no se vuelvan a producir nunca más tragedias como la de hoy.

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05 2010

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  1. postulante a hada #
    1

    Y por la víctima de uno mismo. Por los que tienen el enemigo en casa.