Puerto Rico

Hoy hace exactamente veinticinco años que salí de Mallorca por vez primera, rumbo hacia otra isla, una isla tan lejana como hermosa, Puerto Rico, en donde entonces vivían y trabajaban mi madrina, María Antonia, y su marido, mi tío Eugenio, y en donde había nacido mi querido abuelo materno, José Frau. Aquel 20 de mayo de 1985 estuvo lleno de novedades. Por primera vez viajé en avión, y fue una experiencia, la de poder volar, que realmente me gustó mucho. Al llegar horas después a San Juan de Puerto Rico, descubrí ya en la misma pista del aeropuerto lo que es un auténtico clima tropical, en un contraste de temperatura y de humedad que fue seguramente algo mayor de lo esperado por mí, ya que en Palma habíamos tenido durante aquellos días una inesperada ola de aire frío, con incluso alguna nevada incluida. La misma tarde de mi llegada a la isla caribeña, visitamos el viejo San Juan, que es una ciudad preciosa de verdad, que en su parte antigua recuerda, curiosamente, la zona amurallada de Palma junto al mar. Recuerdo que primero fuimos a una iglesia para dar gracias a Dios porque todo había ido bien durante el viaje, y que después fuimos a una cafetería para tomar “mallorcas”, que es como en Puerto Rico llaman a nuestras ensaimadas. Todo llamaba en aquellos días mi atención y todo me parecía interesante. Las gentes, las calles, las tiendas, los vehículos, los parques, los edificios, los cines, los numerosos canales de televisión, los periódicos, las partidas de ping-pong en casa, mis vecinos, mis familiares puertorriqueños, el hermoso sonido del coquí por las noches… Realmente, había llegado a un nuevo mundo, en el que finalmente permanecí por espacio de unos tres meses. Son muchas las sensaciones que todavía guardo en mi corazón de aquella estancia en la bella Borinquen y que me acompañarán ya siempre a lo largo de mi vida, algo por lo que siempre estaré enormemente agradecido a mis tíos. Ambos eran profesores de la Universidad de Puerto Rico, en el Recinto de Río Piedras, María Antonia de Literatura Española, y Eugenio de Filosofía, y recuerdo también ahora muchas charlas agradables e instructivas sobre los autores y ensayistas que a los tres más nos gustaban. En esa misma universidad fueron acogidos durante años Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí, y muchos otros ilustres exiliados españoles, que fueron recibidos siempre con gran cariño y afecto. En uno de sus poemas más hermosos, perteneciente a Lírica de una Atlántida, Juan Ramón Jiménez escribió: “Mi vida es esta ola./ Una vez, otra y otra,/ rompe en la estraña costa,/ deja su espuma sola,/ y una vez, otra y otra/ vuelve por donde ahonda”. Mi vida ha sido y será también siempre esa misma ola, una ola que ha amado y ha vivido entre dos islas, entre Mallorca y Puerto Rico, entre Puerto Rico y Mallorca.

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20

05 2010

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