Los amores posibles

En la mejor literatura y en el mejor cine podemos encontrar casi siempre, sin demasiado esfuerzo, numerosos ejemplos de grandes historias románticas marcadas esencialmente por el hecho de estar llenas de contrariedades o de obstáculos, historias que solemos denominar como de amores imposibles, que a su vez pueden ser subdivididas genéricamente en varios grupos, como los de los amores no correspondidos, o los imposibilitados por las circunstancias, o los prohibidos, o los no nacidos por los propios miedos y temores personales, o incluso los finalmente trágicos. Del mismo modo, podemos encontrar también en la literatura y en el cine ejemplos de historias que en su trasfondo son por completo diferentes a las anteriores, al aparecer en ellas grandes y maravillosas historias de amores posibles. Y como casi todo lo que ocurre en el arte suele ocurrir también casi siempre en la vida, y viceversa, seguramente todos o casi todos hemos vivido en algún momento de nuestras vidas algún amor correspondiente al primer grupo o algún amor correspondiente al segundo, o incluso a ambos en diferentes momentos de nuestro acontecer biográfico y personal. En el caso de haber vivido uno y otro tipo de amor, ¿con cuál nos quedaríamos finalmente?. Yo creo que en la mayor parte de los casos nos inclinaríamos definitivamente y con absoluta convicción por los amores posibles, aunque es cierto que en ellos pueden aparecer también diferentes contrariedades y obstáculos. Desde hace ya algún tiempo, creo que los amores que de verdad valen la pena son aquellos en los que hay reciprocidad, es decir, en los que amamos con la misma intensidad en que somos amados. El amor que de verdad vale la pena es para mí aquel en el que dos personas desean y ofrecen al mismo tiempo afecto, esperanza y ternura, a veces en forma de suaves y dulces caricias, y otras en forma de una carta o un mensaje, o de la calidez de una llamada o de un profundo abrazo. El amor que de verdad vale la pena es aquel en el que esas dos personas se protegen mutuamente y se ayudan, el amor en el que la comprensión, la confianza y el respetuo mutuo están siempre presentes, y en donde por ello mismo no tienen nunca cabida la indiferencia, el menosprecio o la crueldad, sentimientos por lo demás muy habituales en los amores imposibles en su variante específica de los no correspondidos, en donde quienes se sienten amados y al mismo tiempo halagados por el amor que reciben, suelen ser en cambio incapaces de amar o de evitar dañar a la persona que les ama. Por esas y otras muchas razones, los verdaderos y más hermosos amores creo que suelen ser casi siempre los amores cotidianos, los amores sencillos, los amores posibles.

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26

05 2010

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  1. Tu Admiradora #
    1

    Pep, una vez más haces una inmejorable descripción de lo que es el amor verdadero, y estoy completamente de acuerdo en que siempre nos conviene más el amor posible, aunque el amor imposible en sus momentos de locura nos puede hacer sentir más vivos, no es más que un espejismo. No hay nada mejor que una caricia o una mirada sin mediar palabras. Gracias una vez más por recordarnos lo que es el amor, a algunos ya se nos había olvidado.

  2. Adriana #
    2

    Coincido con el comentario anterior.Este artículo es hermoso,y nos toca a todos. He vivido de los dos tipos, y cada uno tiene su encanto, aunque tambien tiene una gran parte de llanto. Pero cuando uno ama, piensa que nada es imposible, y que superaremos cualquier escollo, que andando el camino, las cosas se solucionaran…y a veces eso no pasa. Pero lo importante es vivir el amor, con todas las fuerzas,apostar todo a ese sentimiento sublime que nos eleva. Gracias Pep, sigue asi, con todo el sentimiento de tus queridos “duendes”.

  3. postulante a hada #
    3

    Y entonces, qué pasó?. Después de leer Caperucita roja, ¿se pasó el dato entre los lobos de que tuvieran cuidado con las niñitas inteligentes que parecen imanes para atraer problemas?¿y cómo es que la abuelita, postrada en la cama, vivía sola en medio del bosque y no en una residencia de ancianos a poder ser pública?. ¿Y Alicia?¿Pudo encontrar el camino de regreso al País de las Maravillas en su madurez, cuando no le habría venido mal un poco de emoción?.Por supuesto que no. Cada vez que se acercaba a un espejo, se retocaba el maquillaje.¿Pudo realmente Blancanieves vivir felíz para siempre cuando el príncipe se enteró de que había vivido con siete hombrecitos durante cierto tiempo? De ningún modo; cada vez que se peleaban surgía el tema: “¿qué hiciste con esos hombrecitos?”. Y no creo que Cenicienta llegara a ser muy felíz con un príncipe que no podía reconocerla a menos que llevara puestos los zapatos correctos.
    Las relaciones de amor necesitan ser afinadas contínuamente para adaptarse a los cambios de `carácter´ de cada uno. Y eso requiere esfuerzo contínuo. Y, lamentablemente, vivimos en una sociedad relativista, hedonista y sin valores. Las doncellas que se casan con príncipes no viven felices para siempre. Pero pardiez! Si no mantenemos la esperanza, si no nos esforzamos dando lo mejor de nosotros mismos si llegara la persona amada, de qué vale vivir!. Quién no quiere ser amado como hierro candente?