Lo que no solemos valorar

Al despertar, un nuevo día y un nuevo mundo se abren nuevamente ante nosotros, y nos ofrecen la posibilidad de poder hacer muchas cosas, o, al menos, las que nosotros consideremos como imprescindibles, deseables, realmente posibles o necesarias. Pero tanto en un caso como en otro, es suficiente con nuestra voluntad individual de querer hacer o de querer actuar para que las cosas vayan sucediendo o pasando, sea en un sentido o en otro, algo que no siempre solemos valorar como seguramente debiéramos, porque siendo algo tan importante y esencial, casi nunca solemos ser realmente conscientes del inmenso valor de nuestra propia autonomía personal, de no tener que depender de nadie para hacer cosas tan sencillas como levantarnos, ducharnos, vestirnos, prepararnos el desayuno, desayunar o comunicarnos con los demás a través de las palabras. No solemos dar tampoco importancia a poder salir de casa por nuestro propio pie, sin ningún tipo de ayuda, para pasear o para comprar, para ir al trabajo o para dirigirnos a un café o al cine, en donde quizás hemos quedado con una persona amiga. Del mismo modo, no solemos valorar tampoco casi nunca como debiéramos todas las cosas buenas que nos pasan cada día en la vida o a las personas que sabemos que son buenas personas y que están a nuestro lado. Normalmente, sólo solemos valorar lo que de verdad vale la pena en nuestras vidas cuando lo hemos perdido de forma ya irremediable o cuando sabemos o intuimos que posiblemente ya nunca volverá. Por lo que respecta a poder valernos siempre por nosotros mismos, si la fortuna o la suerte nos acompañan, si nuestro ángel de la guarda nos protege sin descanso las veinticuatro horas del día, podemos llegar a mantener nuestra autonomía personal durante muchos años, en ocasiones incluso a lo largo de toda nuestra vida. Pero si ello no fuera posible, un estado moderno es el que nos puede ofrecer entonces su ayuda, que en España se traduce en la llamada Ley de Dependencia. A menudo pienso que en nuestro país los medios y los dirigentes políticos deberíamos de considerar como una prioridad esencial hablar y debatir más a menudo sobre cómo podríamos mejorar las ayudas sociales a todos los niveles, y no sólo en la actual situación de crisis, en lugar de estar casi todo el tiempo quejándonos difusa y genéricamente de José Luis Rodríguez Zapatero o de Mariano Rajoy, del gobierno y de la oposición. Las ayudas sociales son siempre esenciales y valiosas en cualquier país, en cualquier sociedad, son el complemento necesario para poder seguir disfrutando de todas esas cosas que hacen realmente plenas nuestras vidas, que son las cosas mejores, las que casi nunca solemos valorar.

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07

05 2010

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  1. postulante a hada #
    1

    El proceso de valoración del ser humano incluye una compleja serie de condiciones intelectuales y afectivas que suponen: la toma de decisiones, la estimación y la actuación. Las personas valoran al preferir, al estimar, al elegir unas cosas en lugar de otras, al formular metas y propósitos personales. Las valoraciones se expresan mediante creencias, intereses, sentimientos, convicciones, actitudes, juicios de valor y acciones. Desde el punto de vista ético, la importancia del proceso de valoración deriva de su fuerza orientadora a favor de una moral autónoma del ser humano.
    Ley de dependencia?Hmm…Que el hombre que se refugia en su “interés privado” y se pone como horizonte el “bien particular” desentendiéndose del Bien Común está violando su dignidad de hombre y da la espalda a la tarea ética que le correspondería en cuanto hombre digno.