Las pequeñas contrariedades

Llegados a un determinado punto de nuestras vidas, tras haber superado quizás grandes adversidades y problemas -e incluso en algunos casos dolorosas pérdidas y tragedias- a lo largo de los años, suelen ser las posibles pequeñas contrariedades diarias las que, curiosamente, a veces ponen radicalmente a prueba nuestras verdaderas fuerzas psíquicas o anímicas, que en ocasiones pueden llegar a ser o son mucho más escasas de lo que en un principio quizás pensábamos, sobre todo cuando nos damos cuenta de que algunas de dichas pequeñas contrariedades nos parecen en algún momento determinado casi imposibles de superar. Así, situaciones que en algún otro instante nos habrían provocado incluso, seguramente, una pequeña sonrisa, ahora pueden poner a prueba de forma drástica y radical nuestro verdadero y real estado de ánimo. A veces es sólo la dificultad para poder abrir un producto que hemos comprado en el supermercado, otras es el hecho de que el cajero automático al que hemos ido no funciona o la constatación de que no nos han hecho aún el ingreso que con tanta ansia esperábamos. En ocasiones es sólo que no hemos recibido un mensaje o una llamada por Navidad, por nuestro aniversario o por nuestra onomástica, o que ese mensaje o esa llamada no han llegado tampoco cuando estamos o estábamos pasando por un momento de especial dificultad personal o económica. Nos puede afectar también mucho anímicamente, mucho más de lo que quizás nunca hubiéramos creído, no poder encontrar la película, el libro o el disco que estábamos buscando, o no disponer de un mínimo de fondos o de recursos económicos para poder ir a cenar con una persona amiga, o incluso un cambio meteorológico inesperado o un teléfono que comunica continuamente, como puede afectarnos también el más mínimo contratiempo en nuestro estado de salud, que tengamos que hacer cola cuando hemos ido a pagar algo o que alguien nos trate de una forma poco amable o educada. En este grupo de pequeñas contrariedades deberíamos de incluir quizás también alguna pequeña discusión, desavenencia o malentendido con alguien de nuestra familia, con algún amigo o con la persona amada. Yo creo que si pudiéramos, en muchos de esos instantes optaríamos por regresar a casa rápidamente, tendernos un rato en la cama, y estar así, durante un ratito, sin hacer nada, abrazados a nuestra almohada o a algún pequeño peluche, acurrucados, hasta ser conscientes de que ese mal momento por fin ya ha pasado o está quedando poco a poco atrás. El grado en que nos afectan o nos pueden afectar todas esas posibles pequeñas contrariedades diarias, y seguramente algunas otras más, es o puede ser un síntoma de hasta qué punto vivimos en un mundo en el que, salvo valiosas excepciones, cada vez estamos más y más solos, deprimidos y desamparados.

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05 2010

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  1. loli #
    1

    Pep hoy vi un documental sobre los niños chinos infectados de Sida.Al terminar el documental no he podido evitar que me surjieran las lágrimas porque son huerfanos y su misma gente los apartan como si fueran leprosos,viven entre basura,aislados y sin medicación.Después de ver algo asi,te das cuenta de lo absurdo que es deprimirse por cosas que no tienen importacia.Disfrutemos de los pequeños placeres y reflexionemos sobre lo que realmente es importante en nuestras vidas,encontrando nuestra paz interior.Salir de nuestro egoismo haciendo acciones solidarias a quienes más lo necesitan,porque dar es recibir y ayudar es ayudarse a uno mismo.

  2. postulante a hada #
    2

    Cuando en el mar reina calma, extiende como quieras las velas, la nave no marchará hacia su puerto, pues en un mar dormido la quilla duerme también. Deja que los vientos soplen furiosamente y que las aguas se agiten, pues es así como el barco podrá llegar al puerto deseado, aunque se balancee de un lado al otro, y aunque su cubierta se lave con las olas, y el mástil cruja bajo la presión de las infladas velas.

    Ninguna flor tiene un azul tan hermoso como las que crecen al pie de los helados ventisqueros. Ninguna estrella brilla más que las que fulguran en el cielo polar; ninguna agua tiene un gusto más agradable que la que corre por el desierto de arena, y ninguna vida es tan preciosa como la que vive y triunfa en la adversidad.

  3. Tu Admiradora #
    3

    Tienes razón, a veces después de capear grandes temporales en nuestra vida, los pequeños detalles son los que realmente nos pueden crispar y hacernos tirarlo todo por la ventana. Pero nos damos cuenta de nuestra sinrazón cuando ya es demasiado tarde y ya no hay marcha atrás.