Las ofertas y yo

Cuando éramos pequeños, nuestra madre nos llevaba a mis dos hermanos y a mí dos o tres veces al año a la planta de ‘Oportunidades’ de la antigua Galerías Preciados, en la avenida de Jaume III, con el objetivo de comprarnos ropa a muy buen precio que pudiera durarnos, además, el máximo tiempo posible. Siempre nos atendía el mismo dependiente, que era una persona de verdad muy amable, capaz de interesarse también por nuestros pequeños problemas personales o económicos de aquel entonces. Otro punto de compra de referencia para mi madre en aquellos años era ‘Tiburón’, en la calle Velázquez, que también visitábamos de vez en cuando. Fue de esta forma, cuando ya en nuestra infancia descubrimos el apasionante mundo de las ofertas, de los saldos y de las oportunidades, del que nos acabaríamos haciendo especialmente devotos durante todos aquellos años y también en los de nuestra adolescencia y nuestra primera juventud. El imperativo -entre hipotético y categórico- que como familia nos movía, dada nuestra difícil y compleja situación económica, era comprar bien y a la vez ahorrar. Algo más adelante, cuando vinieron unos años un poco mejores a nivel de ingresos gracias a nuestros respectivos nuevos trabajos, creo que mi madre, mis dos hermanos y yo nos olvidamos un poco de aquella época, pensando que la habíamos dejado ya para siempre atrás, y entramos a formar parte de la maravillosa clase media española, situación en la que nos hemos mantenido luego de forma más o menos estable a lo largo del tiempo, si bien con algunos importantes e inesperados altibajos. Ahora, en estos tiempos de crisis, hemos vuelto un poco a nuestros orígenes, y hemos vuelto también de nuevo, más que nunca, al apasionante mundo de las ofertas, los saldos y las oportunidades. Creo que en aquellos lejanos años desarrollamos como familia una especie de sexto sentido para descubrir los mejores productos que podíamos comprar estando en oferta, intuición que, por fortuna, creo que nunca llegamos a perder del todo. Y aquí estamos de nuevo, como miles de familias españolas más en nuestras mismas circunstancias, comprando en el supermercado productos de oferta, comprando en las tiendas ropa de oferta y, en mi caso, comprando también películas en dvd de oferta o incluso de segunda mano. Y cuando salimos, las pocas veces que ahora salimos, comemos o cenamos de menú, que viene a ser como el equivalente de las ofertas en el mundo de la restauración. En cierto modo, puedo decir que no sé qué hubiera podido llegar a ser de mi vida si no llega a ser por las ofertas, los saldos y las oportunidades, o por las rebajas.

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05 2010

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