La nueva fórmula

Cada cierto tiempo, voy observando con agrado que se va cambiando la fórmula de algunos de los productos que compro con regularidad en el supermercado o en otras tiendas cerca de casa. En unos casos, como por ejemplo en el del pan de molde, se le añaden vitaminas y se consigue además que sea más esponjoso y suave, y que incluso se mantenga fresco durante muchos más días. En otros casos, las mejoras se van produciendo en los productos lácteos o con soja, pues se quitan azúcares, se añaden frutas o se elimina materia grasa. La ausencia absoluta de sal, de colorantes o de conservantes ha pasado a ser también en estos últimos años otra novedad importante en no pocos alimentos. Si paseando tranquilamente pasamos ahora a otra sección del supermercado, la de droguería, los cambios en las fórmulas de los champús, los jabones, los lavavajillas o los detergentes suelen ser, cuando se producen, mucho más radicales, gracias a los trabajos de numerosos expertos y especialistas realizados durante años y años en los mejores laboratorios del mundo, según podemos leer con suma atención en los diferentes envases, aunque al final uno acabe teniendo siempre la impresión de que nuestra piel o nuestra ropa no suelen verse casi nunca excesivamente mejoradas con todos esos cambios. También es cierto que en determinados productos de todas las secciones hay fórmulas que permanecen inalterables, o incluso secretas, como ocurre en el caso de la Coca-Cola, o productos alimenticios en que, no se sabe si por razones económicas o sentimentales, se opta por volver a la fórmula originaria o tradicional, lo que no necesariamente quiere decir que acabe siendo más económica o barata. Fuera ya del supermercado, en nuestra vida cotidiana, nos encontramos cada vez más a menudo con nuevas fórmulas en casi todo, ya sea en los medicamentos que nos venden en las farmacias, en las hortalizas transgénicas que podemos comprar si finalmente nos animamos o incluso en los platos que nos sirven en las pizzerías. Lo único que no parece cambiar nunca son los remedios caseros y las fórmulas de los conjuros amorosos, que durante siglos parecen haber acreditado de forma suficiente o incluso satisfactoria su validez para poder solventar algunos pequeños problemas con poco dinero o para poder ayudar a encontrar al amor de nuestras vidas. Hay también, por último, fórmulas que se vienen buscando igualmente desde hace muchos siglos, como por ejemplo la de cómo llegar a ser rico sin trabajar demasiado o la de cómo poder encontrar la felicidad plena, aunque, seguramente, en ambos casos y en algunos otros semejantes no exista -y lo digo, ay, por experiencia propia- ninguna fórmula definitiva o realmente siempre eficaz.

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05 2010

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  1. Marian #
    1

    Ojalá los Duendes sigan siendo como siempre han sido, divertidos unos, melancólicos la mayoría, que unos días hablen de fútbol o de política, otros de cine, de música, de libros, de la vida, de amor… Cambiar la fórmula no lleva siempre a mejorar el producto.