Enamorarse

Cada cierto tiempo, vuelvo a ver Enamorarse, una de mis películas favoritas, dirigida por el gran Ulu Grosbard y protagonizada por Robert de Niro (Frank) y Meryl Streep (Molly), dos actores que admiro muy profundamente. Frank y Molly se conocerán casualmente en la Librería Rizzoli de Nueva York, poco antes de Navidad, y allí se reencontrarán, de nuevo por casualidad, justo un año después. Entre ambos momentos, los dos vivirán una hermosísima historia de amor, tan bella como contenida, marcada por numerosos obstáculos y algunos miedos y temores, tantos, que los espectadores de la película llegamos a estar casi convencidos de que finalmente unos y otros no podrán llegar a ser superados. El amor entre Frank y Molly va surgiendo poco a poco, lentamente, gracias a sus encuentros casi diarios en el tren, a sus paseos, a sus charlas. Se trata de un amor marcado sin duda por las dudas y por la culpabilidad -cuando se conocen ambos están aún casados-, por sus avances y por sus retrocesos. Cada gesto, por sencillo e insignificante que quizás pudiera parecer a otras personas, tiene aquí un significado muy profundo y especial, un abrazo, un beso, una mirada, una sonrisa, el suave y respetuoso tono de voz en el que se hablan siempre, una llamada de teléfono, el modo en el que ambos se cogen con ternura de las manos… Enamorarse plantea además, como sin querer, algunas cuestiones para mí muy interesantes, como la importancia del azar en nuestras vidas, de cómo, por ejemplo, éstas pueden cambiar por completo sólo por el hecho de haber entrado o no en una librería, aunque lo verdaderamente importante sean quizás las decisiones que vamos tomando nosotros mismos a partir de ese primer encuentro casual, como por ejemplo si queremos ir quedando luego con la persona que de forma inesperada hemos conocido o si, en cambio, consideramos oportuno no verla más, algo que tendrá que ver con nuestras propias circunstancias personales o con nuestra manera de ser, que tal vez, en cierta forma, sean también fruto o dependan igualmente del azar. La película fue rodada en 1984, cuando la pareja protagonista tenía en torno a los cuarenta años de edad. Un cuarto de siglo después, me pregunto qué habrá sido de Frank y de Molly, si seguirán aún juntos, y si es así, si continuarán tan enamorados como entonces. Yo creo en ambos casos que la respuesta sería sí. Incluso es posible que cada año, poco antes de Navidad, visiten la Librería Rizzoli, el lugar donde se conocieron, donde se reencontraron, el lugar donde empezó una historia de amor de verdad.

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05

05 2010

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  1. Tu Admiradora #
    1

    A veces nos resulta más fácil dejar pasar las oportunidades, que arriesgarnos a que alguien nos rompa el corazón. Pero la vida nos pasa cuentas y quizá ese día ya no tengamos opción de arriesgar, por que el tren ya pasó.

  2. postulante a hada #
    2

    Enamorarse…
    Creo que le quiero. No se muy bien si estas palabras salen del fondo de mi corazón o son un pensamiento superficial motivado por la emoción de haberle conocido. Qué es el amor?. No creo que nadie haya sabido definir con exactitud esta pulsión. Es algo que nace de dentro y que se instala en uno de la manera mas absurda que se pueda imaginar, en el momento que menos te lo esperas, con la persona que menos imaginas. Y, de repente, algo sucede. Cuando le ví por primera vez, en el tren, tuve la certeza de que quería estar a su lado eternamente, supe al instante que quería besarle, acariciarle, hacerle el amor hasta caer rendidos…y que él sintiera lo mismo que yo. Creo que lo más difícil del amor es ser igualmente correspondido y sentir que de alguna manera, tú también estás en su pensamiento. Desde que le conozco no duermo igual que antes y al despertar por la mañana siento la terrible inseguridad de que quizá ese sea el día en que todo acabe. Ya lo se, son los primeros días de amor desenfrenado, son nuestros primeros encuentros, furtivos, de forma justificada furtivos, abrir la caja de Pandora sería una forma de abocar este amor al desastre, y que las piezas que caeríamos serían muchas más que ambos. No se que me pasa, me tiembla el pulso cuando sujeto el teléfono le escucho, me siento indecisa y me sorprendo cual adolescente arreglándome para él, únicamente para él. Cuánto deseo verle de nuevo y deseo con locura perderme en sus besos…con esa mezcla de amor que desborda mis sentimientos y fugaces pinceladas de deseo.
    No dejo de imaginar cómo sería mi vida junto a esa persona, ojalá pudiera huir de su lado antes de sufrir su ausencia, por eso me alejé, pensando que eso sería la solución, pero solo lo logré físicamente, me mortifica esta sensación irrefrenable que siento hacia él, me esclaviza, pero a la vez la necesito. Esta es la muestra perfecta de la vorágine que se apodera de alguien cuando siente que el amor hincó por fín sus dientes sin remedio.