Canción triste de Hill Street

Hace unos pocos días, recordaba en esta misma columna algunas de mis series favoritas de televisión de los años sesenta y setenta, y hoy quisiera hablar de tres series de los años ochenta de las que guardo también un muy buen recuerdo, Hill Street Blues (Canción triste de Hill Street), St. Elsewhere (A cor obert) y Lou Grant -que en realidad nació en 1977-, todas ellas producidas por la mítica productora MTM Enterprises, creada a finales de los años sesenta por la actriz Mary Tyler Moore y por quien era su marido entonces, Grant Tinker. Canción triste de Hill Street era ya especial y diferente a cualquier otra serie que yo hubiera visto antes incluso desde sus mismos títulos de crédito, desde sus primeros y bellísimos acordes musicales, con los vehículos de policía circulando por unas calles de Nueva York completamente invernales, frías y lluviosas, lo que en cierta forma nos daba ya un poco la pista de cuál iba a ser el tono general de la serie, al igual que la inolvidable frase “tengan cuidado ahí afuera”. Suele decirse que además de la escuela y de nuestros padres, el cine y la televisión pueden ayudar a educarnos también en un sentido o en otro. Y siempre he creído que eso es completamente cierto. En Canción triste de Hill Street, como en A cor obert o en Lou Grant, se nos planteaban en muchos episodios diversos conflictos, en no pocos casos de carácter ético, que como espectadores nos obligaban a tomar partido por alguna de las posiciones que se defendían o por alguna de las soluciones propuestas. Gracias a esas tres extraordinarias series empezamos a ver también casi por vez primera en la pequeña pantalla la exposición de diversas problemáticas sociales, que hasta entonces eran muy poco frecuentes en las producciones de televisión, fueran del país que fueran, como por ejemplo la violencia de género, la marginación, la pobreza, la xenofobia, la intolerancia, los abusos infantiles, la corrupción en casi todas sus formas o los conflictos familiares graves. De este modo, descubríamos un Nueva York, un Boston o un Los Àngeles completamente diferentes a los que quizás conocíamos hasta entonces. Ideológicamente, estas tres series tenían un planteamiento esencialmente liberal o progresista, en unos años de un fuerte conservadurismo político y moral en Estados Unidos, por lo que nos ofrecían, además, una visión complementaria de la sociedad norteamericana en una década en la que el Partido Republicano parecía estar entonces claramente en mayoría. En el liberalismo progresista norteamericano ha habido siempre un fondo de idealismo y de búsqueda de la justicia social que a mí me ha resultado siempre realmente muy atractivo, el de que por muy dura o muy difícil que pueda ser una situación, casi siempre es posible encontrar finalmente una salida o una solución buena y justa para la mayoría de personas afectadas. Creo que quizás es importante remarcar aquí el “casi siempre”, lo que supone que, por desgracia, a veces existen excepciones y no es posible encontrar una solución. Por ello, en Canción triste de Hill Street, en A cor obert o en Lou Grant, algunos conflictos acababan siendo finalmente irresolubles, de ahí su innegable realismo y su gran trasfondo de verdad, pero para muchos otros conflictos se abría siempre, como mínimo, una pequeña puerta a la esperanza, como la hay también muchas veces en las canciones tristes, en los días grises de lluvia, en los tiernos y melancólicos blues.

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08

05 2010

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