Al atardecer

Me gustan las ciudades al atardecer, con esa luz tan peculiar que nos dice que poco a poco se va acabando ya el día. En primavera, esa misma luz es un poco más clara y prolongada que en invierno, de un color purpúreo o violáceo algo distinto, como si nos dijera que, con un poco de fortuna, el día puede continuar un poco más en otro lugar, con otra luz, que podría ser a la luz de la luna, lo que finalmente puede llegar a ocurrir si hemos tenido tal vez la suerte de que alguien nos invite a una fiesta al aire libre, quizás incluso junto al mar, con música en directo, velas o pequeñas lucecitas de colores decorándolo todo y -por supuesto- un muy buen y selecto ambiente, o si hemos quedado con nuestra familia o con nuestras amistades para cenar, para tomar un helado de fresa o para charlar un ratito mientras paseamos un poco por aquí y un poco por allá. La luz del crepúsculo, tanto la primaveral como la de los largos meses del invierno, es igualmente muy hermosa cuando la podemos contemplar en un cuadro, en una fotografía o en el cine. En una de las mejores y más hermosas secuencias de la nueva versión de Sabrina, que dirigió el gran Sydney Pollack, la joven protagonista (Julia Ormond) le escribe una carta a su padre, que vive en Estados Unidos, al atardecer, sentada en una pequeña y coqueta cafetería de París. “En la acera de enfrente alguien toca ‘La vie en rose’. La tocan para los turistas, pero siempre me sorprende que me conmueva. Sólo en París, donde la luz es rosa, puede tener sentido esa canción. La llevaré conmigo cuando vaya a casa. Y de ahora en adelante la llevaré siempre conmigo a donde quiera que vaya”, escribe Sabrina, mientras una luz profundamente melancólica va envolviendo toda la ciudad. El final de la película -un final feliz- se resolverá, como no podía ser de otra forma, también en la ciudad de la luz, al final del día, de otro hermoso y maravilloso día en la ciudad de París. Si por el momento, y por las razones laborales o sentimentales que sea, nosotros no podemos culminar del mismo modo una historia de amor allí, creo que no debemos de preocuparnos ahora tampoco en exceso, pues vivamos en el lugar en que vivamos, todas las horas, y no sólo las del atardecer, como todas las ciudades del mundo, son siempre buenas, si así nos lo proponemos, para poder soñar, para poder amar, para poder vivir.

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05 2010

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  1. postulante a hada #
    1

    Los antiguos dijeron: “El ahorcado
    no puede descolgarse solo”.
    Pero a la larga la Naturaleza es más fuerte
    que todas sus cuerdas y ataduras.
    Siempre fue así.
    ¿Qué razón hay para descorazonarse?