Agua de lluvia

A finales del pasado año, Javier Urquijo publicó su primer disco en solitario, acompañado por su grupo Ur&Gente, en el que aparece una grabación hasta entonces inédita cantada a dúo con su hermano Enrique, compuesta por el propio Javier y por Jesús Redondo, llamada  Agua de lluvia. La escuché por vez primera ayer, y sólo puedo decir que me gustó muchísimo y que mi alegría y mi emoción fueron además realmente inmensas al tener la oportunidad de poder escuchar una canción nueva en la voz de Enrique Urquijo, una de las personas que, gracias a todo lo bueno que han significado y significan para mí Los Secretos, han sido sin duda más decisivas en mi vida. “Cómplice de un sentimiento/ que me lleva a donde voy./ Extranjero de la noche, nunca pido lo que doy./ Yo reniego y me arrepiento desde antes hasta hoy./ Que es igual, yo soy lo que soy”, dice la primera estrofa. “Un viajero en los caminos del recuerdo y del dolor./ Esperando cada día, con paciencia y con temor./ Podremos ser lo que fuimos,/ todo empieza con amor./ Yo no sé si es lo que te doy”, dice la segunda. Al parecer, se trata de una maqueta que Enrique grabó unas pocas semanas antes de morir, en noviembre de 1999, de un tema que hubiera formado parte del nuevo disco que estaba preparando con Los Problemas. Cada vez que he escuchado un tema inédito de Enrique en estos últimos diez años es como si, por algún extraño y maravilloso prodigio, aún estuviera vivo, como si me lo pudiera encontrar cualquier mañana de primavera o de otoño paseando por las calles del casco antiguo de Madrid, con esa sonrisa extremadamente dulce y tierna melancólica suya. Vuelvo a escucharle ahora, y vuelven aquellas mañanas y aquellas tardes de principios y de finales de los años ochenta, en que todos éramos jóvenes, pop-rockeros y soñadores, incluso quienes empezaban a no serlo ya tanto. Vuelvo a escucharle ahora, y vuelven aquellos años en que la luz del amanecer o del crepúsculo nos parecía distinta, en que la brisa nos parecía mejor y más suave, en que todo nos parecía mejor, aunque a veces sin duda no lo fuera. Vuelvo a escucharle ahora, y vuelvo a recordar la hermosa sensación que tuve al escucharle por vez primera, la hermosa sensación que tuvimos muchos jóvenes al empezar a escuchar sus letras y su música, la sensación de que habíamos dejado de encontrarnos o de sentirnos solos, de que teníamos un nuevo amigo capaz de entendernos y de expresar como nadie lo que muchos de nosotros sentíamos en nuestro interior. Vuelvo a escucharle ahora, y sigue emocionándose mi corazón como lo hacía en aquellos años, en aquellos ya lejanos días, días que en cierto modo eran también un poco como las propias canciones de Enrique, a veces como cálidos e inesperados rayos de sol, a veces como melancólica y dulce agua de lluvia.

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05 2010

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