¡Enhorabuena Atleti!

Hace unos pocos años, se hizo muy popular un anuncio del Atlético de Madrid en el que un niño pequeño le preguntaba a su padre: “Papá, ¿por qué somos del Atleti?”. Y el padre se quedaba pensativo, en silencio, y no sabía qué contestarle. A continuación, aparecía en la pantalla un texto que decía: “No es fácil de explicar. Pero es algo muy, muy grande”. Y, sin duda, debe de ser así. De todos los equipos de fútbol españoles, yo creo que si hay uno que despierta verdaderas simpatías entre los seguidores de otros clubs, este es sin duda el Atlético de Madrid, pues tiene una especie de halo romántico esencial, de equipo que se mueve una y otra vez, sin término medio, entre la grandeza más maravillosa y la fatalidad más absoluta, con una facilidad realmente desconocida en ningún otro club. Nunca sabe uno con qué Atlético de Madrid se encontrará justo antes del inicio de cada partido, si con el mejor o con el peor. Pocas aficiones más sufridas y más sufridoras, en este sentido, que la del Atleti, conjunto capaz de ganar la Liga y la Copa en un mismo año, y de descender a Segunda División poco tiempo después, del mismo modo que puede derrotar al Real Madrid o al Barcelona sin ningún problema en las temporadas en que ambos están intratables, y perder luego numerosos partidos sin que nadie lo pueda realmente explicar. El ejemplo supremo de esa fatalidad de que hablaba antes fue sin duda la final de la Copa de Europa de 1974, cuando Luis Aragonés adelantó a su equipo con un gol de falta en la prórroga, y el Bayern de Munich empató el encuentro a sólo treinta segundos del final. En el partido de desempate, jugado dos días después, los colchoneros perderían por cuatro goles a cero. Recuerdo que vi esas dos finales por televisión, y recuerdo también la profunda tristeza que sentí entonces. A partir de aquel año, empecé a sentir un afecto muy especial hacia el Atleti, que ha continuado vigente e inalterable hasta hoy. Por ello, como mallorquinista, me alegra mucho la cordial relación que existe desde hace años entre el Atlético de Madrid y el Real Mallorca, que se traduce sobre todo en el frecuente intercambio, a través de cesión o de compra, de jugadores de uno a otro club. Además, curiosamente, dos de nuestros -sin ninguna duda- mejores entrenadores, Luis Aragonés y Gregorio Manzano, han dirigido a ambos equipos. En la final de ayer de la UEFA Europa League, el Atlético se adelantó al Fulham por segunda vez en la prórroga, pero ayer pudieron más la magia de Forlán, del ‘Kun’ Agüero, de Àlvaro Domínguez, de Jurado, de De Gea y de todo el equipo, que la fatalidad, y el capitán del equipo, Antonio López, pudo levantar unos minutos después la tan anhelada y ansiada copa. Uno de los grandes artífices de este éxito, el entrenador Quique Sánchez Flores, decía ayer, con la humildad y la sencillez que le caracterizan, que el mérito del triunfo cabía atribuirlo sólo a los jugadores, al mismo tiempo que tuvo también palabras muy hermosas hacia la afición del Atleti, para añadir que uno de los objetivos más bonitos y hermosos del fútbol es “generar felicidad”. Ayer sin duda la generó en todos los seguidores del equipo madrileño, en ese niño y en ese padre de aquel entrañable anuncio, y desde luego también en mí mismo. Así que de verdad y de corazón, ¡Enhorabuena Atleti!

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05 2010

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  1. 1

    ¡Gracias Atleti por hacerme vibrar de emoción!
    Aquí te dejo mi pequeño homenaje
    http://www.youtube.com/watch?v=TIXz5mjdKJs