Vivir sin vivir

A veces vivimos sin quizás vivir realmente, cuando día tras día notamos en nuestro interior una gran carencia, la del calor y la esperanza que dan siempre los sentimientos, ya sea en forma de afecto, de cariño, de aprecio o de amor. Nos levantamos, vamos al trabajo, hablamos con nuestros compañeros y compañeras del trabajo, volvemos a casa, vemos alguna película o leemos un libro o el periódico, quedamos con nuestra familia o con nuestras amistades, vamos de compras o a cenar de vez en cuando -desde hace un tiempo seguramente muy de vez en cuando-, disfrutamos de nuestros días libres o de vacaciones, paseamos, disfrutamos de nuestros hobbys o hacemos quizás un poco de deporte. En apariencia todo va bien, pero sabemos o somos conscientes de que en ocasiones el vacío interior puede llegar a ser realmente abismal, inmenso, muy, muy grande, sobre todo cuando percibimos, quizás injustamente, que nadie a nuestro alrededor podrá llegar a entender o a comprender qué nos está ocurriendo. En esos momentos, cuando a veces un amigo o una amiga nos preguntan qué nos sucede, seguramente nosotros le pediríamos que justo en ese instante nos abrazase fuerte, muy fuerte, para ayudarnos a desvanecer tal vez nuestro miedo, o para evitar quizás que empecemos a llorar sin saber muy bien por qué, o sólo para sentir que realmente formamos parte del mundo, que realmente hay alguien a quien nuestra vida o nosotros mismos no le resultamos del todo por completo indiferentes. Pero rara vez solemos pedir ese tipo de ayuda, ese abrazo sin duda tan necesario y a la vez tan especial, normalmente por un casi inevitable o extremo pudor, para no incomodar con nuestra tristeza o nuestra angustia a la persona que en esos instantes se encuentra a nuestro lado. A veces vivimos sin quizás vivir realmente, o esa es la sensación que podemos llegar a tener día tras día en nuestra vida si, por las razones que sea, no hay junto a nosotros -o no lo hay en la medida suficiente- lo único que de verdad necesitamos para sentirnos de verdad vivos, el calor y la esperanza que dan siempre los sentimientos, el calor y la esperanza que dan siempre el afecto, el cariño, el aprecio o el amor. Sobre todo, el amor.

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04 2010

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  1. Tu Admiradora #
    1

    Cuanta verdad hay en tus palabras, y es que a veces vivir es morir poco a poco por la ausencia del amor en nuestras vidas, y no sólo amor del corazón, de ese que te hace perder la cabeza, sino simplemente amor fraternal, cariño que nos hace falta para seguir adelante, y que como bien tu dices puede ser un simple abrazo o un beso en la frente, que te digan que no estás solo, que hay alguien que puede entender tus inquietudes, o que por lo menos lo intenta, alquien que te diga que no le gusta verte así, que te quiere ver sonriendo, alguien que simplemente tenga el valor de atravesar esa carcasa hielo que nos recubre, nos la quiebre un poco y nos haga sentir que no estamos tan solos como creíamos y aunque solo sea por un instante nos haga salir de nuestra soledad y tristeza. No hace mucho me dieron un abrazo inesperado y no puedo mas que dar las gracias a esa persona que tuvo ese gesto conmigo, mi mundo se hundió por un momento, pero gracias a esa muestra de cariño ahora mi vida se está reconstruyendo con más fuerza. Vivo sin vivir, pero tengo un abrazo que me dice que hay que seguir viviendo.

  2. loli #
    2

    Muchas veces nos cubrimos de una mascara para que los demás no se percaten de nuestros verdaderos sentimientos,pues vivimos en una sociedad muy competitiva y parezca que mostrar sentimientos sea signo de alguién débil,sin personalidad.Sin embargo cada día aumenta más el número de personas que deben tomar ansioliticos para poder dormir y seguir con su vida aparentemente normal,Nadie es perfecto todos tenemos debilidades y frustraciones,compartir esos pensamientos con personas que realmente te quieran por lo que eres es el mejor remedio para combatir estados de ansiedad.

  3. postulante a hada #
    3

    Creo firmemente que el mayor pecado que una persona puede cometer es el de “no vivir”.
    A veces uno vive porque se despierta, porque el doctor dice, después de tomar el pulso que los signos vitales anuncian que estás vivo. A veces uno vive porque así es la vida, porque hay que ´pensionar´. A veces uno vive porque tiene un nombre, un número de cuenta y un carnet de identidad. A veces uno vive porque así le llaman a ese combustible absurdo de moverse por ahí, a veces uno vive porque algunos creen que es abrir los ojos. A veces uno vive porque sobrevive, porque aunque uno no quiera tiene que cargar con uno mismo. A veces uno vive porque se hace fácil respirar el aire y devolver las sobras, a veces uno vive por inercia absurda, vive aunque no tenga ganas de añadirse a todos. Porque estar vivo no lleva implícito el vivir.