Un instante mágico en Brooklyn

En Internet hay una página específica, denominada FilmAffinity, en la que todas las personas que lo desean pueden expresar libremente su opinión sobre películas concretas. De este modo, podemos contar con puntos de vista diferentes a los recogidos de forma regular o habitual en las críticas cinematográficas que podemos encontrar en los distintos periódicos o revistas especializadas. Cada vez que he visto una película que me ha gustado mucho o que ha llamado mi atención por algo en especial, entro luego en dicha página para saber si alguna o varias de las opiniones expresadas previamente coinciden con la mía, y cuando esto sucede, suelo sentir siempre una alegría muy grande. Por mi carácter o mi forma de ser, nunca me han gustado las críticas negativas extremas, aquellas que son incapaces de ver ni siquiera algo mínimamente bueno en una película que quizás es posible que no sea especialmente meritoria en ningún aspecto concreto, pero que, si está hecha con la noble intención de intentar agradar o emocionar de manera sincera a los espectadores, merece ya para mí, aunque sólo sea por ese único motivo, un profundo respeto. Recientemente volví a ver en dvd Mejor… imposible, de James L. Brooks, que ya había visto años atrás en el cine. La mayor parte de valoraciones recogidas sobre dicha película en FilmAffinity son buenas o muy buenas, aunque a mí, personalmente, me parece una película algo irregular en algunos momentos, sobre todo en el desarrollo de la historia de amor entre Melvin (Jack Nicholson) y Carol (Helen Hunt). Aun así, sin duda vale la pena verla y además cuenta, al menos para mí, con una de esas secuencias mágicas y hermosas que consiguen quedarse ya para siempre en nuestra memoria. Casi al final de la película, Melvin se declarará por segunda vez a Carol. Esa secuencia se inicia con los dos paseando por las calles de Brooklyn. Son cerca de las cuatro de la madrugada. Las calles están algo mojadas, quizás ha llovido un poco antes. Nueva York tiene en esos instantes una luminosidad nocturna preciosa y muy especial. Melvin se detiene y Carol también. Él empieza a declararse. En ese momento se levanta una suave e inesperada brisa. Melvin termina de hablar y ambos se besan. Por dos veces. Siguen andando y entran en una panadería que acaba de abrir sus puertas para comprar unos bollitos calientes. Y a continuación tiene lugar un hermoso fundido en negro. Quizás serán felices o quizás no, pero siempre formará parte de sus vidas ese instante mágico que vivieron ambos, y que vivimos en cierta forma también nosotros, en una madrugada preciosa en Brooklyn en que para Melvin y Carol ya para siempre algo cambió.

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04 2010

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