Niños entre contenedores

Desde hace ya varios meses, se repite casi cada día una misma imagen al lado de casa. En las inmediaciones de donde vivo se encuentra un supermercado, y cada tarde, poco antes de que cierre sus puertas, se reúnen familias con niños y algunas personas inmigrantes junto a los contenedores exteriores, para poder buscar en ellos la comida caducada que será depositada luego en su interior. Estoy seguro de que esa imagen se repite en otros puntos de nuestra ciudad y también de muchas otras ciudades del resto de España, con independencia del color político que tengan los respectivos equipos de gobierno municipales. Hay otras imágenes que van siendo también cada vez más comunes en nuestro país, las de personas durmiendo en los cajeros automáticos o pidiendo limosna en la calle, las de los comedores sociales y los centros de acogida cada vez más llenos. Y luego hay imágenes que quizás no vemos directamente, pero que intuimos, las de familias desesperadas porque ninguno de sus integrantes percibe ningún ingreso, las del incremento de los casos de depresión por ese motivo, las de las organizaciones sociales y de determinadas instituciones absolutamente desbordadas ante el incremento exponencial de los casos que deben de atender, las de las lágrimas de las personas que ahora no ven ninguna posible salida a su dificilísima situación laboral y personal. Los niños y las niñas que casi cada tarde veo junto a los contenedores situados enfrente de casa, mientras esperan que sean depositadas las bolsas con comida  juegan y ríen, y corren, y a veces cantan, y nos saludan con sus manitas, y son siempre tratados con respeto y afecto por sus padres. Esa es la verdad. Quizás esos niños y esas niñas sean más queridos por sus padres que otros de familias con más recursos, e incluso es posible que puedan percibir su situación actual no con el dramatismo con que puede hacerlo un adulto, sino casi como una especie de juego más, pero ello no debería de hacernos olvidar que estamos ante familias a las que nadie presta ninguna ayuda en estos momentos. Y ante situaciones como ésta, ¿qué hacemos los medios de comunicación y qué hacen los partidos políticos? Salvo preciosas y maravillosas excepciones, los medios no hablamos nunca de los problemas reales de la gente y no lo hacen tampoco los partidos políticos. Unos y otros estamos siempre demasiado ocupados tratando de influirnos y de presionarnos mutuamente, por ejemplo sobre la presentación de posibles mociones de censura o buscando la filtración de temas sin ningún interés real para la gente, sólo para hacer daño al adversario, a la espera de la próxima encuesta que dirá qué partido sube y cuál baja. En pocos lugares he visto más indiferencia y menos compasión por el sufrimiento real de la gente, por el sufrimiento real de personas concretas, que en las redacciones de los periódicos o en las sedes de los partidos políticos, aunque, como he dicho, haya siempre preciosas y maravillosas excepciones en este sentido, y estoy pensando ahora, por ejemplo, en las propuestas de carácter social que han ido presentando en el actual mandato tanto el equipo de gobierno como la oposición en el Ajuntament de Palma, propuestas que, hay que reconocerlo y valorarlo muy positivamente, han sido una de las mayores prioridades del Grupo Municipal Popular. Es cierto que el mundo es cada vez más complejo y variable, y que la actual crisis económica está siendo mucho más grave y profunda de lo que quizás pensábamos en un principio, pero tal vez por ello mismo, medios de comunicación y partidos políticos deberíamos de revisar quizás cuáles son ahora nuestras prioridades y cambiarlas si llegamos a la conclusión de que es necesario, que en algunos casos yo creo que realmente debería de ser así. Entre esas prioridades creo que debería de estar siempre la de trabajar para que en un futuro lo más inmediato posible no veamos nunca más en nuestro país a niños y niñas buscando comida entre contenedores.

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04 2010

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  1. postulante a hada #
    1

    Hechos, no saberes.
    El profundo, claro y poético pensamiento de San Juan de la Cruz debe acompañarnos siempre y nos debe ayudar, si es necesario a cambiar de conducta: “Al caer de la tarde seremos juzgados sobre el amor”.
    Cuando hablamos de economía parece que funciona por sí sola. Y detrás de la economía social hay personas. Es evidente que hay una crisis de valores: la justicia, la solidaridad, la persona humana por si misma…si la economía no tiene en cuenta estos valores, a favor de qué se pone?. A quién sirve una economía que solo sirve a unos cuantos? Si el hombre es el centro de la acción humana, todo el resto son mediaciones. Y las mediaciones las ponemos al servicio de la persona y no al revés. Hemos de invertir la escala de valores. No es importante que yo tenga mucho, sino que todos tengamos lo necesario para vivir de forma digna. Un aspecto positivo de la crisis es que sociedad ha tomado conciencia. La sociedad se ha asustado. Hemos visto como nos toca de cerca, que, o todos empujamos o no salimos. Hemos aprendido el concepto de ahorro, de austeridad…Pero si no hemos aprendido la lección será triste.
    Es la paradoja de nuestros tiempos. Estábamos acostumbrados a una sociedad con hombres más altos pero de carácter enano, hemos ido y vuelto a la luna pero nos cuesta cruzar la calle para conocer a nuestros vecinos, teníamos más comodidades pero menos tiempo…
    Nos queda lo que dijo Einstein, “sin crisis no hay desafíos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. En ella nace la inventiva, los descubrimientos y las estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado”