Mirarse a los ojos

Los ojos nunca engañan. Observando una mirada podemos descubrir, si tenemos un poco de perspicacia, si la persona que está ante nosotros está triste o alegre, si se encuentra bien o mal, si en su corazón hay bondad o maldad, si sufre o si está enamorada, aunque en este último caso ambas condiciones no suelen ser necesariamente siempre incompatibles. Recuerdo que cuando era niño se decía que los ojos son el espejo del alma, y siempre me pareció una metáfora perfecta y ajustada por completo a la realidad. Hay miradas llenas de ternura, o de melancolía, o de compasión, o de luz, que nos muestran a una buena persona, como las hay también opacas, oscuras, ásperas, profundamente inquietantes, que nos revelan a alguien de quien sin duda conviene alejarse lo más que sea posible. Es curioso lo que sucede con la mirada. Las personas enamoradas no dejan de mirarse continuamente a los ojos, mientras que si alguien que no conocemos nos mira fijamente, nos acaba causando siempre una cierta incomodidad, como también nos provocan un innegable desagrado aquellas personas de las que, en otra imagen metafórica, se dice que nos desnudan o pueden desnudarnos con los ojos. El mejor modo que tiene una persona allegada de saber si hemos hecho algo que no está del todo bien o si no estamos diciendo del todo la verdad es decirnos: “¡Por favor, mírame a los ojos!”. Porque esa persona allegada sabe que si no somos capaces de mirarle a los ojos o de sostenerle la mirada, es que de verdad algo pasa o no va bien. En un reciente pleno municipal del Ajuntament de Palma, la alcaldesa de la ciudad, la socialista Aina Calvo, hablaba en un momento determinado sobre las actuaciones presuntamente irregulares que se habrían llevado a cabo en el pasado mandato. En ese momento, la ex alcaldesa popular Catalina Cirer le dijo a la primera edil que, por favor, cuando hablase de dichas actuaciones le mirase directamente a la cara, sólo a ella, que le sostendría la mirada. Con ello, Catalina Cirer quería decir que, por una parte, se hacía responsable de todo lo ocurrido en el pasado mandato, tanto de lo bueno como de lo malo, y, por otra, y sobre todo, que tenía la conciencia tranquila, porque habría intentado actuar siempre de forma honesta e íntegra. Y yo la creí, sin ninguna sombra de duda. Como la he creído siempre, aunque a veces me haya hecho enfadar mucho -pero mucho, mucho- o yo haya sido crítico o muy crítico con algunas iniciativas realizadas bajo su mandato. Pero para mí, es y sé que será siempre una persona absolutamente honesta e íntegra, como lo son también todas las personas “cireristas”, como lo son del mismo modo Aina Calvo y todas las personas “calvistas”, que admiro igualmente. Los ojos nunca mienten.

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06

04 2010

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  1. loli #
    1

    Pep,si nuestros ojos los impregnamos de paz y amor cuándo hablemos con alguién seguro que recibiremos lo mismo que ofrecemos.Dice un proverbio indio que cuando los ojos se encuentran nace el amor.Nuestros ojos reflejan las pasiones,el temor,las penas,la fidelidad y la traición.Estoy segura que si imitamos la mirada de quién nos transmite paz y serenidad,al cabo de un tiempo reflejaremos esa paz nosotros mismos y nuestro cuerpo estará tranquilo lo mismo que nuestra mente.