Los vencejos

Cada mes de abril, llegan los vencejos a nuestra ciudad, como llegan también a veces algunas cosas buenas a nuestras vidas, de forma imprevista e inesperada. Hace unos días, les escuché por vez primera este año. Y entonces sonreí y me sentí por unos instantes tranquilo y contento, en esos momentos esencialmente sólo gracias a ellos y a su presencia, algo que sin duda merece una breve explicación por mi parte. Los vencejos han tenido desde siempre un poder que seguro que desconocen, el de animarme en mis momentos más bajos o el de hacerme sentir bien ya sólo con percibir su presencia. Tal vez, si llegasen en el otoño en lugar de en la primavera, los asociaríamos con un sentimiento más bien melancólico, y al pensar en ellos pensaríamos también en los paisajes de colores y tonos ocres, o en los días de lluvia, o en las primeras ráfagas inesperadas de aire frío. Pero desde siempre los asociamos a los días felices de la infancia en el tramo final del curso escolar, o a días tibios de sol, aún no demasiado calurosos, o a esa felicidad algo ingrávida que notamos en el ambiente cuando salimos a pasear y parece que ha llegado ya de forma definitiva el buen tiempo, como ocurre desde hace unos pocos días en Palma. Los vencejos contemplan desde el aire la belleza de las ciudades que visitan, aunque quizás no puedan percibir esa belleza, o tal vez sí, sólo que de una forma sin duda algo diferente a la nuestra. Los vencejos parecen siempre felices, y tal vez en el fondo y a su modo lo son, y por eso acaban contagiándonos también a nosotros su dicha y su felicidad. Muchas veces he soñado a lo largo de mi vida que un día empezaría una nueva vida en otra ciudad, entre cuyas candidatas posibles se encuentran ciudades situadas a ambos lados del Atlántico. Los requisitos que debería de reunir esa ciudad ideal soñada creo que en realidad no serían muchos, por ejemplo, que tuviera espacios y jardines hermosos para poder pasear al amanecer o por las tardes, que sus atardeceres fuesen siempre levemente melancólicos, que siempre hubiera algún café recóndito en el que poder refugiarse, que yo pudiera seguir soñando y creyendo que algún día podré llegar a encontrar un poco de serenidad y de paz interior, y que al llegar el mes de abril llegasen también con él mis buenos amigos los vencejos, amigos ya por siempre inseparables.

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04 2010

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  1. postulante a hada #
    1

    Hacia dónde mirabas Pep maría?. Hace semanas que ya están en ciutat.
    Maravilloso! Enhorabuena!.
    Será difícil superar este post :oD