Los primeros cien lectores

En cierta ocasión le oí decir al maestro Andrés Trapiello que los cien primeros lectores de cualquier persona que se dedica a la literatura son los que esa persona debería de intentar cuidar siempre de una forma muy especial. Esos primeros cien lectores -aunque por supuesto pueden ser unos pocos más o unos pocos menos- son los que mejor nos conocen, los que empezaron a leernos casi al mismo tiempo que nosotros empezamos a escribir, los que nos siguen de forma regular desde hace años, los que enseguida se dan cuenta de si estamos bien o no de ánimos o si algo nos pasa. Esos primeros cien lectores nos advierten a veces, a través de cartas o de correos electrónicos, de posibles errores o de reiteraciones, y nos dan también muy oportunos consejos, además de animarnos o de apoyarnos cuando creen que algún día hemos estado especialmente bien, algo que nos provoca siempre una profunda alegría. Un reconocido columnista de este periódico me dijo un día, jactándose de ello, que él tenía lectores y que yo tenía lectoras, comentario que no acabé de entender muy bien, entre otras razones porque carecía de una fundamentación racional y objetiva, y porque además, en mi opinión, rezumaba bastante amargura, así como una innegable misoginia y un evidente machismo. Personalmente, nunca he escrito pensando en que mis columnas iban dirigidas explícitamente sólo a uno o a otro sexo, pues lo único que he pretendido siempre es que fueran lo más interesantes y agradables posibles y que gustasen a todas las personas que las leyeran, fueran hombres o mujeres. Es cierto que muchos ‘duendes’ hablan sobre todo de sentimientos, pero creo que pueden interesar por igual, o al menos es lo que yo de verdad quisiera, a cualquier persona, con independencia de su edad, raza, condición, ideología, religión o sexo. Cuando escribimos una columna o un blog, siempre agradecemos sin duda todos los lectores que tenemos o podemos tener siguiendo nuestros artículos, y nos gusta ver que hay días en que ese número es o puede llegar a ser bastante más elevado que en determinadas jornadas anteriores, pero coincido plenamente con el gran escritor leonés Andrés Trapiello, uno de los autores que más admiro, cuando hace referencia a esos cien primeros lectores que siempre hay que cuidar, que en mi caso serían quizás unos pocos menos. Escribimos para que lo que expresamos guste igualmente a los antiguos y a los nuevos lectores, pero esos cien primeros lectores son los que siempre, siempre, nos gustaría poder conservar.

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04 2010

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