Las cosas sencillas

Las razones por las que leemos -o por las que no lo hacemos- son seguramente siempre muy variadas, sobre todo a partir de cierta edad, cuando ya no tenemos la obligación de tener que hacerlo. Cuando se hace referencia a nuestros hábitos de lectura, normalmente suele pensarse sólo en los libros, pero hay personas que son grandes lectoras y que, sin embargo, no sienten una especial predilección por los libros, sino sobre todo más bien por los periódicos, las revistas o los cómics en su sentido más amplio. Leer es una de esas cosas sencillas que podemos hacer prácticamente todos y que pueden contribuir a hacer mucho mejores nuestras vidas. En unos momentos como los actuales, de tantos cambios e incertidumbres, de tantas tensiones y polémicas más o menos inútiles y estériles, seguramente agradecemos más que nunca tener la posibilidad o la ocasión de poder recurrir a cosas sencillas para intentar encontrar un poco de sosiego y de paz para nuestra alma. A veces tengo la impresión de que aunque en un periodo de tiempo más o menos breve pueda superarse la actual crisis económica, especialmente larga y profunda, el mundo ya no volverá a ser nunca más el mismo, como era apenas hace sólo tres años. Creo que habrá -que de hecho está habiendo ya- cambios muy profundos a todos los niveles. Por ello, cuando veo los asuntos sobre los que un día tras otro gira el actual debate político en nuestro país, suelo entristecerme bastante, pues tanto el PSOE como el PP y el resto de partidos suelen estar centrados, salvo excepciones, en atacar y en intentar machacar al contrario, como si vivieran en otra dimensión, completamente al margen de la realidad y de los problemas reales de la gente. Por desgracia, los medios de comunicación solemos ir también, igualmente salvo excepciones, en esa misma y a mi juicio muy equivocada línea. Por eso, cada vez me siento irremediablemente más y más lejos de unos y de otros, porque su mundo y el mío parecen ser en estos momentos por completo diferentes. Si podemos leer, o pasear, o ver películas, o disfrutar de un día de sol -o de lluvia-, o estar con personas que nos quieren, creo que entonces podemos considerarnos unas personas realmente muy afortunadas. España está pareciéndose cada vez más a aquella Italia de los años setenta y ochenta en permanente crisis institucional y asolada por continuos casos de corrupción que parecían no tener final. Mis esperanzas en los dos grandes partidos y en el resto de formaciones son ya prácticamente inexistentes. Ya apenas me quedan ánimos ni fuerzas para hablar de política. Por suerte, gracias a Dios, aún nos queda, al menos por ahora, la esperanza de poder refugiarnos todavía en las cosas sencillas.

Acerca del autor

admin

Otras entradas por

Sitio web del autor

15

04 2010

La publicación de comentarios está cerrada.