La infelicidad latente

Más allá de las apariencias de una sociedad moderna y en proceso de cambio, y de un país que teóricamente se encuentra entre los más desarrollados del mundo, a veces pienso que sólo con que rascásemos un poquito, encontraríamos en muchísimos casos una gran infelicidad latente -o no tan latente- en gran parte de las personas que se encuentran a nuestro alrededor, incluidos también, seguramente, nosotros mismos. Suelen criticarse con una cierta frecuencia algunos hábitos de ocio de nuestros jóvenes, como por ejemplo la práctica del “botellón”, pero a menudo parece querer olvidarse de manera deliberada que las salidas nocturnas de los fines de semana de muchos adultos bien situados económicamente y aparentemente con buenos empleos, incluidos no pocos periodistas y políticos, consisten, esencialmente, en beber y beber alcohol hasta a veces casi no poder más. Pocas imágenes hay en este sentido más tristes que las de ver a personas que en sus respectivos ámbitos deberían de ser referentes para nuestra sociedad, con la mirada perdida y que incluso a veces parece que apenas pueden mantenerse en pie. Cada vez son más los problemas de alcoholismo y de otros tipos de drogodependencias en todas las franjas de edad, cada vez hay un número mayor de depresiones, motivadas en muchos casos por una soledad inmensa y una absoluta incomunicación, en un mundo laboral cada vez más competitivo, inhumano y despiadado. Si a ello le añadimos una situación de crisis económica profunda que parece que irá remitiendo mucho más lentamente de lo que todos habríamos deseado, nos daremos cuenta de lo agradecidos que tenemos que estar cuando podemos encontrar pequeñas islas o diminutos oasis de felicidad, que pueden ser en algunos casos la propia pareja, o nuestra familia, o dos o tres amistades verdaderas, o las personas que nos respetan y que valoran nuestro trabajo. La jungla salvaje en la que se han convertido el mercado laboral, la lucha política y el mundo económico no mejorarán. Miremos donde miremos, cada vez encontraremos más y más soledad e infelicidad, que además serán ya claramente explícitas y no latentes. Cada vez serán por ello más y más preciados -y también especialmente valiosos- esos pequeños oasis de apoyo y de solidaridad.

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07

04 2010

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  1. Catalina Coll i Marí #
    1

    Tens tota la raó reflecteixes clarament la societat del moment i cal aferrar-nos a les petites coses de la vida per ser cada dia una mica més feliços.

  2. Anònim #
    2

    Josep Maria, llegeixo sempre els teus articles, els trob d’una sinceritat i transmetren una bondat difícil d’imaginar avui per avui. M’ha cridat especialment l’atenció el teu article “La infelicidad latente” perquè m’he sentit molt identificat en tot el que dius, de qualque manera visc les conseqüències del que esmentes. Només vull donar-te l’enhorabona per les teves opinions les quals faig meves la majoria de vegades.