Demasiada presión

Con independencia de la actual situación de crisis económica, desde hace ya varios años creo que se va percibiendo cada vez más una mayor presión a todos los niveles en muchas empresas, presión que en no pocos casos estaría detrás de la mayor parte de bajas por depresión que se solicitan y se conceden, cuyo número poco a poco parece ir en aumento en estos últimos años. Ello explicaría por qué incluso en situaciones de gran incertidumbre laboral como la presente, hay personas que a pesar de contar con un trabajo fijo prefieren arriesgarse a dejar el que tienen en estos momentos para intentar buscar otro, aunque les pueda reportar muchos menos ingresos o no tenga nada que ver con el que han estado desarrollando hasta ahora. Cada vez más se busca la calidad de vida por encima de otros posibles elementos a valorar, como por ejemplo poder contar con un mayor sueldo o con un determinado reconocimiento social. Existe demasiada presión, una presión a menudo injustificada, injustificable y excesiva, en casi todas las empresas de lo que llamamos el primer mundo, el mundo desarrollado, aunque esa misma presión se va trasladando ahora también al resto de países, como si ninguno pudiera quedar ya fuera de una situación de una permanente y al mismo tiempo cada vez más agresiva competitividad. Seguramente, debería de partirse siempre de la base de que aunque no hubiera nunca crisis, que inevitablemente en algún momento siempre la acaba habiendo, habría empresas que funcionarían bien y otras que no. Sin embargo, de forma más o menos sutil se suele actuar siempre como si en realidad todas las empresas pudieran obtener beneficios siempre, y esto es imposible, del mismo modo que es también imposible que en la Liga todos los equipos ganen todos los partidos. Para intentar mantener esa ficción, en los puestos de responsabilidad de muchas grandes empresas se suele elegir de forma creciente a personas a menudo absolutamente insensibles, colocadas allí precisamente por esa insensibilidad suya, que hace que acaten siempre todo lo que les dicen sus superiores, por dolorosas o inhumanas que esas decisiones puedan llegar a ser para el resto de empleados. En definitiva, aunque parezca que en las épocas de bonanza seguimos un camino que nos conduce inexorablemente al progreso, en realidad muchas veces no vamos a ningún lado, a ninguna parte. Las durísimas condiciones laborales actuales, lejos de motivar, están creando personas cada vez más infelices, que buscan en el alcohol o en otro  tipo de drogas o de adicciones, sobre todo durante los fines de semana, algo con lo que intentar olvidar, a mi juicio de forma totalmente equivocada, lo que ha sido una vida especialmente angustiante y angustiosa de lunes a viernes, una vida en la que acaba habiendo siempre, y cada vez más, demasiada presión.

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04 2010

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