Dar lo mejor de nosotros mismos

Siempre he creído que la vida, la vida de cada uno de nosotros mismos, tiene un sentido, incluso en los peores momentos que haya podido vivir, aunque a la vez también he respetado siempre sinceramente la opinión de quienes creen o piensan que esto no sería así. Personalmente, pienso que somos nosotros quienes le damos o le podemos dar sentido a la vida con nuestra forma de ser y de actuar. Por ello, si fuera posible, deberíamos de intentar dar siempre lo mejor de nosotros mismos cada día, para, muy humildemente, intentar que cuando un día nos vayamos, el mundo sea un poquito mejor de lo que era cuando de forma imprevista e inesperada llegamos a él. Hay muchas personas que han conseguido ese objetivo, y sabemos que ha sido así sólo con repasar los grandes nombres que han pasado a la historia de la ciencia, la política, el pensamiento o el arte, pero estoy seguro de que ha habido también a lo largo de la historia millones de personas, la mayor parte de ellas hoy por completo anónimas para nosotros, que han mejorado el mundo de una manera constatable y evidente. A veces, cuando hablamos con algún familiar o con alguna persona amiga, descubrimos como sin querer que en algún momento de su existencia, tal vez pasado o quizás aún reciente, alguien les ayudó de forma desinteresada, tal vez un maestro o una maestra en la infancia o en la adolescencia, un compañero o una compañera de trabajo en un momento de especial dificultad, o simplemente una persona anónima o conocida que les dio un consejo o que les ofreció un poco de afecto o de comprensión cuando más lo necesitaban. En este grupo de personas deberíamos de incluir también, por supuesto, a aquellas que alguna vez nos amaron o que tal nos aman ahora, en estos momentos, o que quizás lo harán en un futuro. Cada persona que actúa así, dando lo mejor de sí misma, nos pasa el testigo de su bondad y de su buen hacer, que nosotros deberíamos de preservar y de pasar luego a su vez a la mayor parte de personas que tuviéramos a nuestro alrededor, y así sucesivamente. La vida, nuestra vida, es siempre extremadamente frágil, aunque a veces lo olvidemos o no seamos del todo conscientes de ello, pero si cada día intentamos dar lo mejor de nosotros mismos a los demás, creo que le habremos dado a la vida su mejor sentido, el de compartir, el de aprender y el de ayudar.

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26

04 2010

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  1. loli #
    1

    Es cierto lo que escribes,cada individuo tiene en su mente y en sus manos la posibilidad de despertar y activar la felicidad o la desdicha,somos nosotros los que con nuestras pequeñas acciones podamos contribuir a que este mundo nuestro sea un poco mejor,más humano y acogedor.Un placer leerte Pep.

  2. Tu Admiradora #
    2

    Creo que es bueno entregar desinteresadamente, aunque ello conlleve ir en contra de lo que dicta la sociedad o lo que se considera a ojos de los demás oportuno.A veces querer actuar de un modo altruista te obliga a hacerlo en secreto, por que hoy no se entiende que se pueda entregar sin esperar algo a cambio, simplemente por amistad, amor o por ver la desesperación en los ojos de alguien que necesita una mano amiga. Quién no ha necesitado alguna vez un gesto desinteresado, una palmada en la espalda, un abrazo o un simple “sigue adelante, vas por el buen camino”? Regalemos cada día un poco de lo mejor de nosotros mismos, siempre hay alguien a nuestro alrededor que lo recogerá con agradecimiento y lo guardará como un pequeño tesoro de mucho valor.

  3. Adriana #
    3

    Cuanta verdad esconden tus palabras!!!Cuanto mejor seria este mundo, si cada uno de nosotros pusiera su pequeño granito de arena. Todos hemos necesitado en algún momento de una palabra,un gesto, un abrazo, y eso ya significa que alguien te esta dando su fuerza para que tu puedas continuar. Los amigos, la familia, esos amores grandes o pequeños, pero imborrables de nuestra vida, son quienes aportan a nuestra existencia la fuerza para continuar. Ahora tu, con estos artículos también esta haciendo tu parte, en este mundo convulcionado y a veces carente de expresiones cariñosas. Sigue asi, yo y muchos más estamos contigo en este camino.

  4. postulante a hada #
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    Creo que tan humano es ser egoísta como ser solidario. E incluso pienso que quien no tiene ambas cosas es un ser inhumano. El problema de nuestros días está en que la inercia social, ese ´dejarse llevar´, nos lleva a ingerir cultura individualista a toda pastilla a través del consumo, la publicidad o incluso del trabajo. Y nos obliga a cortar nuestro sentimiento de solidaridad. Pero incluso en estas circunstancias, la solidaridad nace del amor que todos llevamos dentro, ese sustrato que podemos hacer crecer desde la conciencia de los demás. La solidaridad es, sobre todo, abrirse a la realidad que nos rodea, abrirse a los demás. Y esto supone una doble dirección, de forma que, no se trata únicamente de ayudar, sino también de dejarse ayudar. Su gran ventaja es que multiplica, mientras que el egoísmo divide.
    A veces se dice que sólo los ricos pueden darse el lujo de ser solidarios. La solidaridad no tiene que ver con cuánto tengo, porque no consiste en dar lo que me sobra, sino en dar aquella parte de mí que es imprescindible para que otros. No es únicamente ofrecer bienes. Aquello que es imprescindible para otros puede ser mi tiempo, puede ser el calor del hogar, mis palabras, mi abrazo o incluso mi sonrisa. Y ese es precisamente el secreto del amor solidario, que todos somos ricos en aquello que somos imprescindibles.