Crónica de una moción anunciada

Imaginémonos, por un momento, que no estamos hablando de Palma, sino de cualquier otra ciudad de España. ¿Qué pensaría usted de un partido cuyo presidente territorial quisiera promover fuese como fuese una moción de censura a pesar de saber que al menos la mitad de ediles del Grupo Municipal no la desean? ¿Qué pensaría usted de una dirección regional que aun sabiéndolo y estando además en contra de dicho presidente territorial, no fuese capaz de frenar esa moción de censura? ¿Qué pensaría usted si el partido que ha de dar su apoyo a ese primer partido para la moción de censura se encuentra también dividido y tiene igualmente recelos hacia su presidenta local? ¿Qué pensaría usted si los dos líderes locales de ambos partidos hubieran cerrado ya un principio de acuerdo, en secreto y a espaldas de sus respectivas direcciones, y al mismo tiempo negasen que dicho acuerdo había tenido ya lugar? Gracias a Dios, en este país cada persona puede pensar lo que desee, así que supongo que habría respuestas diversas, pero si alguien quisiera saber qué pienso yo, personalmente, sobre ese asunto, le diría que sentiría vergüenza y asco, sobre todo si, como ocurre en mi caso, en alguna ocasión hubiera votado antes tanto a uno como a otro partido, algo que, por supuesto, tras esa moción de censura ya no volvería a hacer nunca más. Desde que hace ya varios meses, el presidente de la Junta Territorial del PP de Palma, José María Rodríguez, insinuó ya por vez primera la necesidad de un cambio de gobierno en el consistorio palmesano, y desde que la presidenta de UM de Palma, Cristina Cerdó, empezó a atacar al equipo de gobierno del que durante tres años formó parte con una virulencia para mí absolutamente desmedida, la suerte de la actual alcaldesa de la ciudad, la socialista Aina Calvo, estaba ya echada. Era, sin duda, la crónica de una moción anunciada. Sin embargo, pienso también sinceramente que antes de que todo eso pasase, en más de una ocasión sobró cierta prepotencia por parte de algunos ediles del PSOE y del Bloc, como sobraron también algunos comentarios globales de descalificación -cuando no crueles o directamente ofensivos- hacia el PP, cuando era evidente que al menos la mitad del Grupo Municipal Popular estaba llevando a cabo una muy buena labor de oposición, con propuestas a menudo constructivas que de verdad valían la pena. Ojalá el PSOE y el Bloc hubieran actuado en este sentido de otro modo. Quizás porque aún soy algo ingenuo, creí de verdad que la política era también búsqueda del bien común a través del diálogo y del consenso, como creí también que podría haber una profunda “regeneración” en el PP balear con la llegada de José Ramón Bauzá, pero en estos momentos no hay nada que me indique que efectivamente va a ser así, y sí percibo, en cambio, indicios evidentes de que una situación que ya era insostenible a nivel interno, la de una profunda división en el seno del partido en Palma, se va a seguir agravando hasta el final sin que nadie parezca dispuesto a hacer algo por evitarlo. Yo cambiaría ahora el epígrafe con el que he titulado estos ‘duendes’, en el que parafraseaba el título de una de las mejores novelas de Gabriel García Márquez, y utilizaría ahora ese título directamente, para decir que lo que estoy viendo en estos momentos -y no sólo en Palma- es, si nadie lo remedia, la crónica de una muerte anunciada, la muerte de la honestidad y de la decencia en el modo de hacer política, la muerte del sentido crítico y de la búsqueda de la verdad en los medios de comunicación, la muerte de los principales valores de un estado de derecho y, por tanto, también de la democracia.

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04 2010

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  1. miquel melia #
    1

    calvo es la unica persona preparada per aquets moments a l ajuntament anar al devant , esteim demostrant magro politica altre vegada ,

  2. Maria #
    2

    Si m’ho permet, Josep Maria, m’agradaría destacar la darrera part del seu article: ‘la muerte de la honestidad y de la decencia en el modo de hacer política, la muerte del sentido crítico y de la búsqueda de la verdad en los medios de comunicación, la muerte de los principales valores de un estado de derecho y, por tanto, también de la democracia.’
    Vostè ha utilitzat les paraules ‘honestidad, decencia, sentido crítico, estado de derecho, democracia’. I té tota la raò!
    Però, creu sincerament què el qu’ha fet la senyora Calvo de quedar-se en minoria per obra i gracia seva és HONEST, DEMOCRATIC, DECENT…???
    (M’agradaria saber la seva opinió)