Acurrucados

Desde que era pequeño, siempre duermo de lado y acurrucado, y bien tapadito, sobre todo en invierno. Es como si colocado así, de este modo, estuviera algo más protegido de los males o de los miedos que suelen acechar a veces, en la oscuridad de la noche, a nuestro alrededor. Cuando era niño, pensaba que cubriéndome de esa manera, ningún espíritu malo podría hacerme nunca ningún daño, ni aunque quisiera. Y todavía hoy sigo pensando más o menos un poco igual. Antes de dormirme, suelo repasar siempre un poco cómo ha ido el día, y suelo pensar también en las cosas que fueron bien y en las que no lo fueron seguramente tanto. Después, suelo pensar en cómo puede ser tal vez el día siguiente, o en alguna posible gestión que quizás tenga que hacer, o en qué noticias irán siendo las más destacadas o las más importantes conforme vaya pasando la jornada. En ocasiones, suelo preguntarme también qué día hará, sobre todo en las noches en que me he dormido acompañado por el suave sonido de la lluvia. Algunas noches, suelo ilusionarme pensando también en qué película veré quizás al día siguiente, aunque luego, por falta de tiempo, muchas veces no suela ver ninguna, o sólo media, por lo que dejo entonces la otra media para otro momento, el primer momento en que por suerte pueda seguir viéndola. Otros posibles motivos de ilusión son pensar que podré ver tal vez a alguna o algunas de las personas que sé que sinceramente me aprecian, y viceversa, o que podré pasear durante un rato por mi ciudad, sin prisas, serenamente, con calma. Y todos estos pensamientos me ayudan poco a poco a dormirme, por ahora sin la necesidad de tener que contar ovejitas saltando una valla, siempre la misma, de nuestra hipotética y sin duda muy acogedora granja. Seguramente, cada uno de nosotros tiene una manera muy personal y peculiar de dormir, y no sé si esto puede tener que ver un poco o no con nuestra manera de ser. A veces, cuando me pregunto cómo deben de ser las personas que leen los ‘duendes’, pienso en esto o en aquello, en si coincidiremos en nuestra manera de ver la vida o en nuestros gustos literarios, cinematográficos o musicales. Y a veces me da por pensar que muchas de esas personas quizás duerman también como yo, de lado y siempre acurrucados, protegidos así de los miedos o de los espíritus malos, que incluso siendo ya adultos suelen acechar a veces, en la oscuridad de la noche, a nuestro alrededor y que no quisiéramos tener nunca a nuestro lado.

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04 2010

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  1. Adriana #
    1

    Fantastico tu articulo.Digno de “los duendes” Por que eso son,precisamente, los duendes sacan a la luz lo que llevamos dentro, tu,los unos y los otros.Esa intención de protección la tenemos la mayoria, quizas por que en nuestra mente recordamos el tiempo que pasamos en el vientre de nuestra madre, y que protegidos nos sentiamos entonces. Pero la vida es asi, maticez distintos, que muchos , sin saber compartimos, como la forma de cuidarnos de aquello desconocido y a lo cual cada uno le da una forma especial. Vuelvo a decirte Genial! te expresas en nuestra misma lengua , la de los sentidos, y eso son realmente los duendes.