Archivo de abril, 2010

Andrés Trapiello

Uno de los escritores por los que siento mayor admiración es el maestro Andrés Trapiello, como saben bien los lectores más fieles de esta columna. Esta semana, he comprado Troppo vero (Editorial Pre-Textos), que es el más reciente volumen de los dieciséis que hasta ahora lleva editados de sus diarios, reunidos todos ellos bajo el epígrafe de Salón de pasos perdidos. He empezado a leer ya este último libro, y en él voy encontrando de nuevo todo lo que ha hecho que desde la primera vez que leí a Andrés Trapiello, hace ya veinte años, sintiera que estaba leyendo a un gran escritor, un escritor con el que además podía identificarme plenamente con su manera de ver y de entender el mundo y todas las cosas que en él hay. Una vez más, el gran autor leonés nos habla de su familia, de su mujer, de pequeñas anécdotas cotidianas, de algún viaje, de sus amigos, de los que sin duda no lo son, del Rastro, del Retiro, de las calles y de las gentes de Madrid, de sus paseos por la ciudad, de su melancólica melancolía, de su amado Juan Ramón Jiménez, de arte, de literatura, de la vida, sobre todo de la vida, y de todas aquellas cosas, grandes o pequeñas, que hacen que la vida, la vida de cada uno de nosotros, acabe valiendo siempre la pena. Una escritora y amiga a la que también admiro muy profundamente, Neus Canyelles, afirmó en cierta ocasión que “leemos para vivir, para poder vivir”.  Y creo sin ninguna duda que es verdad, al menos en el caso de Andrés Trapiello, de Neus Canyelles, de otros grandes escritores y escritoras que conozco, de algunos familiares y amigos, y, en fin, de uno mismo. En la literatura, como también en el cine, podemos conocer y contemplar otras vidas, con las que a veces nos podemos  identificar o sentir como muy próximas, mientras que en otras ocasiones puede ocurrir lo contrario, pero tanto en un caso como en otro, los libros y las películas nos ayudan siempre a entender un poco mejor la vida y también a entendernos al mismo tiempo un poco mejor a nosotros mismos, aunque seguramente nunca acabemos de entendernos del todo. Los mejores libros, las mejores películas, nos ayudan también a que nos sintamos un poco menos solos, es como si alguien nos diera un abrazo justo en el momento en el que más lo necesitamos, y sintiéramos además que ese alguien es capaz de verdad de llegar a entendernos. Así son las mejores novelas, los mejores poemas, los mejores artículos y ensayos. Así son los libros del dichosamente melancólico maestro Andrés Trapiello.

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04 2010

Ocho personas justas

El pasado martes, los catorce ediles del PP del Ajuntament de Palma se reunieron para hablar sobre la moción de censura que el presidente de la Junta Territorial, José María Rodríguez, y sus seguidores llevan meses preparando de espaldas a la mayor parte de dichos ediles y de su propio partido. Ocho regidores y regidoras se mostraron contrarios a una posible moción, incluidos Catalina Cirer y quienes le son leales, y los seis restantes se mostraron favorables a intentar desbancar ahora a la socialista Aina Calvo de la Alcaldía de la ciudad. Como ciudadano de Palma y como persona que hace tres años votó la lista encabezada por Cirer, siempre estaré agradecido a esas ocho personas justas, a esas ocho personas buenas, que votaron en contra de la moción de censura, porque son ellas, como escribí en unos ‘duendes’ anteriores –Golpe de Estado en Palma-, las que “hasta ahora están salvando la dignidad democrática y manteniendo la honestidad de un partido que en la capital balear está en caída libre desde que está controlado de nuevo por los rodriguistas”. ¿Cuál fue la reacción de Rodríguez y de sus seguidores ante esa votación sin duda absolutamente contraria a sus fines? Pues nada más y nada menos que filtrar ayer al mediodía una noticia absoluta y rotundamente falsa a un medio de comunicación digital, en concreto, que el presidente del PP balear, José Ramón Bauzá, y el presidente de UM, Josep Melià, habían alcanzado ya un acuerdo definitivo para presentar la moción de censura en Palma. La alarma creada entre la mayoría de ediles del Grupo Municipal Popular de Palma fue tan grande, que Bauzá se reunió por la tarde de urgencia con el portavoz del PP en Cort, Julio Martínez, y con Cirer, para decirles que era absolutamente falso que hubiera ya un acuerdo. Si la mayoría de ediles del PP no quieren la moción de censura y la dirección del partido tampoco la ve aún clara, pero pese a ello Rodríguez y sus seguidores la dan ya por segura y dicen que se hará, ¿cómo calificarían ustedes este hecho? Yo, muy humildemente, lo calificaría como “Golpe de Estado”, además de un intento de manipulación sin precedentes, que, al menos para mí, debería de suponer como mínimo la apertura de un expediente disciplinario en el seno del PP balear, porque si siendo de una gravedad extrema lo que pasó ayer, no se hizo nada, me pregunto qué será lo siguiente que veamos, ¿una conspiración para intentar derrocar y acabar con Bauzá?, ¿la eliminación de Cirer y de los cireristas?, ¿el asalto armado a la Alcaldía? Llegados a este punto, quiero contestar a una persona que bajo el pseudónimo ‘Incitatus’ ha hecho un comentario a los ‘duendes’ titulados Golpe de Estado en Palma. Ese lector, sin ninguna duda rodriguista, me pregunta si soy periodista y si soy representante de los medios de comunicación, y mi respuesta es que sí. A continuación, ese mismo lector pone en duda que yo sepa -como de verdad sé- que los rodriguistas filtran noticias -por llamarlas de alguna manera- de forma interesada, y me pregunta que cómo lo sé y también quién me “filtra” lo que dicen y opinan “los cireristas”. Como gracias a Dios el nuestro no es un estado policial ni dictatorial, al menos que yo sepa, y como no me gusta que alguien que se ampara en el anonimato pretenda someterme a un “tercer grado” intentando vulnerar todas las reglas mínimas de cualquier estado de derecho, me permitirá ese lector que no le conteste. Más adelante me pregunta si yo soy realmente “tan simple” de dividir el mundo entre “buenos” -Cirer y sus seguidores- y “antidemocráticos” -Rodríguez y sus seguidores-. Yo no suelo contestar nunca cuando alguien me insulta o intenta ofenderme o menospreciarme, pero en este caso haré una excepción, porque mi familia me enseñó que hay que intentar ser siempre respetuoso y educado, incluso -o sobre todo- con quienes no lo son. Mi respuesta sería que si todas aquellas personas que de buena fe -y por supuesto absolutamente demócratas- que confían en Rodríguez conocieran la realidad de cómo ha estado promoviendo la moción de censura, con la inestimable colaboración de la presidenta de UM de Palma, Cristina Cerdó, no digo que pasarían a ser cireristas de inmediato, pero desde luego, al menos en mi humilde opinión, dejarían de ser rodriguistas al momento. Por último, dicho lector me pide que, por favor, “no ponga en tela de juicio lo que libremente han elegido los militantes del Partido Popular, porque cuando llama antidemocrático a Rodríguez, también se lo está llamando a quienes le votaron”. Yo nunca he puesto en tela de juicio lo que libremente han elegido los militantes del PP, y nunca lo haría, y, por tanto, no estoy de acuerdo con su conclusión final, pero es sólo mi humilde opinión, la de una persona “simple”, como ese mismo lector me califica. Como es también mi humilde opinión que gracias a esas ocho personas justas y buenas del Grupo Municipal Popular del consistorio palmesano de las que hablé al principio de estos ‘duendes’, la democracia sigue siendo aún democracia en Palma.

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04 2010

Niños entre contenedores

Desde hace ya varios meses, se repite casi cada día una misma imagen al lado de casa. En las inmediaciones de donde vivo se encuentra un supermercado, y cada tarde, poco antes de que cierre sus puertas, se reúnen familias con niños y algunas personas inmigrantes junto a los contenedores exteriores, para poder buscar en ellos la comida caducada que será depositada luego en su interior. Estoy seguro de que esa imagen se repite en otros puntos de nuestra ciudad y también de muchas otras ciudades del resto de España, con independencia del color político que tengan los respectivos equipos de gobierno municipales. Hay otras imágenes que van siendo también cada vez más comunes en nuestro país, las de personas durmiendo en los cajeros automáticos o pidiendo limosna en la calle, las de los comedores sociales y los centros de acogida cada vez más llenos. Y luego hay imágenes que quizás no vemos directamente, pero que intuimos, las de familias desesperadas porque ninguno de sus integrantes percibe ningún ingreso, las del incremento de los casos de depresión por ese motivo, las de las organizaciones sociales y de determinadas instituciones absolutamente desbordadas ante el incremento exponencial de los casos que deben de atender, las de las lágrimas de las personas que ahora no ven ninguna posible salida a su dificilísima situación laboral y personal. Los niños y las niñas que casi cada tarde veo junto a los contenedores situados enfrente de casa, mientras esperan que sean depositadas las bolsas con comida  juegan y ríen, y corren, y a veces cantan, y nos saludan con sus manitas, y son siempre tratados con respeto y afecto por sus padres. Esa es la verdad. Quizás esos niños y esas niñas sean más queridos por sus padres que otros de familias con más recursos, e incluso es posible que puedan percibir su situación actual no con el dramatismo con que puede hacerlo un adulto, sino casi como una especie de juego más, pero ello no debería de hacernos olvidar que estamos ante familias a las que nadie presta ninguna ayuda en estos momentos. Y ante situaciones como ésta, ¿qué hacemos los medios de comunicación y qué hacen los partidos políticos? Salvo preciosas y maravillosas excepciones, los medios no hablamos nunca de los problemas reales de la gente y no lo hacen tampoco los partidos políticos. Unos y otros estamos siempre demasiado ocupados tratando de influirnos y de presionarnos mutuamente, por ejemplo sobre la presentación de posibles mociones de censura o buscando la filtración de temas sin ningún interés real para la gente, sólo para hacer daño al adversario, a la espera de la próxima encuesta que dirá qué partido sube y cuál baja. En pocos lugares he visto más indiferencia y menos compasión por el sufrimiento real de la gente, por el sufrimiento real de personas concretas, que en las redacciones de los periódicos o en las sedes de los partidos políticos, aunque, como he dicho, haya siempre preciosas y maravillosas excepciones en este sentido, y estoy pensando ahora, por ejemplo, en las propuestas de carácter social que han ido presentando en el actual mandato tanto el equipo de gobierno como la oposición en el Ajuntament de Palma, propuestas que, hay que reconocerlo y valorarlo muy positivamente, han sido una de las mayores prioridades del Grupo Municipal Popular. Es cierto que el mundo es cada vez más complejo y variable, y que la actual crisis económica está siendo mucho más grave y profunda de lo que quizás pensábamos en un principio, pero tal vez por ello mismo, medios de comunicación y partidos políticos deberíamos de revisar quizás cuáles son ahora nuestras prioridades y cambiarlas si llegamos a la conclusión de que es necesario, que en algunos casos yo creo que realmente debería de ser así. Entre esas prioridades creo que debería de estar siempre la de trabajar para que en un futuro lo más inmediato posible no veamos nunca más en nuestro país a niños y niñas buscando comida entre contenedores.

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04 2010

Crónica de una moción anunciada

Imaginémonos, por un momento, que no estamos hablando de Palma, sino de cualquier otra ciudad de España. ¿Qué pensaría usted de un partido cuyo presidente territorial quisiera promover fuese como fuese una moción de censura a pesar de saber que al menos la mitad de ediles del Grupo Municipal no la desean? ¿Qué pensaría usted de una dirección regional que aun sabiéndolo y estando además en contra de dicho presidente territorial, no fuese capaz de frenar esa moción de censura? ¿Qué pensaría usted si el partido que ha de dar su apoyo a ese primer partido para la moción de censura se encuentra también dividido y tiene igualmente recelos hacia su presidenta local? ¿Qué pensaría usted si los dos líderes locales de ambos partidos hubieran cerrado ya un principio de acuerdo, en secreto y a espaldas de sus respectivas direcciones, y al mismo tiempo negasen que dicho acuerdo había tenido ya lugar? Gracias a Dios, en este país cada persona puede pensar lo que desee, así que supongo que habría respuestas diversas, pero si alguien quisiera saber qué pienso yo, personalmente, sobre ese asunto, le diría que sentiría vergüenza y asco, sobre todo si, como ocurre en mi caso, en alguna ocasión hubiera votado antes tanto a uno como a otro partido, algo que, por supuesto, tras esa moción de censura ya no volvería a hacer nunca más. Desde que hace ya varios meses, el presidente de la Junta Territorial del PP de Palma, José María Rodríguez, insinuó ya por vez primera la necesidad de un cambio de gobierno en el consistorio palmesano, y desde que la presidenta de UM de Palma, Cristina Cerdó, empezó a atacar al equipo de gobierno del que durante tres años formó parte con una virulencia para mí absolutamente desmedida, la suerte de la actual alcaldesa de la ciudad, la socialista Aina Calvo, estaba ya echada. Era, sin duda, la crónica de una moción anunciada. Sin embargo, pienso también sinceramente que antes de que todo eso pasase, en más de una ocasión sobró cierta prepotencia por parte de algunos ediles del PSOE y del Bloc, como sobraron también algunos comentarios globales de descalificación -cuando no crueles o directamente ofensivos- hacia el PP, cuando era evidente que al menos la mitad del Grupo Municipal Popular estaba llevando a cabo una muy buena labor de oposición, con propuestas a menudo constructivas que de verdad valían la pena. Ojalá el PSOE y el Bloc hubieran actuado en este sentido de otro modo. Quizás porque aún soy algo ingenuo, creí de verdad que la política era también búsqueda del bien común a través del diálogo y del consenso, como creí también que podría haber una profunda “regeneración” en el PP balear con la llegada de José Ramón Bauzá, pero en estos momentos no hay nada que me indique que efectivamente va a ser así, y sí percibo, en cambio, indicios evidentes de que una situación que ya era insostenible a nivel interno, la de una profunda división en el seno del partido en Palma, se va a seguir agravando hasta el final sin que nadie parezca dispuesto a hacer algo por evitarlo. Yo cambiaría ahora el epígrafe con el que he titulado estos ‘duendes’, en el que parafraseaba el título de una de las mejores novelas de Gabriel García Márquez, y utilizaría ahora ese título directamente, para decir que lo que estoy viendo en estos momentos -y no sólo en Palma- es, si nadie lo remedia, la crónica de una muerte anunciada, la muerte de la honestidad y de la decencia en el modo de hacer política, la muerte del sentido crítico y de la búsqueda de la verdad en los medios de comunicación, la muerte de los principales valores de un estado de derecho y, por tanto, también de la democracia.

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04 2010

Dar lo mejor de nosotros mismos

Siempre he creído que la vida, la vida de cada uno de nosotros mismos, tiene un sentido, incluso en los peores momentos que haya podido vivir, aunque a la vez también he respetado siempre sinceramente la opinión de quienes creen o piensan que esto no sería así. Personalmente, pienso que somos nosotros quienes le damos o le podemos dar sentido a la vida con nuestra forma de ser y de actuar. Por ello, si fuera posible, deberíamos de intentar dar siempre lo mejor de nosotros mismos cada día, para, muy humildemente, intentar que cuando un día nos vayamos, el mundo sea un poquito mejor de lo que era cuando de forma imprevista e inesperada llegamos a él. Hay muchas personas que han conseguido ese objetivo, y sabemos que ha sido así sólo con repasar los grandes nombres que han pasado a la historia de la ciencia, la política, el pensamiento o el arte, pero estoy seguro de que ha habido también a lo largo de la historia millones de personas, la mayor parte de ellas hoy por completo anónimas para nosotros, que han mejorado el mundo de una manera constatable y evidente. A veces, cuando hablamos con algún familiar o con alguna persona amiga, descubrimos como sin querer que en algún momento de su existencia, tal vez pasado o quizás aún reciente, alguien les ayudó de forma desinteresada, tal vez un maestro o una maestra en la infancia o en la adolescencia, un compañero o una compañera de trabajo en un momento de especial dificultad, o simplemente una persona anónima o conocida que les dio un consejo o que les ofreció un poco de afecto o de comprensión cuando más lo necesitaban. En este grupo de personas deberíamos de incluir también, por supuesto, a aquellas que alguna vez nos amaron o que tal nos aman ahora, en estos momentos, o que quizás lo harán en un futuro. Cada persona que actúa así, dando lo mejor de sí misma, nos pasa el testigo de su bondad y de su buen hacer, que nosotros deberíamos de preservar y de pasar luego a su vez a la mayor parte de personas que tuviéramos a nuestro alrededor, y así sucesivamente. La vida, nuestra vida, es siempre extremadamente frágil, aunque a veces lo olvidemos o no seamos del todo conscientes de ello, pero si cada día intentamos dar lo mejor de nosotros mismos a los demás, creo que le habremos dado a la vida su mejor sentido, el de compartir, el de aprender y el de ayudar.

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04 2010

Yo no firmaría

El presidente del PP balear, José Ramón Bauzá, ha venido reiterando a lo largo de estas últimas semanas que su partido no estaba dispuesto a gobernar “a cualquier precio”, y, sinceramente, cada vez que lo ha dicho yo le he creído. Sin embargo, si finalmente tiene lugar la moción de censura en Palma, pienso que a lo mejor es cierto que el PP volverá a gobernar quizás no “a cualquier precio”, pero sí desde luego, al menos en mi opinión, pagando un precio demasiado alto, al menos para mí. Porque si en las próximas semanas vuelve el PP a gobernar en Palma, será al precio de haber llegado a un acuerdo con UM del que nunca llegaremos a conocer todos los detalles, la “letra pequeña”, lo que de verdad importa. Nunca. Resulta cuando menos curioso o llamativo que se haya vuelto a hablar de nuevo de la moción de censura y que haya ahora tantísimas prisas para intentar presentarla, justo en el momento en que han empezado a aparecer, cuando menos, indicios de una gestión en el IMFOF no todo lo transparente que al parecer debería de haber sido y a la vez problemas laborales y económicos en Emaya. Si el PP vuelve al equipo de gobierno en Palma, no tengo la menor duda de que se auditarán las actuaciones realizadas en las áreas que han estado bajo el control del PSOE o del Bloc, a lo cual no hay nada que objetar, y que, en cambio, esto no se hará en las áreas que controlaba UM, lo cual me parece de una gravedad extrema, además de darnos ya algunas pistas sobre los puntos secretos u oscuros del acuerdo al que han llegado o están a punto de llegar el presidente de la Junta Territorial del PP de Palma, José María Rodríguez, y la presidenta de UM de Palma, Cristina Cerdó. También resulta cuando menos curioso o llamativo que Rodríguez haya acabado aceptando finalmente que Catalina Cirer pudiera ser la persona que reemplazaría a Aina Calvo al frente de la Alcaldía, algo de lo que por cierto Cirer tuvo conocimiento sólo por los medios, cuando es público y notorio que Rodríguez no quería en ningún caso que Cirer volviera a ser la alcaldesa, entre otras razones porque Rodríguez y sus seguidores llevan años haciéndole a Cirer todo el daño que pueden y más, de todas las formas posibles, imaginables e inimaginables. Si ese pacto entre el PP y UM se produce, será al precio de que yo nunca más vuelva a votar a ninguna de ambas formaciones, bajo ninguna circunstancia, será al precio de que durante varios meses esta ciudad quede paralizada debido al parón momentáneo que supone siempre cualquier cambio en un equipo de gobierno, será al precio de que Cirer y los regidores y regidoras cireristas, los únicos íntegros y honestos del actual Grupo Municipal Popular, los únicos por quien yo pondría sin ninguna duda la mano en el fuego, sufran hasta 2011 un desgate personal, político y anímico brutal y sin precedentes, que en ningún caso se merecen, mientras Rodríguez y sus seguidores -llenos de dicha y felicidad- volverán a actuar como solían, intentando controlar entre bambalinas el Ajuntament, y si pueden también todos los medios de comunicación y la ciudad. Si yo fuera ahora regidor del PP en Palma no firmaría la moción de censura, y le pediría a Catalina Cirer y a quienes aún le son leales que, por favor, tampoco la firmasen, por todas las razones que acabo de citar. Siempre es posible decir “no” en cada circunstancia de la vida ante algo con lo que no estamos de acuerdo o que consideramos injusto, siempre es posible, dificilísimo y arriesgado en algunas ocasiones, incluso a veces hasta el límite, es cierto, pero siempre es posible. Yo no soy un fiscal ni un juez, ni estoy en posesión de la verdad absoluta. Mis opiniones son sólo eso, opiniones mías, y pueden estar equivocadas, y en no pocas ocasiones la experiencia me ha demostrado que, efectivamente, lo estaban, y entonces he rectificado públicamente o he pedido sentidas y sinceras disculpas, dependiendo de cada caso. Si Catalina Cirer y quienes aún le son leales firman finalmente la moción de censura, estoy seguro de que será sólo porque en conciencia creen que es lo mejor para la ciudad, para quienes les votaron y para el partido del que forman parte. Y eso es algo que siempre entenderé y respetaré, siempre, pueda o no estar yo de acuerdo. Es sólo que viendo el elevadísimo precio que, a mi juicio, habrá que pagar por ese cambio de gobierno en el Ajuntament de Palma, si yo fuera regidor del PP, y en las actuales circunstancias, de verdad, no firmaría.

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04 2010

Golpe de Estado en Palma

En las elecciones municipales de 2007, voté por vez primera en Palma al PP. Nunca antes le había votado, pero hace tres años consideré que la labor realizada en el pasado mandato por el equipo liderado por la popular Catalina Cirer había sido, al menos para mí, muy notable en líneas generales. Nunca me he arrepentido de ese voto, pero es cierto que algunas de las cosas que todos hemos conocido después, me llevaron a la convicción, ya casi desde el inicio del actual mandato, de que lo mejor para la ciudad había sido, paradójicamente, que Aina Calvo pasase a ser la nueva alcaldesa. Y sigo manteniendo esa convicción, que se vio reforzada cuando José María Rodríguez salió elegido presidente de la Junta Territorial del PP de Palma, momento en que para mí este partido entró en una deriva absoluta en la capital balear, deriva que lo está llevando irremediablemente al abismo, un abismo en el que todos los ciudadanos podemos vernos finalmente envueltos -incluidos quienes votamos al PP- si se acaba consumando la moción de censura que se está planeando, que en los términos en que se ha estado preparando yo calificaría de auténtico “golpe de Estado”. Una moción de censura es un elemento perfectamente legítimo y democrático para que pueda haber un cambio de gobierno en cualquier institución, incluida por supuesto el consistorio palmesano, pero para mí ha de reunir una serie de requisitos básicos, esenciales e imprescindibles, que en ningún caso se estarían dando en este caso. José María Rodríguez y Cristina Cerdó -presidenta de UM en Palma- llevan meses reuniéndose en secreto, a espaldas de las direcciones de sus respectivos partidos, para preparar la moción de censura. No creo que pueda haber en el mundo mayor deslealtad hacia un partido y hacia esa ciudadanía que ambos dicen defender. Además, la mayor parte de regidores y regidoras del PP del Ajuntament de Palma, incluida Catalina Cirer, se están enterando por los medios de comunicación -¡por los medios de comunicación!- de todos los pasos que están dando Rodríguez y sus seguidores para intentar desalojar por la fuerza a Calvo de la Alcaldía, porque Rodríguez no les dice nada y les oculta información a esos mismos regidores y regidoras populares, que son los que, gracias a Dios, no quieren que haya una moción de censura en Palma, los que hasta ahora están salvando la dignidad democrática y manteniendo la honestidad de un partido que en la capital balear está en caída libre desde que está controlado de nuevo por los rodriguistas. Rodríguez y sus seguidores están actuando ahora de nuevo como han actuado siempre, filtrando informaciones de forma interesada a todos los medios, en este caso concreto para intentar poner contra las cuerdas a la actual dirección regional de su partido. Rodríguez y sus seguidores llevan décadas queriendo que los periodistas sean únicamente simples escribas de sus designios, pero por fortuna no todos lo son. Las mayores críticas contra Rodríguez y sus seguidores a lo largo de estos años no las he escuchado desde las filas del PSOE o del Bloc, sino desde las del propio PP. Y creo que no hace falta decir ni explicar por qué. Esa es la realidad. Esa es la verdad. Si el presidente del PP balear, José Ramón Bauzá, y el presidente de UM, Josep Melià, dan finalmente luz verde a la moción de censura en Palma, habrán muerto en ese mismo instante -y para siempre- los deseos de “regeneración” y de “refundación” expresados respectivamente por ambos líderes semanas atrás, y ya nunca más volveré a creer ni a confiar en ambos partidos. Nunca más. Es cierto que en Palma hay un equipo de gobierno en minoría desde hace dos meses, un equipo que a veces hace cosas bien, otras regular y otras mal -como todos los equipos-, pero en absoluto la ciudad está paralizada, como afirman Rodríguez y sus seguidores, y además es un equipo de gobierno unido, algo que no ocurriría con un equipo del PP en las actuales circunstancias, en donde mi admirada Catalina Cirer y quienes aún le son leales, que admiro igualmente, sufrirían lo indecible -política y humanamente- en los doce meses que restan de mandato, con Rodríguez y sus seguidores actuando siempre a traición, con deslealtad y en la sombra. Hace tres años, voté a Cirer y al PP, y votaría de nuevo cualquier lista en la que estuviera ella -siempre y cuando no hubiera rodriguistas, claro-, porque es una persona íntegra, preparada y honesta, como lo son también todos los cireristas, pero mi deseo como ciudadano en estos momentos es que Calvo continúe como alcaldesa hasta 2011, y defenderé ese deseo siempre que pueda y donde haga falta. Personalmente, cualquier otra posible opción en estos momentos sería para mí profundamente antidemocrática, y en ningún caso quiero ser partícipe de ella. Cualquier otra opción supondría, al menos para mí y en las actuales circunstancias, un auténtico “golpe de Estado” en Palma.

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04 2010

Demasiada presión

Con independencia de la actual situación de crisis económica, desde hace ya varios años creo que se va percibiendo cada vez más una mayor presión a todos los niveles en muchas empresas, presión que en no pocos casos estaría detrás de la mayor parte de bajas por depresión que se solicitan y se conceden, cuyo número poco a poco parece ir en aumento en estos últimos años. Ello explicaría por qué incluso en situaciones de gran incertidumbre laboral como la presente, hay personas que a pesar de contar con un trabajo fijo prefieren arriesgarse a dejar el que tienen en estos momentos para intentar buscar otro, aunque les pueda reportar muchos menos ingresos o no tenga nada que ver con el que han estado desarrollando hasta ahora. Cada vez más se busca la calidad de vida por encima de otros posibles elementos a valorar, como por ejemplo poder contar con un mayor sueldo o con un determinado reconocimiento social. Existe demasiada presión, una presión a menudo injustificada, injustificable y excesiva, en casi todas las empresas de lo que llamamos el primer mundo, el mundo desarrollado, aunque esa misma presión se va trasladando ahora también al resto de países, como si ninguno pudiera quedar ya fuera de una situación de una permanente y al mismo tiempo cada vez más agresiva competitividad. Seguramente, debería de partirse siempre de la base de que aunque no hubiera nunca crisis, que inevitablemente en algún momento siempre la acaba habiendo, habría empresas que funcionarían bien y otras que no. Sin embargo, de forma más o menos sutil se suele actuar siempre como si en realidad todas las empresas pudieran obtener beneficios siempre, y esto es imposible, del mismo modo que es también imposible que en la Liga todos los equipos ganen todos los partidos. Para intentar mantener esa ficción, en los puestos de responsabilidad de muchas grandes empresas se suele elegir de forma creciente a personas a menudo absolutamente insensibles, colocadas allí precisamente por esa insensibilidad suya, que hace que acaten siempre todo lo que les dicen sus superiores, por dolorosas o inhumanas que esas decisiones puedan llegar a ser para el resto de empleados. En definitiva, aunque parezca que en las épocas de bonanza seguimos un camino que nos conduce inexorablemente al progreso, en realidad muchas veces no vamos a ningún lado, a ninguna parte. Las durísimas condiciones laborales actuales, lejos de motivar, están creando personas cada vez más infelices, que buscan en el alcohol o en otro  tipo de drogas o de adicciones, sobre todo durante los fines de semana, algo con lo que intentar olvidar, a mi juicio de forma totalmente equivocada, lo que ha sido una vida especialmente angustiante y angustiosa de lunes a viernes, una vida en la que acaba habiendo siempre, y cada vez más, demasiada presión.

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04 2010

Las noticias

Cada vez pasan más cosas en el mundo, o esa es la impresión que solemos tener nosotros en no pocas ocasiones, aunque al mismo tiempo el espacio que se dedica cada día a la totalidad de las noticias suele ser más o menos idéntico en todos los telediarios y en todos los periódicos, que además -a raíz de la actual crisis- suelen utilizar ahora cada vez menos papel. De este modo, se nos acaban contando normalmente más cosas en menos espacio o en menos páginas, o si se opta porque sea el mismo número de cosas, ello suele ser a costa de que algunas noticias que en otro momento hubiéramos considerado como muy importantes se acaben quedando fuera. Si a ello le añadimos que cada medio de comunicación suele dar su propio enfoque de cada hecho o acontecimiento, que a veces es un enfoque extremadamente propio, sobre todo cuando se trata de noticias relacionadas con la política, es posible que se dé la paradoja de que hoy en día estemos un poco peor informados que hace tan sólo, por ejemplo, tres o cuatro años, un poco antes del inicio de la actual crisis económica. Una posible solución a dichas limitaciones podría ser Internet, en donde en principio no tendría por qué haber limitaciones de espacio ni de tiempo, pero siempre las acaba habiendo, incluso en los periódicos digitales, que en ocasiones prefieren guardar, al menos aún por ahora, lo mejor para las ediciones en papel, como por ejemplo determinados análisis y valoraciones de los hechos o sucesos más importantes. La pregunta casi inevitable que en algunas ocasiones puede acabar acudiendo a nuestra mente es ésta: ¿sabemos de verdad lo que está pasando en el mundo, lo que está pasando incluso sólo en nuestro país? Yo diría que no, ni siquiera en el caso de los propios periodistas, que en no pocas ocasiones informamos de algunas cuestiones sin disponer de todos los datos o del tiempo necesario para poder analizarlos en profundidad. Es cierto que alguien nos podría decir, con razón, que a lo largo de la historia nunca se ha llegado a saber en cada momento lo que de verdad o en realidad estaba pasando en el mundo, sin ir más lejos en nuestro recién pasado siglo XX, sobre todo en los países que al menos en algún momento estuvieron marcados de uno u otro modo por la falta de libertades o el totalitarismo. Sólo una auténtica democracia nos puede ofrecer la posibilidad de llegar a alcanzar, al menos, aproximaciones a la verdad o a la realidad. De ahí la importancia de intentar no desfallecer nunca en la búsqueda o en la consolidación de la libertad, de la libertad de todos, de nuestra libertad.

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04 2010

La inspiración

Uno quisiera estar siempre inspirado, y poder escribir artículos que gustasen al mayor número posible de personas que los leyeran, pero, no haría falta decirlo, muchas veces no ocurre así. Y cuando eso sucede, solemos echarle siempre la culpa a la falta de inspiración. “No estaba inspirado”, solemos decir nosotros, “no, no lo estabas”, nos suelen responder, para ahondar quizás aún un poquito más en la herida. ¿Y por qué no estábamos inspirados ese día concreto o algún otro día? ¡Ah, eso suele ser muchas veces un auténtico misterio!, aunque también es cierto que en ocasiones sí podemos llegar a encontrar algún tipo de explicación. A veces, el problema nace ya desde el momento mismo en que escogemos un asunto o un tema concreto para tratarlo a continuación en una columna. Así, por ejemplo, si queremos hablar de sentimientos o de nuestro equipo de fútbol, es posible que entonces no seamos todo lo objetivos que seguramente deberíamos de ser en casos así y que acabemos escribiendo irremediablemente acerca de nosotros mismos, aunque parezca que en realidad estamos planteando una argumentación únicamente desde un punto de vista absolutamente teórico y abstracto. Si, por el contrario, nos decantamos por hablar de política o de periodismo, el problema suele ser, al menos en mi caso, que uno ya suele estar cansado y agotado psicológicamente antes de empezar a escribir la primera palabra, no digamos ya las primeras líneas o el artículo entero. Llevo varios días intentando escribir unos ‘duendes’ sobre el juez Baltasar Garzón, pero hasta ahora no he podido, pues reconozco que me afecta bastante ver lo polarizadas que están en este caso las posiciones, tanto a favor como en contra del juez, y veo que cualquier intento de intentar introducir algún tipo de matiz parece condenado en estos momentos directamente al fracaso. Aunque quizás lo que de verdad suele estar casi siempre condenado al fracaso en nuestro país sea precisamente eso, el matiz, la moderación, la puntualización. Y a veces, uno no está inspirado para nada, sencillamente no lo está, aunque el asunto sobre el que vaya a tratar le guste especialmente, y ofrezca además la posibilidad de poder presentar un enfoque personal y al mismo tiempo neutro u objetivo. Un columnista debería de ser siempre como un delantero centro de un equipo de fútbol, es decir, estar donde tiene que estar para intentar meter un gol en cada partido, pero incluso al mejor delantero centro del mundo puede fallarle también a veces la inspiración.

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04 2010