Poco antes de salir el sol

En la madrugada, poco antes de salir el sol, hay siempre unos instantes en que la ciudad parece más tranquila, como si ella hubiera también descansado como nosotros. Y se despierta entonces luminosa y llena de luz, excepto en los casos en que algunas inesperadas o quizás persistentes nubes se lo impiden. Luego, poco a poco, el sol se va asomando por las ventanas de los edificios más altos, y más tarde ya por casi toda la ciudad. Los cafés y los bares han abierto a esas horas ya sus puertas, y en ellos se congregan personas de casi cualquier edad y condición, normalmente para un primer café antes de irse a trabajar, o en algunos casos para un último café -descafeinado de sobre o de máquina- antes de irse a dormir, para quienes han trabajado -o han salido- de noche. Y mientras esos cafés se están preparando, junto con alguna ensaimada, algún donut o algún cruasán, se suele hablar casi siempre de política y de fútbol, de fútbol y de política, pues hay cosas que por muchos años que pasen y por muchas cosas que cambien casi nunca cambian en nuestro país. Fuera de los bares y de los cafés, la ciudad sigue amaneciendo en otros lugares, en otros espacios, en los jardines, en los parques, en la mayor partes de casas y de viviendas, en las fincas que hay en los campos. Las personas que momentáneamente se encuentran enfermas o que no están bien, ven siempre con una renacida esperanza la llegada de un nuevo día, pues es como si hubieran superado en ocasiones un gran reto, quizás el mayor que puedan tener en esos difíciles momentos de convalecencia. En cada nuevo día que nace, hay siempre una promesa, o seguramente dos quizás, la de que las cosas nos pueden ir bien y la de que la vida nos puede dar otra oportunidad, para ser mejores, para valorar lo que tenemos, para amar -si fuera el caso-, para intentar aprender, para sentir en nosotros mismos la fuerza y el milagro que significa siempre el hecho mismo de vivir. Cada día, cada mañana, cada amanecer, poco antes de salir el sol, nos invita a hacer acto de contrición y propósito de enmienda, por los posibles errores pasados y para intentar evitar tal vez otros futuros, y nos invita también -y sobre todo- a dar gracias a Dios por el milagro de la vida.

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03 2010

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