Miguel Delibes y El Mochuelo

Cuando a veces echamos un poquito de menos los años de nuestra infancia, creo que es no sólo porque ahora somos un poquito más mayores, sino sobre todo porque hay sensaciones irrepetibles que vivimos entonces que sabemos que ahora es casi imposible volver a experimentar, como por ejemplo el descubrimiento de la literatura, que en cierto modo suele ser también a veces el descubrimiento de la vida, primero a través de los cuentos y después gracias a las novelas o a la poesía. Todavía recuerdo, como si fuera ayer, la primera vez que leí Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, La busca, de Pío Baroja o El camino, de Miguel Delibes, y recuerdo también lo inmensamente feliz que me sentí entonces, cuando Platero o Manuel o Daniel, El Mochuelo, los protagonistas de cada una de esas obras, entraron a formar parte de mi vida para quedarse ya para siempre en ella. Daniel, El Mochuelo, ese niño un poco travieso que vivía en el campo y no quería irse a estudiar a la ciudad pese a los deseos de su padre, es uno de esos amigos que a uno le hubiera gustado tener cuando era un niño, compartiendo amistad con Roque, El Moñigo, y con Germán, El Tiñoso. Y nos hubiera gustado corretear también con ellos de aquí para allá o hablar quizás de los misterios de la vida o del miedo a las estrellas. Siendo Juan Ramón, Baroja o Delibes autores tan diferentes, hay varios rasgos en los que coinciden profundamente, además de tener el don y la magia de la escritura, como son una sensibilidad extrema, una visión melancólica de la vida o una profunda compasión hacia los seres más desvalidos o desprotegidos, por lo que, quizás sin pretenderlo, son autores que a la vez pueden ser también considerados como maestros nuestros, maestros de la vida, porque nos enseñaron a intentar ser también mejores personas. En todos los diarios de hoy, será sin duda portada la muerte ayer de Miguel Delibes, y estoy seguro de que leeremos análisis o comentarios preciosos de personas que le conocieron personalmente o que disfrutaron muchísimo leyendo sus obras, como también estoy seguro de que se hará referencia a su labor como periodista en ‘El Norte’, su lucha contra la censura de entonces y su apoyo a las personas perseguidas, su catolicismo, su pasión por Castilla y por la naturaleza o, sobre todo, su gran amor por su esposa, Àngeles. Hoy conoceremos o volveremos a recordar muchas cosas de este gran escritor vallisoletano, al que debo algunas de mis mejores horas de infancia como lector, que es casi como decir de mis mejores horas. El mejor homenaje que quizás podemos rendir hoy y también a partir de ahora a Miguel Delibes es seguir leyéndolo y recomendando su lectura a las personas que aún no lo conocen, para que así tal vez puedan contar pronto entre sus amistades con ese niño rebelde pero esencialmente bueno -como era el propio Delibes-, de nombre Daniel y de apodo El Mochuelo.

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03 2010

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  1. postulante a hada #
    1

    En las novelas de Delibes lo importante era principalmente el personaje a partir del cual surgía la historia. Sí, ese Daniel que encuentra El Camino, esa Niní que sobrevive cazando Las ratas, ese Cecilio Rubens –burgués como pocos- de Mi idolatrado hijo Sisí, con Menchu rememorando Cinco horas con Mario. Sí, ese Azarías camusiano de Los santos inocentes, incluso El hereje Cipriano Salcedo. Todos ellos, y los que gravitan son Delibes. Cómo en sus libros y en su más íntima humanidad habitan estos personajes que, pese a las circunstancias, triunfan siempre en el corazón de los lectores. Lo curioso es que en todos sus libros hay un acoso del individuo por parte de la sociedad y siempre vence ésta. Personajes que también eran o nos representaban a todos nosotros, personajes siempre marginados, fastidiados, perdedores, pero que encerraban en ellos una humanidad rampante y una ternura escondida. Y somos nosotros, españoles de diario, sobre los que Delibes posó su humanidad, su punto de vista. Lo rural y lo urbano, la caza y la naturaleza, un hombre frente al mundo que le rodea y le aturde.

  2. maria #
    2

    Hola soy una niña de once años y me gusta mucho leer.El mochuelo sale en el libro de lengua y esta super bien e escrito sobre el aqui va:
    Daniel el Mochuelo recordaba con nostalgia su última noche en el valle.Dio media vuelta en la cama y de nuevo atisbó la cresta Pico Rando
    iluminada por los primeros rayos de sol.De repente,oyó una voz humana.Escuchó.La voz llegó de nuevo,intencionadamente amortiguada:
    ¡Mochuelo!

  3. maria #
    3

    En las novelas de Delibes lo importante era principalmente el personaje a partir del cual surgía la historia. Sí, ese Daniel que encuentra El Camino, esa Niní que sobrevive cazando Las ratas, ese Cecilio Rubens –burgués como pocos- de Mi idolatrado hijo Sisí, con Menchu rememorando Cinco horas con Mario. Sí, ese Azarías camusiano de Los santos inocentes, incluso El hereje Cipriano Salcedo. Todos ellos, y los que gravitan son Delibes. Cómo en sus libros y en su más íntima humanidad habitan estos personajes que, pese a las circunstancias, triunfan siempre en el corazón de los lectores. Lo curioso es que en todos sus libros hay un acoso del individuo por parte de la sociedad y siempre vence ésta. Personajes que también eran o nos representaban a todos nosotros, personajes siempre marginados, fastidiados, perdedores, pero que encerraban en ellos una humanidad rampante y una ternura escondida. Y somos nosotros, españoles de diario, sobre los que Delibes posó su humanidad, su punto de vista. Lo rural y lo urbano, la caza y la naturaleza, un hombre frente al mundo que le rodea y le aturde.