Mi madre

Mi madre, de nombre María Teresa, nació en Sóller en 1927, en el seno de una familia de clase media. Cuando empezó nuestra Guerra Civil, ella tenía ocho años. Siempre recuerda que la tarde de aquel trágico 18 de julio de 1936, estaba sentada en la playa, tomando una pequeña tableta de chocolate, mirando el mar, cuando la fue a recoger su padre -mi abuelo José- y le dijo que algo terrible había sucedido y que había que volver a casa. Por razones que comprendo, a mi madre nunca le ha gustado hablar de aquellos años ni de la Postguerra, pero siempre me ha alegrado cuando me ha dicho que mi abuelo era de ideología liberal y que siempre defendió la causa de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial. A pesar de la gran precariedad en todos los sentidos que existía en aquellos años, mi madre pudo estudiar Bellas Artes durante un tiempo. Recuerdo que en nuestra antigua casa familiar de la calle Ballester había varios cuadros suyos. El más antiguo, un paisaje, creo que era de 1947. Había también varios bodegones, algún cuadro religioso y una réplica de ‘Las hilanderas’ de Velázquez. Siempre pensé que todos esos cuadros estaban muy bien. Por diversas circunstancias familiares, ya en su primera juventud no pudo seguir desarrollando su gran vocación por la pintura. Más adelante, todavía soltera, trabajaría durante un tiempo como dependienta en una tienda de la calle Conquistador, que creo que se llamaba Borneo, en donde siempre ha recordado que fue muy feliz, pero tuvo que dejar ese empleo igualmente por circunstancias familiares. Muchos años después, ya casada, quiso contribuir a la mejora de la economía familiar, que era extremadamente precaria en aquellos años, para que sus tres hijos pudiéramos estudiar en un colegio concertado, que era algo que ella deseaba muy especialmente. Durante años, estuvo pintando pequeñas carteras de piel o castañuelas de madera que se vendían en las tiendas de souvenirs, en donde aparecían parejas de mallorquines con los trajes típicos de la isla bailando boleros. La persona para quien trabajaba nunca la aseguró ni le hizo tampoco ningún contrato, algo que por desgracia era más habitual de lo que se cree en aquella época. Recuerdo que casi todas las tardes de mi infancia, cuando regresábamos del colegio, mi madre estaba trabajando siempre en el pequeño cuarto que habíamos habilitado en casa para que ella pudiera pintar con una mayor tranquilidad. En ese cuarto pasó mi madre cientos y cientos de horas, dejando escapar sin ninguna duda algunos de sus mejores momentos y de sus mejores sueños. Por fortuna, algunos años después nuestra situación económica mejoró un poco, y mi madre pudo dejar de trabajar para empezar a vivir entonces una vida mejor y más bonita. Estoy seguro de que si las circunstancias familiares de mi madre a lo largo de toda su vida hubieran sido otras, habría podido llegar a ser una gran pintora o una muy buena dependienta, aunque yo siempre digo que para mí lo fue. Ahora tiene 82 años, y siempre bromeamos diciendo que incluso ahora creo que tiene mucha mejor salud y más fortaleza física que yo. Ella ha sido una de mis grandes fans ya desde el principio y en diversos ‘duendes’ ha sido además la principal protagonista. Ese ha sido mi especial modo de agradecerle, como quiero hacer también hoy, todo su esfuerzo y su dedicación hacia sus tres hijos, hacia Gaspar, hacia Joan y hacia mí, su pequeño duende del bosque y también de la ciudad.

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03 2010

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  1. loli #
    1

    Josep es increible que sean los ancianos los que más alegria y vitalidad derrochen.Mí padre tiene 94 años,vivió la guerra,tiempos de hambruna,estuvo en un campo de prisioneros ocho años viéndo como sus amigos morian de hambre.Sin embargo apenas habla de aquello,se emociona y preferimos no preguntar.Tiene una alegria por la vida a su edad que es de envidiar,siempre hace bromas y jamás se queja de estar enfermo auinque sus piernas ya notan el cansancio de los años.Mi padre siempre bromea conmigo.Cuándo le pregunto por su salud,me dice tranquila hija que estoy hecho un chaval y río con él.Aprendamos de nuestros mayores y disfrutemos de ellos todo el tiempo que la vida nos deje,pues es lo más gratificante para nuestra alma y corazón…

  2. Una Admiradora #
    2

    Muy bonito el homenaje hacia tu madre. Las madres siempre han sido el pilar más importante en las familias, tanto si trabajaban sólo en casa cuidándonos y viginlando la economía, como si compartiran quehaceres tanto fuera y dentro de casa. Creo que tu homenaje es hacia todas nuestras madres. Gracias.

  3. toni #
    3

    Josep., gracies per aquets escrits tan polits, tan propers i tan plens de sensibilitad.
    Es admirable con de la manera més simple i al sò de la campaneta dels duendes ens despertis uns sentiments que pareix que dormen dins nosaltres.
    Cada día n´estic més convinsut que es necesari recobrà valors antics i uns d´ells es el repècta i gratitut als nostres majors.
    Desde aquí adarirme en aquest homenaje a totes les mares que sens dubte es mareixen.

  4. postulante a hada #
    4

    “yo soy yo y mis circunstancias” como dijo Ortega y Gasset.
    Las circunstancias no nos determinan pero lamentablemente si nos condicionan. Todas las mamás son hadas, pués son las grandes hacedoras de sueños.
    Como todas las mamás, lógicamente, son mujeres, de ahí viene que cuando se porten mal, se conviertan en unas… ¡¡brujas!!

  5. Catalina Coll i Marí #
    5

    Magnífic escrit a la teva mare,visca la teva sensibilitat i el teu caire humà!enhorabona i segueix així .Gràcies