Luces de neón

Suele decirse que de noche todos los gatos son pardos, y, de alguna forma, podríamos decir que de noche -y vistas desde una cierta distancia- todas las ciudades nos parecen en cierto modo iguales, con sus miles de lucecitas iluminando tímidamente la mayor parte de lugares y de espacios. Si no fuera por algún monumento concreto, que nos recuerda que estamos en tal o cual ciudad, en ocasiones resultaría muy difícil saber qué ciudad estamos contemplando si no lo supiéramos antes previamente. Desde una cierta distancia, por ejemplo desde una colina o desde un bosque próximos, resulta también muy difícil poder distinguir entre las barriadas más antiguas o las más modernas, aunque intuimos que los cascos históricos suelen encontrarse casi siempre en el centro. Sí suelen distinguirse en cambio con mayor nitidez las avenidas centrales y las vías de circunvalación, y yo creo que casi intuitivamente solemos preguntarnos siempre a dónde deben de ir los vehículos que vemos circulando en esos momentos, como también solemos preguntarnos qué deben de estar haciendo las personas que intuimos que en esos instantes se encuentran en las viviendas o en los locales de esa misma ciudad. Entre las miles de lucecitas nocturnas que podemos divisar, se encuentran también las luces de neón, aunque sólo las podamos distinguir cuando nos encontramos muy, muy cerca de ellas, a tan sólo unos pocos metros. Me gustan ese tipo de luces, que en ciudades como París o Nueva York parecen decirnos que incluso una humilde hamburguesería o un pequeño café apartado del centro tienen mucha historia que poder contar y muchas cosas que poder decirnos, por ejemplo de artistas bohemios que solían frecuentarlos a mediados del pasado siglo, o de poetas y de escritores románticos que padecían insomnio y que encontraban refugio por la noche en esos o en otros locales, o de anónimas parejas enamoradas que encontraban en una mesita iluminada con una vela un pequeño espacio de intimidad. En todas las ciudades hay cafés y restaurantes con fotografías de personas celebres que cenaron o almorzaron en ellos. Son fotografías que siempre llaman nuestra atención y que normalmente nos gusta mirar, porque reflejan muchas veces mejor que cualquier otra cosa el paso de la vida y del tiempo. Todo cambia, el mundo evoluciona, y a veces tenemos la sensación de que ya nada es igual a como era quizás ayer mismo, pero siempre habrá artistas bohemios, o escritores románticos, o enamorados soñadores, que busquen un poco de descanso, o de inspiración, o de calor, en el interior de un pequeño café solitario y tranquilo iluminado con luces de neón.

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03 2010

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