Las calles que me gustan

Desde hace un tiempo, vuelvo a dar paseos por Palma de forma regular, como hacía antes, aunque ahora sobre todo por prescripción médica, porque pasear hace también bien a mi corazón. De Palma me gustan muchas zonas y rincones, aunque quizás las calles y callejuelas que más me gustan para pasear son todas aquellas que están situadas, aproximadamente, entre La Rambla, Jaume III y el Passeig Mallorca. Me gusta recorrerlas sobre todo en otoño, en invierno y al inicio de la primavera, casi a cualquier hora del día, por la mañana, cuando el sol entra tímidamente en esas calles, o poco después del mediodía, o en las tardes del invierno, cuando las pequeñas farolas están ya encendidas y todo parece envuelto entonces en una especie de halo misterioso y romántico. A veces, por unos momentos, me imagino que estoy paseando por otra Palma, por la Palma de principios o mediados del siglo XIX, quizás porque es una época histórica que me gusta muy especialmente. Y como a veces la imaginación -como el corazón- se me dispara, me entretengo pensando qué ocurriría si, de repente, apareciera en alguna de esas callejuelas algún decimonónico espadachín embozado que me diera el alto más o menos en estos términos: “¡Deteneos malandrín!, ¿a dónde vais a estas altas horas de la noche?”. Altas horas que entonces no serían más allá de las ocho o las nueve de la noche, claro. A lo que yo, seguramente, contestaría: “Sólo soy un paseante solitario y melancólico, enamorado de una hada, sin ser correspondido, que recorre estas calles para intentar olvidar su pena y su tristeza”. En cuanto a mi profesión de periodista, seguramente no diría nada, porque creo que ya entonces, hace casi dos siglos, era la mía una profesión no muy bien vista, más o menos como ahora, y normalmente por motivos más que justificados, todo hay que decirlo. Una vez escuchada mi sincera y sentida respuesta, estoy seguro de que ese espadachín, sin duda profundamente conmovido ante mis palabras, me diría, poco más o menos: “Seguid pues en paz vuestro camino, y que tengáis finalmente suerte en esa aventura extraña y maravillosa del amor”. Y entonces pasaría tal vez en ese instante una diligencia, o en alguna buhardilla algún poeta estaría escribiendo algún soneto apasionado, o sonaría un piano desde el interior de una espaciosa habitación, hasta que unos pocos instantes después habría regresado de nuevo al siglo XXI tras un velocísimo paso por el siglo XX. Seguramente, en casi todas las ciudades hay también calles y callejuelas así, en las que yo sé que me sentiría igualmente bien, porque hay algo en mi espíritu que me une siempre a ellas. Porque en esas calles solitarias, curiosamente, mi soledad se difumina y se aleja.

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03 2010

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  1. carlos #
    1

    Me alegro pep que hayas hecho publicidad de esta página en la columna

    del domingo, ya verás como ganas adeptos.Si me lo permites desearía

    hacer publicidad sobre un libro de jose antonio marina , PALABRAS DE

    AMOR, que estoy seguro que gustara mucho a los que siguen este blog.