La vocecita interior

Cada vez que tenemos que tomar alguna decisión difícil en nuestra vida, suele haber siempre una vocecita interior que nos dice si lo que vamos a hacer está bien o no lo está, y cuanto más difícil es o nos parece esa decisión, más suele hablarnos esa vocecita interior para hacernos saber su parecer o su criterio. Esa vocecita interior nos suele decir, por ejemplo, si considera que tendríamos que seguir estudiando o no, o si deberíamos de aceptar un nuevo trabajo o abandonar el que ya teníamos, o si puede ser o no conveniente endeudarnos para poder comprar una casa. Esa vocecita nos aconseja también en asuntos aparentemente menores, relacionados con nuestra ropa, nuestras aficiones o con la decoración de nuestro piso, pero en donde más se hace oír es quizás en el asunto personal sin duda más esencial de todos, es decir, en todo aquello que tiene que ver con los sentimientos. La vocecita interior nos dice si cree que hacemos bien queriendo salir con tal o cual persona, o si estamos realmente enamorados o no, o incluso si deberíamos o no casarnos, a veces insistiendo incluso hasta sólo unos pocos segundos antes de llegar hasta el altar o hasta el Juzgado. Esa vocecita es la voz de la conciencia, y entre sus múltiples dones yo creo que se encuentra el de la intuición. Por ello, normalmente, siempre que hacemos caso a esa vocecita nos va bien, mientras que cuando no la escuchamos o no al menos como debiéramos nos suele ir regular, mal o muy mal. La pregunta que seguramente deberíamos de hacernos todos entonces es la siguiente, si esto es realmente así, ¿por qué no la escuchamos siempre? Es posible que, al menos en parte, ello sea debido a que como seres humanos somos siempre muy complejos y en ocasiones hasta contradictorios, lo que en ocasiones impide que optemos siempre por la decisión que en conciencia nos parecería como más racional y conveniente. Y, por otra parte, también es cierto que todos disponemos, además, de la libertad de intentar acertar o de poder equivocarnos. A diferencia de nuestra familia o de nuestras amistades, que siempre suelen recriminarnos cuando hemos hecho algo mal, nuestra vocecita interior nunca se ensaña con nosotros ni tampoco nos dice frases casi inevitables en estos casos como “¿te lo dije o no te lo dije?”. Nuestra vocecita interior suele permanecer en silencio en esos instantes, y tan sólo suele mover su pequeña cabecita de izquierda a derecha, o de derecha a izquierda, como queriendo decir con su silencio, “ay, me parece que este chico -o esta chica- no tiene remedio, también es mala suerte, pero qué le vamos a hacer”. Como la vocecita interior nunca se rinde, cuando tengamos que tomar más adelante otra decisión difícil, ahí estará de nuevo, en primera línea, dándonos su parecer o su opinión. Personalmente, a mí siempre me fue muy bien cada vez que escuché a esa vocecita interior, pero, por desgracia, ay, no le hice caso siempre.

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03 2010

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  1. Tu Admiradora #
    1

    Yo creo que a veces esa vocecita interior puede ser el reflejo de nuestros miedos a lo desconocido. En muchas ocasiones le hacemos caso y nos va bien por que nada ni nadie turba nuestra paz, pero en otras que no hacemos caso nuestro mundo interior se hunde, y terminamos convenciendonos a nosotros mismos que deberíamos haber hecho caso a nuestra voz interior, pero yo creo que el desoir la voz interior puede resultar bueno para nosotros, por que ir en contra de ella nos puede introducir en caminos desconocidos que nos reporten experciencias nuevas y nos enriquezcan como personas, y si al final no va bien, todo lo que hayamos aprendido en ese nuevo camino nos hará más fuertes, y nadie nos podrá robar lo que hemos vivido en nuestros momentos de desobediencia a nosotros mismos.

  2. postulante a hada #
    2

    Generalmente la gente suele hacer caso omiso de pepito grillo. Un estudio del departamneto de psicología de Yale, viene a decir que nuestro inconsciente capta y procesa mucha más información que nuestra parte consciente. Quizá esa vocecita sea resultado del inconsciente. Pero yo, a esa vocecita interior la llamo percepción. Imágenes, como flashes, y que cuando se manifiestan sabes a ciencia cierta cual es el camino, como si por fín, tu cuerpo, alma y espríritu se hicieran otra vez uno, y dejaras al fín de tener miedo.