La responsabilidad de los periodistas en la corrupción

En ocasiones pienso en que casi todos podríamos estar más o menos de acuerdo en que no se puede llegar a producir un nivel tan elevado de corrupción como el que se ha vivido en Balears en estos últimos años, si no fuera porque, previamente y en gran medida, los periodistas no hemos cumplido con nuestra función, que en buena parte debería de ser, además de la de informar, la de ejercer una labor de control de la labor política. Pero en nuestra profesión se ha llegado en algunos casos a unos niveles de perversión y de falta de escrúpulos y de decencia tan inmensos y elevados, que a veces parece casi como el mundo al revés. Así, en muchos casos el único criterio que se sigue para criticar o para elogiar la actuación de una formación política o de un político concreto no es el de un análisis objetivo, riguroso y honesto de su gestión, sino sólo el de tener en cuenta las ayudas o subvenciones que ha concedido -o no- al propio medio o a los demás medios, y a quién ha filtrado -o no- la mayor parte de sus exclusivas. En este sentido, poco parece importar, salvo contadísimas excepciones, si la persona que nos ha filtrado una exclusiva se encuentra bajo sospecha judicial en esos momentos o si su propio partido cree que se trata de una persona presuntamente corrupta, pues sólo se tendrá en cuenta que nos ha dado una exclusiva y que ha prometido dar más, con independencia de que sea o no falso lo que ha filtrado, por lo que a partir de ese momento se le protegerá y será considerado como un “intocable” para nosotros, aunque pueda ser -presuntamente- la persona más corrupta, o casi, del mundo. Estoy seguro de que a todos se nos podrían ocurrir ahora unos cuantos nombres. En cambio, si el político -hombre o mujer- más honesto del mundo da una exclusiva o una subvención a otro medio que no sea el nuestro, o nos ha contrariado mínimamente en algo, habrá firmado casi su “sentencia de muerte” política, al menos para el medio supuestamente “agraviado”. Por fortuna, gracias a Dios, siempre existe el criterio individual de cada persona a la hora de valorar tal o cual actuación política, por mucho que en ocasiones los medios nos esforcemos en manipular o en intentar desvirtuar la realidad. Si a ello le añadimos que casi nunca suele importar ya la realidad de las cosas o de los hechos, sino sólo lo que ha publicado o ha dado a conocer la competencia, con independencia de que sea verdad o no, nos podremos dar cuenta del bajísimo nivel al que hemos llegado y en el que nos encontramos en estos momentos. Y si a alguien no le gusta esta manera de trabajar o tiene lo que podríamos llamar ética o moral, o simplemente escrúpulos, siempre se le suele recordar que tiene la puerta abierta para irse cuando quiera y que hay mucho desempleo. Además, también es cierto que siempre hay periodistas más papistas que el Papa, que se ofrecen voluntarios para, si fuera necesario, intentar machacar, humillar o destruir a personas honestas, cuyo único “pecado” sería no haberse querido someter a los designios o presiones de tal o cual periodista o redactor. Las excusas de los papistas suelen ser muchas y variadas, “yo siempre hago y haré lo que se me ordene”, “hay que pagar una hipoteca”, “así se va a enterar de quién soy yo”, “es una persona honesta, pero le dio la exclusiva a otro”, “a ti qué más te da si nos metemos con tal o cual persona”, y muchas otras más en la misma línea. Ahora todo el mundo habla de corrupción y hay movilizaciones contra ella, y a mí me parece extraordinariamente importante que así sea. Por mi parte, yo sólo añadiría que la corrupción no es patrimonio de ningún partido y que, al menos para mí, la inmensa mayoría de nuestra clase política son personas honestas. Por último, también diría que cuando hablemos de corrupción, sería quizás bueno intentar hacer, aunque sólo fuera por una única y sola vez, un poco de autocrítica, y empezar a hablar también de la responsabilidad que hemos tenido en ella los periodistas.

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03 2010

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  1. postulante a hada #
    1

    En época de Octavio, sobrino de Julio César y nuevo amo de Roma, ya ocurría cosas así. Éste, adoptó una medida que garantizara su permanencia en el poder d manera indefinida. Ordenó reunir más d 2000 mil volúmenes escritos en latín y griego, que pertenecían a ciudadanos particulares, y les prendió fuego. En esos textos se consignaban informaciones diversas sobre lo que podía ser el futuro de Roma y él que ya controlaba las relativas al presente y al pasado no podía permitirse que nadie especulara con el porvenir. Para no quedar como un dictador, dejó algunos escritos aunque eso sí, convenientemente expurgados d informaciones delicadas. Semper eadem. todo se repite.

  2. Toni #
    2

    Molts d’anys Giuseppe!

  3. carlos #
    3

    Antes de nada felicidades pep.En cuanto a la corupción no estaría demás

    que los partidos que estaban en la oposición nos explicasen que hacían

    ellos.

  4. yo #
    4

    en mallorca no hay periodistas. vaya sorpresa . solo hay sujetos k repiten año tras año lo mismo-ejemplo los almendros han florecido..dijous bo..los niños van al colegio..hoy es el dia del padre etc etc. todos somos periodistas.