Juan Luis Guerra y 4.40

A veces, la inspiración para escribir un artículo no llega, por mucho que nos esforcemos en que así pueda ser. En momentos así, sé que cada columnista tiene sus propios recursos para intentar solucionar de la mejor manera posible esos momentos de pequeño vacío creativo. Mi ayuda secreta en esos casos suele ser casi siempre escuchar un poco de música, gracias a la magia de Youtube. Y como creo que es realmente cierto aquello que dice nuestro querido refranero de que a grandes males, grandes remedios, uno de esos grandes remedios, seguramente el más efectivo para mí para poder recuperar la inspiración, es escuchar cualquiera de las grandes canciones de Juan Luis Guerra y 4.40. Y la verdad es que hay muchas preciosas y maravillosas entre las que poder escoger, como Te regalo una rosa, Burbujas de amor, Estrellitas y duendes -que me gusta muy especialmente, ustedes ya me entienden-, Como abeja al panal, La hormiguitaSólo tengo ojos para ti, Que me des tu cariño, Cuando te beso… Empieza a sonar la música, y casi sin darme cuenta, empiezo a mover entonces la cabeza, el tronco y las manos frente al ordenador, normalmente siempre sentado, pero como mi buen médico de cabecera me ha recomendado que, si es posible, no pase ya tanto tiempo sentado e intente hacer además un poco de ejercicio, a partir de ahora creo que me levantaré y me pondré a bailar en el comedor cuando escuche una canción de Juan Luis Guerra, pero muy lenta y suavemente, claro, que uno ya empieza a tener una cierta edad, como me suele recordar también mi buen médico de cabecera. En cualquier caso, antes de iniciar esta nueva vida, que será sin duda un poco más festiva de la que suelo llevar normalmente, creo que sería conveniente poner una cortina en la ventana del comedor, pues hasta ahora los vecinos que viven enfrente de casa creo que me tienen por una persona esencialmente seria y responsable. Lo que más me gusta de las canciones de Juan Luis Guerra es que parecen invitarnos siempre, incluso cuando son más melancólicas o nostálgicas, no sólo a bailar, sino sobre todo a sentir y a vivir, a escuchar boleros, a enamorarnos, a salir a la calle, para disfrutar quizás de un rayo de sol, o de la lluvia, o del perfume de una flor, o de cualquier detalle inesperado, o incluso de la compañía de los vecinos que aún nos tienen por personas esencialmente serias y responsables. Escuchando a Juan Luis Guerra, nos dejamos embargar siempre, gozosa y lentamente, por su romanticismo, un romanticismo esencialmente dulce, soñador y vitalista, y yo creo que lo hacemos sin oponer nunca la más mínima resistencia. Y entonces, por unos momentos, la vida nos parece mucho más sencilla, hermosa y plena, y quizás, en el fondo y de verdad, así realmente sea.

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03 2010

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  1. loli #
    1

    Algunas tardes cuándo estoy sola me pasa lo mismo,pongo la música y cuándo me doy cuenta estoy dejándome llevar por la melodia de pie,es increible como poco a poco las preocupaciones desaparecen e incluso la tensión acumulada en los músculos,dicen que la música amansa las fieras y cuánta razón tiene ese dicho,un abrazo josep.

  2. Una admiradora #
    2

    Bueno creo que a todos nos pasa mas o menos lo mismo, según el momento nos apetece una música u otra. Siempre se ha dicho que la música amansa a la fieras, pero en este caso diría que alimenta a nuestros corazones y libera nuestra mente.Bailemos sin venrgüenza de que nos vean los demás, y que sientan envidia de nuestra aparente felicidad. Y cantemos las letras hasta que nos olvidemos el motivo por el cual la estamos escuchado la música.Buen remedio para algunos males la música.