El corazón se me dispara

“No observo nada grave, pero veo que el corazón a veces se le dispara, y esto tenemos que controlarlo”, comenta el doctor en un tono de voz muy afable y tranquilizador, mientras repasa los resultados de la ecografía y de las pruebas de esfuerzo. Y yo entonces asiento silenciosamente con la cabeza, como queriendo decir con ello que incluso antes de la realización de dichas pruebas yo ya sospechaba que, efectivamente, el corazón a veces se me disparaba. De hecho, creo que si el doctor, en lugar de tener ante sí el dossier con todos los resultados, hubiera tenido en ese momento entre sus manos alguna recopilación de los artículos publicados de los ‘duendes’, seguramente habría dicho, poco más o menos, también lo mismo: “No observo nada grave, pero veo que el corazón a veces se le dispara, y esto tenemos que controlarlo”. Observación que muy posiblemente habría hecho, sobre todo, al leer las columnas que hablaban de un duende perdidamente enamorado de una hada; hada que, al parecer, no estaba, ay, igualmente enamorada de él. En casos así, relacionados con sufrimientos que suelen ser sólo propios y específicos del corazón, como también en otros casos relacionados con otras dolencias muy concretas, sé que normalmente suelen tener una gran importancia los antecedentes familiares, y la verdad es que en mi familia ha habido, sobre todo por parte materna, situaciones casi idénticas de ese tipo -corazones que a veces se disparaban- o muy semejantes, con tratamientos que no siempre, ay, dieron finalmente los resultados esperados. Claro que entonces la ciencia no estaba aún tan avanzada como por fortuna lo está ya ahora. Aun así, a veces pienso que por mucho que la medicina llegue a mejorar aún más con el tiempo, nunca llegará a haber un remedio universal y perfecto para ese tipo de dolencia, que nació casi cuando nació el mundo, y que además suele estar siempre muy extendida, entre otras razones porque, en principio, puede llegar a afectar prácticamente a cualquier persona, casi desde la infancia hasta la etapa de mayor madurez de su vida. El buen doctor que me está atendiendo, me recomienda que, a partir de ahora, cambie un poco mi ritmo de vida, y que mejore mi alimentación, y que realice ejercicio físico de forma regular, para poder tener así mi corazón controlado. “Si dentro de un tiempo no mejora su ritmo cardíaco, seguramente tendremos que darle algún tipo de medicación”, me dice en el mismo tono afable y tranquilizador. Pero es posible que en determinadas ocasiones ni siquiera la mejor medicación del mundo pueda evitar del todo este hecho, el hecho de que a todos, al menos en algún momento o instante de nuestras vidas, el corazón, a veces, se nos dispara.

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06

03 2010

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  1. llorse #
    1

    mientras sigan contando co jose maria rodriguez en puestos de rsponsaabilidad qque no me digan lo de la regeneracion de PP por que no es una historia creible lo lidere quien lo lidere siempre seguira manejado los hilos en la oscuridad

  2. postulante a hada #
    2

    Sabernos condenados a un perpétuo ayuno…
    El amor. Ese amor que es capaz de hacernos repetir las palabras de la ópera Tosca, “mi fai dimenticare iddio”.
    Dudo que amores que provocan taquicardias se repitan en una vida. Solo pasa 1 vez. El resto solo es conformarse. Y vivir sabiendo que ese amor no es recíproco, es muy duro. Decía la canción “que de amor ya no se muere”, físicamente´ya no, pués la ciencia y la medicina avanzó y nos calmarán la dolencia. Se muere una parte de nosotros, y quién curará esa parte?,solo esa persona puede.