Dos gorriones

Hace unos días, dos gorriones se posaron al mismo tiempo en una de las ramas del platanero que está situado justo enfrente de casa. Era uno de esos días especialmente fríos que hubo la pasada semana en nuestra ciudad, pero recuerdo que cuando los dos gorriones se posaron en el árbol, unos pocos instantes antes había salido tímidamente el sol. Los gorriones sólo estuvieron unos pocos segundos sobre la rama, y enseguida se marcharon, no sé si para seguir volando o para detenerse unos segundos después en otro platanero, quizás más o menos próximo o tal vez situado en una barriada posiblemente algo más arbolada que la mía. Mientras aún estaban enfrente de casa, pensé en si a lo mejor serían pareja, es decir dos tortolitos que en realidad era dos gorriones, y si lo eran, pensé también en cuándo habrían empezado a salir -que en su caso sería a volar- juntos, y si conocían sólo los cielos de nuestra ciudad, ahora algo más fríos que de costumbre, o si conocían también los cielos de otras ciudades. También pensé en que a lo mejor eran dos gorriones que no se conocían hasta ese momento y que sólo coincidieron en la rama por unos segundos, y que quizás por ello no volvieron a verse ya nunca más, o que, por el contrario, tal vez a partir de ese momento decidieron hacerse compañía y a lo mejor así siguen ahora todavía, surcando los cielos uno al lado del otro, inseparables ya. No sabría decir tampoco si decidieron posarse en aquella rama sólo para descansar o si en realidad estaban buscando un lugar adecuado para poder hacer su nido, lugar que sin ninguna duda no iba a ser en ningún caso “mi” platanero, pues sus ramas están completamente desnudas desde hace ya varios meses y cuando hace viento todo en él parece siempre que tiembla, como si por unos segundos hubiera dejado de ser el árbol sólido y firme que en realidad es. Pero aun así, me gusta mucho “mi” platanero, y me hace también siempre compañía, sobre todo en los momentos en que no estoy muy inspirado, momentos que en ocasiones, ay, no suelen ser pocos. Y además, cuando menos te lo esperas, pueden ocurrir en él cosas inesperadas y para mí muy bonitas y hermosas, como que se posen de repente en una de sus ramas dos gorriones al mismo tiempo, y que eso te haga sonreír, y que te haga intuir también que ese día será, ya sólo por eso, mucho mejor día, aunque al final no consigas desvelar ninguna de las grandes incógnitas, amorosas o no, que te habías planteado sobre su hipotética vida.

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15

03 2010

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  1. Una Admiradora #
    1

    Una vez más haces de lo más sencillo una poesía. Pienso que seguramente buscaban donde hacer un nido, la soledad perpetua no gusta a nadie.

  2. loli #
    2

    Estamos acostumbrados que formen parte de nuestros dias esos pajarillos juguetones.Siempre que espero me gusta contemplar sus juegos,como saltan sobre algún charquillo o picotean en el suelo.Se mudan cuándo se les antoja,y parecen felices viéndo como se les observa.A veces lo más sencillo es hermoso.

  3. postulante a hada #
    3

    Algo parecido pasa en mi calle, pero con dos gaviotas,enormes gaviotas -creo que siempre parecen mas grandes fuera de su medio habitual- viene, de vez en cuando, ¿las traerá la marea? no lo se, pero pasan horas y horas revolotendo por el cielo, si te asomas a una ventana, casi puedes sentir la brisa que desprenden sus alas al pasar rápidamente frente a ti, o eso me gusta creer yo. Un día, las seguí. Nada pasa en la vida sin un motivo. Así que recorrí unas cuantas calles mirando el cielo, siguiéndolas, hasta que, tachán! descubrí el motivo. Se fabricaron un nido en un viejo techado de una planta baja, justo entre una ‘iglesia’ hindú y otra de la comunidad cristiana china.
    Creo que lso humanos debiéramos aprender a mantener ese jugueteo cuando tenemos pareja, ese cuidar a la otra persona, como las gaviotas en el cielo de mi calle.