Cuando decimos “te quiero”

Cuando decimos “te quiero”, y es verdad, y hay amor, seguramente no estamos diciendo una sola cosa, sino muchas en realidad. Cuando decimos a alguien “te quiero”, y es verdad, y hay amor, queremos decirle no sólo que le queremos, sino también gracias por existir, por estar ahí, a nuestro lado, por entendernos, por apoyarnos, por dejarnos ser nosotros mismos, por haber conseguido el pequeño o gran prodigio de que ya no nos sintamos solos ni perdidos en este mundo. Cuando decimos “te quiero”, queremos decirle también a ese ser tan especial para nosotros que le llevamos siempre en el pensamiento, que queremos protegerle de cualquier posible mal futuro, y que a la vez queremos tocarle, y besarle, y acariciar su piel, que deseamos poder escuchar su voz, y verle sonreír, y mirarle a los ojos, que no necesitamos nada más en el mundo que estar a su lado, abrazados, hablando o en silencio, para sentirnos de verdad vivos. Cuando decimos “te quiero”, a veces sentimos ganas de repetirlo una y otra vez, aun a riesgo de que quizás nos tomen por un poquito locos, porque entonces, al pronunciar esas palabras, todo parece tener sentido, incluso en los malos momentos o en los que intuimos o sabemos que en un futuro no serán tan buenos. En El juego del amor, para mí una extraordinaria película del gran Robert Benton, Bradley (Greg Kinnear) le hace una pregunta muy concreta a Margit (Erika Marozsán), que es la doctora que le atiende tras una autolesión y a la que acaba de conocer después de un profundo desengaño amoroso: “¿Cree que el amor es un truco de la naturaleza para que tengamos más niños o cree que lo es todo, lo único que da sentido a este sueño loco?”. Margit sonríe y contesta: “Lo segundo, ¿y usted qué cree?”. A lo que Bradley responde: “Por desgracia, también lo segundo”. Y Margit vuelve a sonreír. Y a partir de ese preciso momento, sabemos ya que los dos encajan muy profundamente y que acabarán saliendo juntos y que se amarán como ambos necesitaban de verdad ser amados. Por desgracia -o tal vez no- yo también pienso como Margit y como Bradley… Cuando decimos “te quiero”, y es verdad, y hay amor, sentimos que en cierto modo somos ya inmortales, y que ya no nos preocupa tanto qué pueda pasarnos u ocurrirnos en un futuro, porque sabemos que hemos estado y que nos hemos sentido vivos, que de verdad hemos vivido, porque hemos dicho o alguien nos ha dicho, y además era verdad, y había amor, “te quiero”. Sólo estas dos únicas, maravillosas y eternas palabras, “t’estim”, “te quiero”.

Acerca del autor

admin

Otras entradas por

Sitio web del autor

21

03 2010

2 Agregá los tuyos ↓

El comentario superior es el más reciente

  1. Tu admiradora #
    1

    Precioso, una de las mejores descripciones que he oido en mi vida del significado del “Te quiero”. No hay más que añadir.

  2. postulante a hada #
    2

    “…y es verdad, y hay amor…”.
    No nos estamos dando cuenta, pero estamos devaluando las palabras, los conceptos…
    Depreciación de la palabra amor. Antes, cuando uno decía ‘amor’ no era menester acotar nada. Antes la palabra ‘amigo’, significaba eso, amigo. Hoy día presentas un amigo a alguien y en un alto porcentaje la pregunta o insinuación siguiente será algo así como: “amigos, amigos o…”, Y ya sabemos todos que significa esos puntos suspensivos. Y así vamos, maltratando las palabras -crearé una asociación para defender las palabras en su sentido primigenio- creando definiciones nuevas, sacandonos d la manga otras, añadiendo mas palabras para explicar lo que ya se explicaba con una…
    Ortega decía que: “amar una cosa es estar empeñado en que exista; no admitir, en lo que depende de uno, la posibilidad d un universo donde aquel objeto esté ausente”
    Eso significa estar contínuamente dándole la vida en lo que respecta a nosostros. Amar es vivificación perenne, creación y conservación.
    Como lo presentaba santo Tomás de Aquino en menos palabras que incluso Aristóteles, “velle alicui bonum”