Amar en la distancia

Amar en la distancia no es, seguramente, el modo más habitual en el que puede darse el amor entre dos seres humanos, y es posible que muchas personas crean que el hecho mismo de que exista una distancia física, que puede ser más o menos constante o prolongada en el tiempo, imposibilita que pueda existir efectivamente amor. Y sin embargo… ¿Y si en algunos casos fuera justo al contrario? ¿Y si la distancia reforzase la solidez de esos sentimientos? ¿Y si los hiciera aún más verdaderos? Algunos de los poemas más hermosos que se han escrito nunca, algunas de las canciones más románticas que podríamos recordar ahora, hablan de amores marcados por la distancia, por la lejanía, por la imposibilidad de poder estar junto al ser amado, circunstancias que lejos de impedir o de disminuir ese amor, lo hacían todavía más fuerte. El maestro José Ortega y Gasset, extraordinario filósofo y ensayista, escribió en Estudios sobre el amor una profunda reflexión en este sentido, que yo comparto plenamente: “¡Quién sabe si la auténtica sensualidad no es hija de la distancia, no se forja y fomenta en la lejanía del objeto!”. No existen en el mundo cartas de amor quizás más apasionadas que aquellas que se escribieron dos personas que no podían -o a las que se impedía- estar juntas. ¡Andamos siempre tan perdidos en el mundo, somos tan frágiles, estamos tan indefensos, a pesar de que a veces podamos demostrar una cierta seguridad! Tal vez por ello, en realidad quizás sólo nos sentimos de verdad vivos cuando sabemos que hay alguien que nos ama, que nos quiere, cuando sabemos que hay un ser que piensa casi constantemente en nosotros y que nos protege ya sólo con su pensamiento, un ser que en algunas ocasiones quizás sólo pueda comunicarse con nosotros de forma secreta o a través de los sueños. “Nadie puede vivir sin amar ni ser amado, nadie”, decía el gran director François Truffaut, que ha sido siempre para mí un importantísimo referente personal, además de ser también uno de mis cineastas favoritos. Por mucha que pueda ser la distancia física que quizás nos separe de la persona a la que amamos, si fuera posible, quisiéramos ser como un espíritu o un ángel que pudiera estar siempre a su lado, velando para que nada malo pudiera sucederle nunca, velando para que sus sueños fueran siempre hermosos. En la distancia amamos paisajes, mares, ciudades, noches, estrellas. En la distancia podemos amar también siempre al único ser con el que soñamos, al único ser que en su máxima expresión queremos y amamos.

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10

03 2010

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  1. Toni #
    1

    A veces la distancia es un obstáculo emocional que levantamos nosotros mismos como medida de autodefensa, y no una realidad física tangible. El amor debería derribar todas las barreras y salvar todas las distancias, pero lo tiene algo más complicado si de vencer nuestros propios demonios se trata. No debería ser así, pero la realidad es tozuda y algunos lo somos incluso aún más. Aunque tal vez no nos conduzca a nada. Aunque sólo nos cause tristeza.

  2. Marian #
    2

    Amar en la distancia puede ser precioso si te sabes correspondido. Puedes inventar mil maneras de alimentar y mantener este sentimiento. La distancia que duele no es la física, es la que se instala en el corazón y hace imposible todo entendimiento. Enhorabuena por este maravilloso artículo!

  3. postulante a hada #
    3

    A veces, incluso es la única forma en la que podemos amar…