Archivo de marzo, 2010

Cuando soñamos

No siempre solemos recordar los sueños que hemos tenido a lo largo de la noche cuando despertamos, excepto si hemos tenido quizás alguna pesadilla. Es posible que, en cambio, hayamos tenido un sueño maravilloso y no nos acordemos en ningún sentido de él. Un sueño maravilloso puede ser el de haber sentido que en ese momento estábamos con la persona amada, o que nos encontrábamos de viaje en una de esas ciudades que tanto admiramos, o que teníamos un trabajo que nos gustaba y por el que además incluso nos daban un muy buen sueldo. Sé que hay una explicación científica, suficientemente contrastada, para argumentar por qué nos acordamos de unos determinados sueños y de otros no. Así, por ejemplo, si a lo largo de la noche nos hemos despertado en varias ocasiones, es muy posible que sí acabemos recordando incluso más de un sueño. Una vez ya levantados, solemos entrar siempre en otra fase, que es la de soñar despiertos, por ejemplo, que alguna vez podremos estar con la persona amada, o que viajaremos a una de esas ciudades que tanto admiramos, o que tendremos un trabajo que nos gustará y por el que además incluso nos darán un muy buen sueldo, lo que seguramente quiere decir que dormidos o despiertos, nuestros sueños suelen ser siempre poco más o menos los mismos, quizás con algunas pequeñas variantes o añadidos, por el hecho mismo de que cada uno de nosotros imagina otras posibles vidas futuras que no tienen por qué coincidir necesariamente con las que imaginan incluso las personas que puedan ser o estar más cercanas a nosotros. Además, hay personas que sueñan con el ‘cuponazo’ de la ONCE, mientras que hay otras que sueñan con el ‘pleno al 15’ de las quinielas o con la lotería primitiva, o incluso con alguna posible herencia, a ser posible que no sea de forma compartida. Aun así, es cierto que existen también sueños colectivos, sobre todo en los países en donde no hay libertad o en donde hay una gran carencia de recursos, sueños de justicia, de democracia, de solidaridad. Incluso en los países más desarrollados hay también siempre sueños compartidos, de una efectiva igualdad, de una mayor concienciación por lo que respecta al medio ambiente o de apoyo a las personas más desprotegidas y necesitadas. Y algunas veces, con la ayuda de todos, estos sueños concretos también se cumplen, y son quizás por ello los más hermosos.

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03 2010

La fianza más alta jamás pagada

Hay en ocasiones medidas cautelares que, en cierta forma, parecen ya casi una condena definitiva, y lo cierto es que los tres millones de euros que deberá pagar Jaume Matas para eludir la cárcel parecen destinados a provocar ese efecto, más allá de lo que puedan decidir finalmente los tribunales cuando tenga lugar el juicio previsto. A mí, personalmente, esos tres millones de euros de fianza me parecen una cantidad realmente excesiva, con independencia de la gravedad -que creo que nadie niega- de los presuntos delitos que se imputan al ex presidente autonómico. Siempre he entendido y siempre defenderé que todos podamos expresar libremente nuestras opiniones críticas, por muy duras que en ocasiones puedan ser, hacia algo o hacia alguien. Esa es, por fortuna, la esencia de la democracia, junto con las garantías constitucionales que tienen el objetivo de intentar protegernos de cualquier posible injusticia o arbitrariedad. Pero, por otra parte, normalmente suelo tener la impresión de que hay casi siempre algo teatral en las airadas reacciones de los partidos cuando se piden explicaciones al adversario político, en el caso que ahora nos ocupa por presunta corrupción. Dichas reacciones suelen parecerme, en general, casi siempre condicionadas o marcadas no por la búsqueda de la verdad o por la mejora y la profundización de la democracia, sino, esencialmente, por el calendario político más inmediato, por si hay o no pronto nuevas elecciones, por si el partido ahora afectado por un problema puede ser o no un posible aliado después de esos comicios, o para intentar desviar la atención sobre posibles conflictos internos del partido o partidos que tan aparatosamente parecen rasgarse ahora las vestiduras. La lucha por el poder en España, mucho más que en otros países de nuestro entorno, se ha vuelto absolutamente brutal y despiadada, pues aquí parece que todo vale y que se hace casi lo que sea -lo que sea- bien para mantener el poder o bien para lograrlo, y una vez que ha habido elecciones, si se ha producido un cambio político, toda esa tensión y esa crispación diaria vuelven a empezar de nuevo, sólo que en sentido contrario. Y así, día tras día, mes tras mes, año tras año. Cada vez me siento más y más distanciado de la actividad política, algo que no me había sucedido nunca antes. En ocasiones, cambio de canal ya sólo con ver aparecer al portavoz o a la portavoz de un partido, porque sé que lo único que van a hacer a continuación es intentar machacar sin piedad al partido rival. Lo siento. Estoy cansado de esta manera de hacer política. Muy cansado. Y a veces me pregunto si los portavoces o gran parte de los cuadros dirigentes de cada partido son conscientes de la situación casi desesperada en la que viven o se encuentran millones de personas en nuestro país, porque cada vez lo empiezo a dudar más seriamente. Considero imprescindible que el PP balear haga ahora acto de contrición y propósito de enmienda, para intentar que no vuelvan a repetirse nunca más actuaciones presuntamente irregulares como las que tuvieron lugar la pasada legislatura, que en algunos casos considero de una extrema gravedad, incluso aunque por ahora sea sólo a nivel político y no aún judicial. Pero ese acto de contrición y ese propósito de enmienda deberíamos de hacerlo quizás todos, en otro sentido, en el de ser más exigentes con nuestros representantes políticos y también con nosotros mismos, para no tener que volver a leer nunca más en ningún titular que un ex ministro y ex presidente autonómico tendrá que abonar la fianza más alta jamás pagada.

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03 2010

Luces de neón

Suele decirse que de noche todos los gatos son pardos, y, de alguna forma, podríamos decir que de noche -y vistas desde una cierta distancia- todas las ciudades nos parecen en cierto modo iguales, con sus miles de lucecitas iluminando tímidamente la mayor parte de lugares y de espacios. Si no fuera por algún monumento concreto, que nos recuerda que estamos en tal o cual ciudad, en ocasiones resultaría muy difícil saber qué ciudad estamos contemplando si no lo supiéramos antes previamente. Desde una cierta distancia, por ejemplo desde una colina o desde un bosque próximos, resulta también muy difícil poder distinguir entre las barriadas más antiguas o las más modernas, aunque intuimos que los cascos históricos suelen encontrarse casi siempre en el centro. Sí suelen distinguirse en cambio con mayor nitidez las avenidas centrales y las vías de circunvalación, y yo creo que casi intuitivamente solemos preguntarnos siempre a dónde deben de ir los vehículos que vemos circulando en esos momentos, como también solemos preguntarnos qué deben de estar haciendo las personas que intuimos que en esos instantes se encuentran en las viviendas o en los locales de esa misma ciudad. Entre las miles de lucecitas nocturnas que podemos divisar, se encuentran también las luces de neón, aunque sólo las podamos distinguir cuando nos encontramos muy, muy cerca de ellas, a tan sólo unos pocos metros. Me gustan ese tipo de luces, que en ciudades como París o Nueva York parecen decirnos que incluso una humilde hamburguesería o un pequeño café apartado del centro tienen mucha historia que poder contar y muchas cosas que poder decirnos, por ejemplo de artistas bohemios que solían frecuentarlos a mediados del pasado siglo, o de poetas y de escritores románticos que padecían insomnio y que encontraban refugio por la noche en esos o en otros locales, o de anónimas parejas enamoradas que encontraban en una mesita iluminada con una vela un pequeño espacio de intimidad. En todas las ciudades hay cafés y restaurantes con fotografías de personas celebres que cenaron o almorzaron en ellos. Son fotografías que siempre llaman nuestra atención y que normalmente nos gusta mirar, porque reflejan muchas veces mejor que cualquier otra cosa el paso de la vida y del tiempo. Todo cambia, el mundo evoluciona, y a veces tenemos la sensación de que ya nada es igual a como era quizás ayer mismo, pero siempre habrá artistas bohemios, o escritores románticos, o enamorados soñadores, que busquen un poco de descanso, o de inspiración, o de calor, en el interior de un pequeño café solitario y tranquilo iluminado con luces de neón.

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03 2010

Siempre hace buen tiempo

Las tres películas que codirigieron los maestros Stanley Donen y Gene Kelly, Un día en Nueva York, Cantando bajo la lluvia y Siempre hace buen tiempo, creo que pueden ser consideradas como uno de los mejores antídotos que existen contra la tristeza, aun teniendo todas ellas, y en especial la última, un innegable trasfondo de nostalgia y de melancolía. Hay algo en estas tres películas que nos hace sentir mucho mejor mientras las vemos e incluso mucho tiempo después de haberlas contemplado, porque está siempre presente en ellas, en diversos grados y de diferentes formas, la alegría de vivir, una alegría que hace que intentemos encontrar siempre lo bueno que nos puede ofrecer la vida cada día, en cada jornada, en muchos momentos e instantes. Los filmes musicales y las comedias románticas suelen ser los dos géneros en donde mayor suele ser la presencia del optimismo, de la ilusión, de la esperanza, aunque  a veces haya problemas, o discusiones de pareja o con los jefes -no sabría decir cuáles pueden llegar a ser peores-, o diversos avatares y complicaciones, pero al final todo parece arreglarse siempre bailando y cantando un poco y, por supuesto, con la presencia del amor, o, al menos, de los mejores sentimientos, y en especial de la amistad. Quizás, como he dicho, la más melancólica de las tres películas citadas sea Siempre hace buen tiempo, porque nos habla del paso del tiempo, y de cómo ello va afectando poco a poco a nuestras vidas, porque aunque es cierto que en cierto modo somos siempre los mismos por muchos años que pasen, en cierta forma no lo somos, porque las circunstancias o las vivencias que van formando parte de nuestras respectivas existencias van perfilando también poco a poco nuestra alma, y quizás con el tiempo vamos perdiendo algo de ímpetu o de escepticismo y ganando tal vez un poco de serenidad o de comprensión, o viceversa, y así ocurriría también más o menos igual con otros rasgos que podrían ser más o menos constitutivos de nuestro carácter. Aun así, Gene Kelly y Cyd Charisse, Dan Dailey y Michael Kidd, y por supuesto el gran Stanley Donen, parecen decirnos de uno u otro modo a lo largo de toda la película, ya sea hablando, cantando o bailando, que de día o de noche, en invierno o en verano, llueva o haga sol, si en el fondo de nuestro corazón hay ilusión y esperanza, y melancolía y amor, al menos en ese corazón, ocurra lo que ocurra, siempre hace buen tiempo.

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03 2010

Los inquisidores de Jaume Matas

Dentro de unos meses habrá un juicio sobre el “caso Palma Arena”, tras el cual podremos saber con certeza si finalmente Jaume Matas cometió algún delito o no, y en caso de que así fuera, qué pena le correspondería por ello. Es cierto que en estos momentos existen ya indicios o sospechas razonables de que al menos algunas cosas no se hicieron bien desde el punto de vista legal, mientras que desde el punto de vista político creo que habría unanimidad en reconocer que hubo cosas que se hicieron definitivamente mal o muy mal. Por ello, son más que comprensibles la decepción y el enfado de una gran parte de la ciudadanía, y en especial de aquellas personas que votaron al menos en alguna ocasión una lista encabezada por Matas y que depositaron su confianza en él, confianza que sin duda se ha visto defraudada o incluso traicionada, aunque sea sólo en el plano político y ético, más allá de una futura resolución judicial. En alguna ocasión he comentado ya que, con independencia de las responsabilidades penales que puedan existir finalmente en los distintos casos de presunta corrupción que se están investigando ahora, si se ha llegado a una situación en la que vemos a ex presidentes de partidos políticos declarando como imputados, es porque desde otros ámbitos que no son el estrictamente político se ha fallado cuando menos en algo, aunque sólo sea por omisión, pues creo que ninguno de nosotros tiene ninguna duda de que cuando alguien hace un trabajo sabe que debería de presentar siempre una factura por dicho trabajo o que cuando alguien pide una subvención sabe que debe de cumplir unos requisitos legales para ser acreedor a la misma. Siempre suele decirse que las hemerotecas son terribles, pero no para los demás, sino sobre todo para los propios periodistas. Algunos de los más terribles inquisidores actuales en los medios contra Jaume Matas son los mismos que hasta hace sólo tres años al hablar de él parecía que pedían poco menos que su canonización aún en vida, de tan perfecto que parecía ser para dichos periodistas. Y Matas no sería, además, el único político en ser tratado así en estos momentos. Pensemos, por ejemplo, en Miquel Nadal. Cuando se puede pasar con tanta facilidad de un extremo a otro a la hora de emitir un juicio o de hacer una valoración, uno acaba pensando inevitablemente en que quien se pronuncia normalmente con visceralidad, ni tenía razón antes ni la tiene tampoco ahora, más allá de que desde hace un tiempo conozcamos datos del ex presidente balear o del ex consejero de Turisme que entonces desconocíamos. La mesura y la ecuanimidad suelen ser siempre muy buenas compañeras, tanto cuando las cosas parecen ser de una forma como cuando parecen ser de otra incluso radicalmente contraria. He votado en distintas ocasiones al PP, pero nunca voté a Jaume Matas, quizás en aquel momento no tanto por él como por algunas de las personas que formaban parte de su lista, como por ejemplo José María Rodríguez, que como es sabido fue además secretario general del PP balear con Matas como presidente. Como ciudadano de esta Comunitat me siento profundamente decepcionado por lo que estamos conociendo ahora, tanto del “caso Palma Arena” como de otros casos de presunta corrupción, pero quiera Dios que a lo largo de mi vida, ya sea como periodista o no, yo nunca acabe formando parte, en ningún sentido, de la Santa Inquisición.

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03 2010

Conjuros de amor

Desde ayer poseo un pequeño librito que podría llegar a ser la solución a -casi- todos mis males afectivos o a -casi- todos los males afectivos de algunas de las personas que tan amablemente leen esta columna. Se llama Conjuros de amor. Magia ritual para gente enamorada (Editorial Océano), y su autora es Omaira Beltrán. En este libro hay más de 70 hechizos mágicos “para despertar el amor en la persona amada”, así que en principio parece razonable pensar que, con un poco de suerte, podemos llegar a encontrar al menos uno o dos tipos de hechizo con los que podríamos llegar a conseguir el afecto que con tanto afán e ilusión estamos buscando. En la introducción se nos dice que “el amor no es un asunto fácil”, y sin duda no lo es, o no, al menos, para las personas que hemos decidido comprar este pequeño volumen, muy completo, por cierto, pues antes de pasar a hablar directamente de los diferentes tipos de hechizos que existen, nos da consejos para iniciarnos en el mundo de la magia, o nos explica la importancia de las distintas fases lunares o de utilizar correctamente las diferentes plantas y esencias, siempre en la cantidad exacta, por supuesto, pues se nos dice que “nunca se debe hacer a ojo”. Más adelante, se nos recuerda que un elemento esencial en la práctica de los rituales que se nos explicarán a continuación son las velas, pues sin ellas parece claro que cualquier posible hechizo que podamos intentar hacer se encontraría casi inevitablemente condenado al fracaso. Otros elementos muy importantes en estos casos suelen ser los cordones, las cintas, las telas o los pañuelos, generalmente de color rojo, además de distintos tipos de alimentos -incluidos por supuesto los dientes de ajo o distintos tipos de aceites-, así como lápices de cera, pequeños imanes, alguna fotografía de la persona amada y también trozos de papel, normalmente de color blanco. Finalmente, en el libro se nos describen los distintos tipos de hechizos que hay o existen en estos casos, en concreto, para capturar un amor, para conservarlo, para ser irresistible, para atraer las buenas energías o de sexo y pasión. Omaira Beltrán nos da también, además, un consejo muy importante si hemos decidido invitar finalmente a cenar a casa a la persona amada: “No compres comida hecha, cocina tú, aunque sea un plato sencillo, y agrégale mucho amor”. Este sería quizás el único punto con el que uno no acabaría de estar del todo de acuerdo con la autora, pues me temo que en mi caso ni siquiera el mejor de los hechizos previos podría ayudar a enamorar a alguien que probase una comida hecha por mí… En estos casos, creo que siempre suele ser mucho mejor ir a cenar a un restaurante, en el que, no haría falta decirlo, debe de haber también velas, claro. Si finalmente tuviera éxito con alguno de los hechizos que pueda llegar a preparar, ya se lo haría saber a todos ustedes de inmediato, aunque creo que para el primer ritual esperaré a que sea luna llena, que era siempre el momento en que duendes, hadas y hechiceras se reunían, como nos recuerda muy bien Omaira, para conseguir con todo tipo de hechizos y sortilegios despertar la pasión del ser que amaban.

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03 2010

Poco antes de salir el sol

En la madrugada, poco antes de salir el sol, hay siempre unos instantes en que la ciudad parece más tranquila, como si ella hubiera también descansado como nosotros. Y se despierta entonces luminosa y llena de luz, excepto en los casos en que algunas inesperadas o quizás persistentes nubes se lo impiden. Luego, poco a poco, el sol se va asomando por las ventanas de los edificios más altos, y más tarde ya por casi toda la ciudad. Los cafés y los bares han abierto a esas horas ya sus puertas, y en ellos se congregan personas de casi cualquier edad y condición, normalmente para un primer café antes de irse a trabajar, o en algunos casos para un último café -descafeinado de sobre o de máquina- antes de irse a dormir, para quienes han trabajado -o han salido- de noche. Y mientras esos cafés se están preparando, junto con alguna ensaimada, algún donut o algún cruasán, se suele hablar casi siempre de política y de fútbol, de fútbol y de política, pues hay cosas que por muchos años que pasen y por muchas cosas que cambien casi nunca cambian en nuestro país. Fuera de los bares y de los cafés, la ciudad sigue amaneciendo en otros lugares, en otros espacios, en los jardines, en los parques, en la mayor partes de casas y de viviendas, en las fincas que hay en los campos. Las personas que momentáneamente se encuentran enfermas o que no están bien, ven siempre con una renacida esperanza la llegada de un nuevo día, pues es como si hubieran superado en ocasiones un gran reto, quizás el mayor que puedan tener en esos difíciles momentos de convalecencia. En cada nuevo día que nace, hay siempre una promesa, o seguramente dos quizás, la de que las cosas nos pueden ir bien y la de que la vida nos puede dar otra oportunidad, para ser mejores, para valorar lo que tenemos, para amar -si fuera el caso-, para intentar aprender, para sentir en nosotros mismos la fuerza y el milagro que significa siempre el hecho mismo de vivir. Cada día, cada mañana, cada amanecer, poco antes de salir el sol, nos invita a hacer acto de contrición y propósito de enmienda, por los posibles errores pasados y para intentar evitar tal vez otros futuros, y nos invita también -y sobre todo- a dar gracias a Dios por el milagro de la vida.

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03 2010

Los abucheos a Jaume Matas

Si hay algo que me cansa es hablar de política, porque siempre he pensado que es una cuestión muy compleja sobre la que, normalmente, aún seguimos siendo muy viscerales a la hora de opinar, y en donde además casi todo suele querer reducirse siempre al blanco o al negro, sin puntos intermedios, para intentar avasallar con supuestos datos objetivos e irrebatibles a quien no piensa como nosotros, cuando casi todos sabemos que casi cualquier dato se presta siempre a interpretaciones diferentes y, por tanto, rebatibles, o, al menos, capaces de suscitar interesantes debates. Por ello, cuando un simpatizante, un afiliado o un dirigente del partido ‘A’ es capaz de reconocer que el partido ‘B’ ha hecho algo bien, o viceversa, siempre dejo de inmediato todo lo que estoy haciendo, para salir corriendo a la terraza e intentar escuchar cómo repican las campanas de la Seu. Hace poco leí un editorial que me gustó mucho en IBdigital que llevaba por título ‘Matas (encara) és innocent’, y que concluía diciendo “i no hauríem d’oblidar-ho”. Pero parece ser que en estos momentos hay muchas personas que parecen haberlo olvidado, y no me estoy refiriendo, por supuesto, a las personas que ayer acudieron a los Juzgados y que abuchearon al ex presidente autonómico Jaume Matas a su llegada a los mismos. Personalmente, suelo ser más partidario de acudir a concentraciones o a manifestaciones silenciosas cuando deseo expresar claramente mi rechazo a la guerra, al terrorismo, a la violencia de género o a la corrupción, pero respeto y respetaré siempre a las personas que desean expresar su malestar o su indignación de otro modo, con la única salvedad de que no haya ningún tipo de violencia en esa queja. La mayoría de personas de este país no saben, gracias a Dios, qué es vivir en una dictadura, pero las personas de mi generación y de otras anteriores sí lo sabemos -yo viví en una hasta los doce años de edad-, y creo que eso inmuniza siempre de muchísimas cosas, entre ellas de la intolerancia y de la falta de respeto en su sentido más amplio, pero sobre todo nos hace creer, como decía Don Quijote a Sancho en la inmortal obra de Miguel de Cervantes, que la libertad “es uno de los más preciosos dones” que a los seres humanos “dieron los cielos”, pues “con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre”. Seguramente, hoy habrá nuevos abucheos y los habrá también mañana o en otras comparecencias de otras personas imputadas. Lo que seguramente debería de llamar ahora más nuestra atención no es que esos abucheos se den, sino cómo se ha podido llegar a una situación en la que hay tantas personas imputadas de UM o del PP en causas judiciales, incluyendo ex presidentes en ambos partidos. Sin duda, muchas cosas fallaron o no se hicieron bien en la actividad política de nuestra Comunidad para haber llegado hasta aquí, incluido el hecho de que la mayor parte de medios miramos durante años casi siempre hacia otro lado, preocupados casi sólo esencialmente en lograr exclusivas y subvenciones, pero incluso ahora no habría que olvidar nunca que ningún partido es por definición corrupto, como interesadamente se nos quiere hacer creer desde ciertos sectores de opinión, pues son sólo las personas las que pueden ser corruptas o no, como también creo que tampoco habría que olvidar que Matas, a día de hoy, aún es inocente. Quienes le dan ya por culpable y extienden esa supuesta culpabilidad a casi todo el PP, no tienen, desde luego, el mismo concepto que tengo yo de la presunción de inocencia, esencial en cualquier sociedad democrática, pero a unos y a otros, y también a Matas, nos ampara, por fortuna, la misma libertad, acaso el más precioso -y el más frágil- de todos los dones.

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03 2010

La vocecita interior

Cada vez que tenemos que tomar alguna decisión difícil en nuestra vida, suele haber siempre una vocecita interior que nos dice si lo que vamos a hacer está bien o no lo está, y cuanto más difícil es o nos parece esa decisión, más suele hablarnos esa vocecita interior para hacernos saber su parecer o su criterio. Esa vocecita interior nos suele decir, por ejemplo, si considera que tendríamos que seguir estudiando o no, o si deberíamos de aceptar un nuevo trabajo o abandonar el que ya teníamos, o si puede ser o no conveniente endeudarnos para poder comprar una casa. Esa vocecita nos aconseja también en asuntos aparentemente menores, relacionados con nuestra ropa, nuestras aficiones o con la decoración de nuestro piso, pero en donde más se hace oír es quizás en el asunto personal sin duda más esencial de todos, es decir, en todo aquello que tiene que ver con los sentimientos. La vocecita interior nos dice si cree que hacemos bien queriendo salir con tal o cual persona, o si estamos realmente enamorados o no, o incluso si deberíamos o no casarnos, a veces insistiendo incluso hasta sólo unos pocos segundos antes de llegar hasta el altar o hasta el Juzgado. Esa vocecita es la voz de la conciencia, y entre sus múltiples dones yo creo que se encuentra el de la intuición. Por ello, normalmente, siempre que hacemos caso a esa vocecita nos va bien, mientras que cuando no la escuchamos o no al menos como debiéramos nos suele ir regular, mal o muy mal. La pregunta que seguramente deberíamos de hacernos todos entonces es la siguiente, si esto es realmente así, ¿por qué no la escuchamos siempre? Es posible que, al menos en parte, ello sea debido a que como seres humanos somos siempre muy complejos y en ocasiones hasta contradictorios, lo que en ocasiones impide que optemos siempre por la decisión que en conciencia nos parecería como más racional y conveniente. Y, por otra parte, también es cierto que todos disponemos, además, de la libertad de intentar acertar o de poder equivocarnos. A diferencia de nuestra familia o de nuestras amistades, que siempre suelen recriminarnos cuando hemos hecho algo mal, nuestra vocecita interior nunca se ensaña con nosotros ni tampoco nos dice frases casi inevitables en estos casos como “¿te lo dije o no te lo dije?”. Nuestra vocecita interior suele permanecer en silencio en esos instantes, y tan sólo suele mover su pequeña cabecita de izquierda a derecha, o de derecha a izquierda, como queriendo decir con su silencio, “ay, me parece que este chico -o esta chica- no tiene remedio, también es mala suerte, pero qué le vamos a hacer”. Como la vocecita interior nunca se rinde, cuando tengamos que tomar más adelante otra decisión difícil, ahí estará de nuevo, en primera línea, dándonos su parecer o su opinión. Personalmente, a mí siempre me fue muy bien cada vez que escuché a esa vocecita interior, pero, por desgracia, ay, no le hice caso siempre.

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03 2010

La melancolía del corazón

Si miramos en el diccionario cuál es la definición de melancolía, veremos que nos dice que es una “tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada”, y aun pareciéndome una muy buena definición, siempre he pensado que la última parte de la misma debería de ser quizás algo matizada, porque en no pocas ocasiones creo que en la melancolía puede darse y se da también un sentimiento de felicidad o de alegría, igualmente “vaga, profunda, sosegada y permanente”. Si pensásemos ahora en algunas de las comedias románticas que más nos han gustado de la historia del cine, seguramente recordaríamos muchos títulos en que, de alguna manera, está la melancolía claramente presente, en donde conviven, casi en perfecta armonía, la esperanza y la ilusión con la nostalgia y la tristeza. Aun así, es cierto que la melancolía se encuentra -sobre todo- en la lluvia, en una tarde de invierno junto a una chimenea o sentados en un café, en la nieve, en un paisaje otoñal, en un corazón solitario que desearía amar y al mismo tiempo ser también amado, en una calle o en una playa desierta al caer la tarde, en una inesperada ráfaga de viento que hace temblar las pequeñas lucecitas instaladas en el exterior de una carpa o de un jardín, en un tren que pasa rápidamente ante nuestros ojos, o en un barco o en un avión que parten en mitad de la noche. La melancolía se encuentra en el tiempo que pasa, y se escapa, y ya nunca vuelve, en nuestros recuerdos de infancia y de juventud, en un poema, en un libro, en una película, en una canción, sobre todo si es una balada o un bolero. Pero la melancolía, una melancolía dichosa, se encuentra también en un patio escolar a la hora del recreo, o en las manitas de un bebé que agarran fuertemente nuestro dedo corazón, o en los días de sol en primavera en Praga, en París o en Venecia, en un gorrión que se posa feliz en un árbol, en toda la vida que a veces tenemos y sentimos ante nosotros, o en los instantes en que nos estamos enamorando, en que está naciendo entre dos personas, de forma siempre misteriosa y mágica, el afecto y el amor. La melancolía se encuentra también en nuestros mejores sueños, en alguna de nuestras ilusiones o de nuestros proyectos vitales más ansiados y profundos. Todas esas melancolías y muchas otras más, tanto aquellas en las que predomina la tristeza como aquellas otras en las que predomina sobre todo la alegría, pueden coincidir e incluso convivir casi perfectamente en cada uno de nosotros, y cuando lo hacen, lo hacen gracias a que se encuentran siempre en algún lugar -siempre el más cálido y acogedor- de nuestro corazón.

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03 2010