Una luz en la noche

Cuando paseamos de noche o de madrugada por nuestra ciudad o por cualquier otra ciudad, o cuando a esas mismas horas del día viajamos en un tren o a bordo de un vehículo, casi siempre suele llamar nuestra atención el hecho de ver una o varias luces encendidas en un edificio de viviendas o de oficinas, o en el porche de una pequeña finca solitaria ubicada en medio de la montaña o de una gran llanura. Gracias a esa luz o a esas luces, sabemos que, al menos en ese preciso instante, hay alguien que vive o trabaja en ese lugar, algo que nunca es posible saber con certeza cuando contemplamos esos mismos espacios a plena luz del día. El siguiente paso tras haber podido constatar que quizás no estamos tan solos como algunas veces tal vez sentimos, suele ser imaginarnos quién o quiénes pueden estar viviendo en ese edificio o en esa finca, y cómo deben de ser también sus vidas, sobre todo en el caso de las casas que se encuentran aisladas o muy separadas de las más próximas. A veces, desearíamos dejar de caminar un momento o que el tren o el vehículo en el que viajamos se parasen un instante, para poder acercarnos hasta esa finca que tan misteriosa se nos aparece entonces y descubrir si efectivamente guarda en su interior algún recóndito y fascinante secreto. “Buenas noches, perdone que le moleste, es que, no sé muy bien por qué, su casa me llamó la atención, y quería conocer a las personas que vivían en ella y saber, si fuera posible, un poco, aunque sólo fuera un poco, de sus vidas”. Este podría ser quizás un buen modo de presentarnos, aunque, seguramente, la persona que nos abriera la puerta muy posiblemente no pensaría lo mismo, e incluso es posible que dudase muy seriamente de nuestras nobles intenciones de conocimiento e incluso de la idoneidad de nuestro estado físico o psíquico en ese momento. Así que, por regla general, en estos casos casi siempre solemos quedarnos con la duda de lo que podría haber pasado, y mientras seguimos paseando y disfrutando de las fragancias de la noche y del canto de los grillos, o disfrutando del paisaje, nos alegramos de haber podido descubrir una luz en la noche, de saber que quizás no estamos tan solos como tal vez a veces pensamos o sentimos.

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08

02 2010

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  1. Paseante #
    1

    cierto, a veces apabulla pensar en cuántas vidas diferentes a la nuestra hay por ahi, vidas que ni nos llegarán a rozar o de las que ni si quiera llegaremos a saber nada jamás.