Nunca hasta hoy

Nunca hasta hoy había aparecido el nombre de Maria Antònia Munar en ninguno de los más de dos mil artículos que había publicado hasta ahora, nunca, hasta hoy, en ningún artículo. Era mi personal y voluntaria manera de intentar contrarrestar, por mi manera irrenunciable de entender el periodismo, los cientos y cientos de artículos, editoriales e informaciones absolutamente laudatorias y acríticas -iba a decir falsas, pero esto quizás sería decir demasiado- que he leído durante tres décadas sobre su persona o sobre su manera de hacer política, que en algunos momentos ha sido casi inseparable de la manera de hacer política de buena parte de Unió Mallorquina, que, digámoslo claro, era un modo de actuar basado esencialmente en el clientelismo, y no en unos principios políticos o en una ideología nacionalista, como falsamente se nos quería hacer creer. Y ese clientelismo llegaba a -y asfixiaba- todos los ámbitos de nuestra sociedad, sin dejar ni uno solo libre, incluidos los medios de comunicación. De hecho, los pocos medios que parecían oponerse a Maria Antònia Munar no lo hacían, al menos en un principio, para denunciar ese clientelismo, sino, al contrario, porque ellos no formaban parte del mismo ni recibían dinero de las instituciones en las que estaba presente Unió Mallorquina. Siempre deseé que pudiera llegar un día como el de ayer, pero casi siempre creí que sería prácticamente imposible. ¡Cuántas “lecciones” de periodismo recibí durante estos años por defender a Catalina Cirer o a Aina Calvo! ¡Cuántos periodistas sin escrúpulos ni principios las destrozaron, las humillaron, las menospreciaron, sólo porque sabían que tenían vía libre para poder hacerlo, y se ensañaron además brutalmente con ellas, mientras que esos mismos periodistas defendieron, ensalzaron y alabaron continuamente y sin medida a Miquel Nadal o a Maria Antònia Munar, sabiendo que en el fondo estaban mintiendo, y que, por tanto, estaban haciendo lo peor y más execrable que puede llegar a hacer un periodista, que es intentar engañar a la ciudadanía! Desde hacía ya muchos años se comparaba de forma metafórica a Mallorca con Marbella o con Sicilia, lo que quiere decir que el clientelismo había arraigado ya de tal manera en nuestra sociedad, que parecía haberlo podrido ya todo, pero, afortunadamente, ahora vemos que no ha sido así, o al menos no del todo. Si, presuntamente, determinadas personas que deberían de haber sido un referente ético y moral para todos los ciudadanos y ciudadanas actuaron de forma contraria a la ley, es porque sabían que hicieran lo que hicieran serían siempre defendidas, hicieran lo que hicieran, gracias a esa perversa red de clientelismo, que aparece siempre en todos los lugares en donde hay un partido “bisagra” o en donde un mismo partido ostenta siempre el poder. Sólo en los poquísimos casos en que, por una serie de conjunciones afortunadas, los promotores del clientelismo acaban declarando un día en los Juzgados y finalmente confesando, dejan de tener la protección de quienes hasta casi justo sólo un día antes aún les apoyaban o defendían. La verdad es que es casi como un milagro lo que ha sucedido ahora, porque hay que ser muy valiente -o muy loco- para oponerse al clientelismo, para rechazarlo, para denunciarlo, pues ello supone, paradójicamente, ser casi como un apestado en nuestra muy respetabilísima sociedad mallorquina o arriesgarse a quedarse tal vez sin trabajo y a no poder encontrar quizás ya ninguno. Gracias a unas pocas personas valientes y honestas, en diversos ámbitos, como el del periodismo o el de la Justicia, ha sido esta vez posible poder mostrar la vertiente delictiva de ese clientelismo, en estos momentos aún presuntamente. Sin embargo, por desgracia, cuando una red clientelar es eliminada, siempre aparece de inmediato otra, e incluso, lo que es aún mucho peor, en ocasiones conviven varias en el seno de un mismo partido, por lo que aunque una pueda caer en un determinado momento, como ha ocurrido ahora, otra redes clientelares siguen en perfecto estado de salud y actuando en otros marcos o instituciones. Por todo ello, todo lo que hemos vivido en estos años, o bien sigue aún por otras vías, o bien se volverá a repetir, sin ninguna duda, sólo que con otros protagonistas o con los mismos protagonistas de siempre que vivieron durante un tiempo en el ostracismo y que ahora vuelven a estar en primera línea de la actividad política. De hecho, ya está a punto de aparecer una nueva, o renovada, según se mire, red de clientelismo, que se hará presente a través de una moción de censura y cuyo objetivo está ya muy claro: es el Ajuntament de Palma. Todos sabemos lo que está a punto de pasar de nuevo en el consistorio palmesano, es la crónica de una muerte anunciada, la de la transparencia y la honestidad a manos de la mentira y la corrupción, pero como ocurría en la magistral novela de Gabriel García Márquez, no parece que haya nadie dispuesto a arriesgarse y a intentar evitar dicha muerte. Durante estos últimos años siempre pensé que había habido, realmente, un cierto ensañamiento contra el Partido Popular, más allá de los casos de corrupción o de presunta corrupción que les han afectado, y siempre estuve absolutamente seguro de que la práctica totalidad de sus dirigentes, cargos y militantes no sospechaban ni sabían lo que algunos compañeros de partido habían hecho. Esa convicción se ha mantenido y se mantiene inalterable aún, y la he defendido y la defenderé siempre, cuando sea y donde haga falta. Pero si el PP permite ahora que haya una moción de censura en el Ajuntament de Palma en las condiciones en que va a hacerse y promovida por quien la ha impulsado -pese a la oposición clara de su propio partido-, el señor José María Rodríguez y sus seguidores, la formación popular no podrá alegar en un futuro que no sabía que se iban a producir todas las corruptelas que, si dicha moción se produce, volverán a formar parte de la vida diaria de Cort por primera vez desde 2003. Cada persona que no se oponga ahora de forma clara e inequívoca a José María Rodríguez, será responsable, al menos por omisión, de todo lo que vaya a pasar en el consistorio palmesano a partir del momento en que Rodríguez vuelva a ser el amo y señor de Cort. Nadie podrá alegar que era el presidente de la Junta Territorial de Palma y que había que obedecerle. Primero, porque también en política existe la objeción de conciencia, y, segundo, porque que alguien haya sido elegido presidente a través de unas elecciones no garantiza en absoluto ni que sea un demócrata ni que actúe en favor de los principios democráticos. Bastaría con pensar ahora en la historia europea del siglo XX, más en concreto entre 1917 y 1933, y seguro que a todos se nos ocurrirían, como mínimo, tres o cuatro nombres. Quiero creer que la regeneración en la política aún es posible, y que los buenos -en este caso la práctica totalidad del PP- aún podrán ganar a los malos -en este caso una persona del PP y quienes le apoyan-, y quiero creerlo porque, en cambio, pienso que dicha regeneración parece ser ya, salvo contadísimas excepciones, prácticamente del todo imposible en el campo del periodismo.

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02 2010

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  1. Biel Mallorquí #
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    En esa fenicia sociedad balear pretender anteponer honestidad a negocio creo que es causa perdida de antemano, sea por situación geografica, la que nos situaba como etapa obligada en cualquier aventura marítima del Mediterraneo occidental, sea por un instinto de supervivencia a cualquier precio, la realidad es que somos como banqueros impermeables a cualquier estímulo social. Los perros mil leches son listos y cariñosos por definción, los mil leches de estas islas -y no me refiero a raza canina- ni son listos ni especialmente cariñosos, más bien la suma de mil defectos con alguna que otra virtud.

    Josep, aplaudo su artículo y me uno al luto evidente por esa sociedad que la pongas del derecho o del revés siempre termina dando el aplauso al peor de todos.