Las personas que nos leen

En el fondo, uno nunca sabe bien, cuando está sentado frente al ordenador, cómo será recibida la columna que ha escrito una vez que ha sido publicada ya en el periódico, aunque uno siempre quisiera que pudiera ser del agrado de la mayor parte de personas que finalmente la lean. Otra incógnita, aunque creo que ésta al menos sí puede llegar a ser descifrada en parte, es saber cómo son las personas que nos leen y cuáles serían sus preferencias. En este sentido, en alguna ocasión he comentado ya que me gustaría que las personas que me leyeran fueran un poco como yo, o yo un poco como ellas, aunque casi siempre suela ser un poco difícil llegar a determinar o a saber cómo somos unos y otros en realidad. Aun así, me gustaría que tuviéramos, si fuera posible, varios posibles puntos en común y que los que no lo fueran no impidieran que nos pudiéramos llegar a entender y a respetar siempre. Las personas más fieles a esta sección saben ya cuáles podrían ser algunos de esos posibles puntos de encuentro, como un sentimiento melancólico de la vida, alegre y triste a la vez, o viceversa, o un gran aprecio por las películas y las canciones más contenidamente románticas, y también por las ciudades en las que uno sueña una y otra vez, como París o Venecia. También me gustaría que esas personas amigas no se creyeran todas las cosas que publicamos en los periódicos -ni siquiera la mayor parte-, sobre todo si son de política, ni que se apasionasen tampoco en exceso en el día a día de su vida cotidiana, salvo en todo aquello que tiene que ver con los sentimientos, con la solidaridad con las personas más necesitadas y con los derechos humanos. Y también me gustaría que les agradase pasear y charlar tranquilamente, por ejemplo en un café junto al mar, sobre todo en los días de lluvia suave. Creo que era mi admirado Andrés Trapiello quien decía que uno suele ser siempre mucho más interesante como personaje en un artículo propio que en la realidad, y creo que, al menos en mi caso, eso es completamente cierto, porque me temo que yo soy mucho mejor en blog y papel que no en carne y hueso. Pero, seguramente, esa es también una de las principales razones por las que escribimos, para intentar que la vida, la vida en general, sea de algún modo un poco mejor y algo más dulce, no sólo para nosotros, sino también, y sobre todo, para todas aquellas personas que nos leen.

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02 2010

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  1. Marian #
    1

    Estoy segura de que sí hay puntos en común entre un escritor y sus lectores habituales, aunque sus vidas puedan ser totalmente distintas. En nuestro caso, para nosotros es más fácil encontrar esos puntos pues sabemos algo de tu vida y tus sentimientos a través de tus escritos,te reconocemos al pasar por tu lado en la calle (aunque no nos atrevamos a decirte nada) y tu sin embargo solo puedes intuir qué clase de personas podemos ser los que te seguimos.

  2. Una Admiradora #
    2

    Creo que ahora nos has dado una buena opotunidad para que puedas conocer mejor a los que te leemos,ya que tú,Josep, hace tiempo que formas parte de nuestras vidas.No se si estarás de acuerdo conmigo pero observo que en general nuestro punto en común es:el amor, el desamor, la melancolía, la soledad en compañia……..muchos corazones solitarios unos por decisión propia, algunos por no ser correspondidos, amores prohibidos…..amor, amor, amor se puede escribir mucho sobre el amor, pero creo que más se puede escribr sobre el desamor. Me atrevería a afirmarte que una parte de tus lectores nos podríamos clasificar como “corazones indomables” que nos sentimos reflejados en tus reflexiones,sobre el amor/desamor,en voz alta.