Las cosas que se hicieron mal

Durante ocho años, tuve la suerte y el privilegio de poder cubrir la información municipal del Ajuntament de Palma para este periódico, y entre las cosas buenas que aprendí y constaté durante ese largo periodo de tiempo, quizás la más importante fue que en todos los partidos políticos, sin excepción, hay personas válidas y honestas, dignas de admiración, que realizan una labor que en la inmensa mayoría de los casos no suele ser reconocida como debiera y que, además, suele suponer un enorme sacrificio y un gran desgaste a nivel personal. Siempre he dicho que si tuviera que dar a conocer mi propio equipo de gobierno ideal, en él habría personas de todos los partidos políticos democráticos, sin excluir a ninguno. Por eso, algo se rebela siempre dentro de mí cuando leo o escucho a alguien descalificando de manera global todo lo que se hizo en un mandato o en una legislatura concreta, o cuando se cuestiona a toda la clase política en general o a tal o cual partido de manera también genérica, ya sea el PP o Esquerra Republicana, el PSOE o Unió Mallorquina, Izquierda Unida o Los Verdes, el PSM o UPyD. Y si en estos últimos años hubo cosas que se hicieron mal en distintas instituciones, cosas contrarias a la ley, que sin duda las hubo, quizás ahora sería un buen momento para que todos intentásemos reflexionar un poco sobre las posibles causas de esos hechos y también sobre las circunstancias que concurrieron para que todo ello pudiera ocurrir, con el objetivo de intentar conseguir entre todos que nunca más vuelvan a producirse o que, a lo sumo, sean sólo excepciones escasísimas realmente del todo inevitables. Seguramente, todos podríamos contribuir a esa deseada y necesaria regeneración, los partidos políticos intensificando sus controles internos y también en las instituciones, los ciudadanos siendo más exigentes y participativos cuando se toman determinadas decisiones políticas, y los periodistas intentando que los intereses a que podemos vernos sometidos, sobre todo económicos o partidistas, para intentar conseguir una subvención o una exclusiva, no afecten de tal forma a nuestra labor que acabemos olvidando que nuestra principal misión es intentar informar siempre con rigor y con ecuanimidad, y también con el máximo respeto, siempre, pero quizás ahora, por todas las razones ya citadas, más que nunca.

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06

02 2010

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