Las cosas que echamos de menos

Seguramente, casi en cada momento de nuestras vidas echamos siempre de menos algunas cosas, o incluso tal vez muchas, del mismo modo que podemos llegar a echar también mucho de menos a determinadas personas o a alguien muy concreto. En el primer caso, la lista puede llegar a ser casi interminable en algunos momentos, porque realmente pueden ser muchas las cosas que echemos de menos, mientras que en el segundo caso, cuando pensamos únicamente en aquellas personas especiales que han formado parte de nuestras vidas o que aún forman parte de ellas, la cifra global suele ser sensiblemente inferior, en algunos casos incluso de un solo dígito y por debajo del número dos. Cuando somos jóvenes, quizás no echamos de menos los años de la infancia, pero al llegar a la edad adulta, normalmente añoramos con la misma nostalgia y la misma melancolía los años de la niñez y de la juventud, y también todo el tiempo que intuimos ya para siempre desvanecido, todo el tiempo que sabemos que ya nunca volverá. Solemos echar también de menos o añorar cosas que podíamos hacer años atrás y que ahora, por diversas razones, quizás ya no podemos llevar a cabo, o no al menos como antes, como practicar tal vez ciertos deportes, o seguir un determinado tipo de alimentación, o mantener algunos hábitos y aficiones o una manera muy concreta de vivir. Existen también añoranzas que, en cambio, sabemos que son sólo momentáneas, fruto de una determinada situación, y que por ello más pronto o más tarde dejarán de serlo. Así ocurriría, por ejemplo, en aquellos casos en que nos encontramos enfermos y no podemos salir de casa, que es una circunstancia en la que solemos echar de menos cosas tan sencillas como poder pasear por las calles de nuestra ciudad, o ir al cine o a cenar, o simplemente poder sentarnos una tarde en un café y charlar con una persona amiga. A veces, lo que más echamos de menos es, curiosamente, no poder seguir -aunque sea por muy poco tiempo- con nuestra vida cotidiana. Recordar suele ser también, en la mayor parte de los casos, una manera muy elegante y contenida de hacer valer aquel sentimiento. Y acaso una de las cosas más hermosas que juntamente con las palabras de amor alguien puede decirnos en algún momento de nuestras vidas, a la hora del regreso o del reencuentro, es que nos ha echado mucho -pero mucho, mucho- de menos.

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02 2010

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  1. Una Admiradora #
    1

    Cuanta razón tienes al decir, lo hermoso que es oir “Te he echado nucho de menos”

  2. Yo #
    2

    Sí que es bonito que te echen de menos, sí… enhorabuena por tu blog, J.M.

    Un abrazo!